LA FUENTE DEL ENGAÑO DEL PECADO


LA FUENTE DEL ENGAÑO DEL PECADO

(Hebreos 3:13)

antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado

INTRODUCCIÓN:

 Satanás ha sido mentiroso desde el principio: «es mentiroso y padre de mentira» (Jn. 8:44). La mujer engañada comió (Gn. 3:13). El pecado, su obra, es por lo mismo engañoso para que los hombres caigan fácilmente en él. Observemos:

1. Siempre el hombre es expuesto al engaño.

Los mismos que son astutos en los asuntos temporales caen con facilidad:

a) Debido a su ignorancia. No se preocupan por conocer la voluntad de Dios, y de ello se aprovecha el pecado. Se informan de las leyes humanas, opiniones, etc.; pero no de Dios.

b) Debido a la concupiscencia natural: creemos lo que nos gusta. Así cayó Eva. Con más razón nosotros (Ro. 8:7). Nuestra naturaleza ama el pecado y acepta prontamente sus sugestiones.

c) ¡Y son tantos los engañados! Es fácil creer lo que todos creen. Y por todas partes hallamos estímulo al mal, en los hombres y en las cosas.

2. Lo que no te dicen del pecado:

a) Que producirá bien: que será útil para producir prosperidad, bienestar, satisfacción. Así tentó Satanás a Eva. Así obran muchos (Ro. 3:8). El fruto del pecado es al fin muerte.

b) Que no tendrá castigo alguno: «No moriréis». Los hombres se han empeñado en probar que no hay infierno, y al fin ellos mismos se persuaden.

c) Que es cosa leve: llaman a su pecado «falta» «equivocación», «error», «desliz». ¿Qué tanto mal hizo Eva en comer del fruto? Y tratamos de persuadirnos de que no tienen importancia nuestros pecados.

d) Que es necesario: así se disculpa la mentira, el hurto, la impureza.

e) Que la culpa, si hay culpa, es de los otros. La sociedad, los padres, los amigos, el diablo (anécdota: un bracmán decía al misionero que el diablo era el culpable de nuestros pecados, por ser quien los sugiere).

f) Que habrá lugar de arrepentimiento: y que, sin duda, Dios perdonará.

3. Nuestra conciencia y nuestros argumentos son ineficaces al pecado y su mentira:

a) Endurece el corazón: cada vez menos dispuesto a oír la voz de Dios y a rendirse a su voluntad (ej.: Faraón; el despertador desobedecido).

b) Pervierte el sentido moral: llega el hombre a llamar a lo malo bueno y a lo bueno malo.

c) Forma hábitos ruinosos: la práctica de un pecado influye en la vida.

d) Quita la paz del corazón.

e) Aparta al hombre de Dios: el pecado hizo a Adán ocultarse (Is. 59:2). No quiere pensar en Dios, no lo busca, no lo ama.

f) Perjudica a los que nos rodean.

g) Lleva al infierno: «en vuestros pecados moriréis».

CONCLUSIÓN:

 sólo Dios puede librarnos de tales consecuencias. Para ello necesitamos arrepentirnos, confesarlo, y creer en Cristo; y hacerlo hoy. Que ninguno se endurezca en el engaño del pecado.

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