LA FE
La doctrina de la fe está ampliamente explicada desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Por la fe entendemos fue hecho el universo (He. 11:3), es un arma poderosa (Ef. 6:16), sin ella, es imposible agradar a Dios (He. 11:2), recibir beneficio alguno sea material o espiritual (Mt. 15:28; Stg. 1:6). Dios es quien da la fe y quien también la prueba (1 P. 1:7).
LA VERDADERA FE
Del griego Pistis que significa confianza o una firme persuasión. Este término transmite la idea de algo tangible que garantiza una posesión futura. Las escrituras hablan de la fe de Abraham, éste no titubeó, se fortaleció en fe pues estaba plenamente convencido de que lo que Dios había prometido poderoso era también para cumplirlo (Ro. 4:20-22). Por la fé hoy podemos disfrutar de un milagro o sanidad, en el siglo venidero ya no necesitaremos la fé para estos propósitos pues estaremos disfrutando de salud divina. La fe se basa en pruebas concretas: la creación (Ro. 1:20), el cumplimiento de la Palabra (Ro.
10:17), el ministerio de Jesucristo. Tener fe es tener puesta nuestra confianza en Dios, el apóstol Pablo dice que nuestra fe no descansa en hombre alguno sino en el poder de Dios mismo (1 Co. 2:5). Esto es posible gracias a la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, si no fuese así, vana sería nuestra fe (1 Co.
15:14). Tener fe es tener certeza de lo que se espera. No todos los hombres tienen fe en Dios, unos ponen su fe en hombres, otros dioses, incluso, en sí mismos (2 Ts. 3:2). Otros por el contrario, hemos aprovechado la fe que Dios otorga. Las escrituras dicen que El es el autor y consumador de la fe (He. 12:2). El hecho de que Dios se nos haya revelado produjo una firme convicción personal. El objeto de la fe de Abraham no era la promesa de Dios, su fe reposaba en Dios mismo (Ro. 4:17). El libro de Hebreos menciona el ejemplo de, Abel, Noé, Sara, Moisés, la mujer Cananea, etc. hombres y mujeres que al conocer a Dios alcanzaron buen testimonio (He. 11). Es necesario que quien se acerca a Dios crea que existe y que es galardonador de los que le buscan (He.
11:6). Podemos concluir en esta primera parte que el ancla de nuestra fe es Jesucristo, de la misma manera como una embarcación no se mueve fácilmente porque ha echado el ancla a la mar, nosotros tenemos a Jesucristo, que murió, resucito y está sentado a la diestra del Padre en quien estamos seguros por que es poderoso para cumplir su promesa (He. 6:19).
COMO SE ACTIVA LA FE
La fe viene por el oír y el oír, por la palabra de Dios (Ro. 10:17). Estando Jesús en la cruz del calvario acompañado de dos ladrones, uno de ellos de pronto cree en Jesús y le pide ayuda, el otro por el contrario, deseaba ser bajado de la cruz para creer en Él (Lc. 23:29-49). En este caso fue la Palabra escrita (Este es el rey de los judíos) la que activo su fe. El Señor utiliza la Palabra para activar la fé de aquellos que escuchan o leen y ponen buena tierra para que esa semilla, que es buena, produzca el fruto deseado. Esta fue la experiencia de Cornelio, Lidia, el carcelero, etc. (Hch. 10:42,43, 16:14,31). En otros el Señor utiliza una señal o un milagro para activar su fé (Jn. 2:11, 4:48, 11:45, 20:29), sin embargo, algunos a pesar de que Dios haga un milagro en su vida no por ello se salvaran (Jn. 12:37). Cuanta gente fue beneficiada por un milagro en el ministerio de Jesús y no creyó en él. La fe no solo es útil para ser salvo, es necesario que la hagamos parte en toda nuestra vida. El pueblo de Israel fue librado de Egipto pero no poseyó Canaán, por no mezclar fe a lo que oía (He.
4:1,2). Las situaciones contrarias o adversas sirven para fortalecer nuestra fe, es hermoso ver el caso de Job, Daniel, etc. Quienes aún cuando se enfrentaron a situaciones difíciles no dieron marcha atrás respecto a su fe y salieron aprobados (Lc. 22:32).
La fe debe ir acompañada de obras. Abraham es conocido como el padre de la fe, éste no solo creyó a Dios sino que lo demostró ofreciendo a su hijo Isaac (Stg. 2:21,22, He. 11:17-19). La fe sin obras que habla Pablo, se refiere al momento de nacer de nuevo (Ef. 2.8,9) la salvación es un don inmerecido, sin embargo, Santiago habla que es necesario realizar obras para demostrar la fe que tenemos. Estas obras confirman que la fe está viva, es productiva y perfeccionada. Si un hermano que carece de sustento viene a nosotros y nosotros le ayudamos movidos por el Espíritu, con esta acción demostramos que tenemos fe en Dios, quien es el que provee y sustenta. Por la fe se pueden hacer o recibir cosas grandes o difíciles según el hombre (Mt. 9:2; 17:20; Hch.
14:9; He. 11:33; Stg. 1:6). El Señor le dijo a Marta: ¿no te he dicho que si crees
verás la gloria de Dios? (Jn. 11:40). La Palabra dice que señales seguirán a los que creen (Mr. 16:17).
