09 INGIRIENDO LA PALABRA DE DIOS

“NO SOLO DE PAN VIVIRA EL HOMBRE, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Esta es una asombrosa afirmación del Señor Jesús, citando Deuteronomio 8:3. Este tema es la provisión de Dios para su pueblo. Dios ha provisto algo más que comida terrena. Nos ha dado las Escrituras. En el Antiguo Testamento, del que Jesús citaba tan regularmente, y en el Nuevo Testamento, que es el cumplimiento de mucho de lo que está escrito en el Antiguo, tenemos la Biblia como la Palabra de Dios completa (2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:19–21). Es un libro en el que aparecen constantemente expresiones como: “Así dice Jehová”; y otras similares. Dios habla en primera persona o por medio de sus representantes. La Palabra de Dios está viva y activa (Hebreos 4:12). Vive y permanece para siempre (1 Pedro 1:23). Sus glorias son cantadas en el Salmo 119. Ya que la Biblia es la comunicación de Dios al hombre, el manual de instrucciones dado por el Propietario y Hacedor del hombre, debiéramos consultarla diligentemente cada día que vivamos en la tierra. Esta constante atención y obediencia es precisamente lo que la Biblia dice que debemos hacer (Deuteronomio 6:6–9).

Beneficios de la Biblia

El poder transformador de la Palabra de Dios en las vidas de aquellos que la estudian con obediencia reverente, es evidente en casos incontables. Consideremos las muchas maneras en las que la Biblia obra en las vidas de aquellos que recurren en su ayuda:

1. SALVACION. El nuevo nacimiento es causado por medio de la Palabra de Dios (1 Pedro 1:23). Cuando es implantada, la Palabra nos lleva a la salvación “por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15). Tiene que ser creída y compartida con otros.

2. ALIMENTO ESPIRITUAL. El profeta habló de comer la Palabra, de recibirla interiormente en el alma (Jeremías 15:16). Es comparada a la leche (1 Pedro 2:2), a la miel (Salmo 19:10; 119:103) y alimento sólido (Hebreos 5:12, 14). La vida espiritual es sostenida por la ingestión de la Palabra.

3. CRECIMIENTO. Al ministrar a nuestras almas, la Palabra nos edifica en nuestra santísima fe (Hechos 20:32). El desarrollo espiritual requiere el alimento de la Palabra (1 Pedro 2:2).

4. SABIDURIA. El valor de la educación es exaltado por todas partes, y de ella las personas esperan conseguir sabiduría. Sin embargo, las Escrituras nos pueden hacer más sabios que nuestros enemigos y darnos más entendimiento que los maestros mundanos (Salmo 119:99, 100).

5. PURIFICACION. El mundo está lleno de contaminación moral. El gran purificador de la mente y del corazón es la Palabra (Salmo 119:9; Juan 15:3). Nos protege del pecado (Salmo 119:11).

6. GUIA. Saber lo que hacer y a dónde dirigirse constituye un problema constante. La Palabra es luz a nuestro camino (Salmo 119:105).

7. CONSUELO o aliento en nuestras dificultades y dolores, es algo que también obtenemos de esta fuente que nunca deja de manar (Salmo 119:28, 50, 76; Romanos 15:4).

8. GOZO en un mundo de dolor, puede llegar a ser posesión nuestra por medio de la Palabra (Juan 15:11).

9. BENDICIONES. En las Escrituras tenemos dramáticas evidencias de bendición sobre aquellos que prestan diligente atención a la Palabra de Dios (Deuteronomio 28:1–8). El éxito, desde el punto de vista de Dios, será la porción de aquellos que perseveran en la Palabra y que observan sus preceptos (Josué 1:8).

Distintas formas de alimentarnos con la Palabra

Una dieta apropiada de la Palabra puede tener muchas formas. Cuando oramos a Dios para que El abra nuestros ojos (Salmo 119:18) y el Espíritu Santo es nuestro divino instructor (Juan 14:26), podemos comer el pan de Dios asimilándolo en lo más íntimo de nuestro ser. El creyente en su crecimiento practica estas disciplinas:

1. OIR la Palabra (Proverbios 28:9; Lucas 19:48). Antes de la invención de la imprenta y de la gran accesibilidad a tener Biblias, la mayor parte de las personas sólo podían oír las Escrituras en el culto a la iglesia. Tenemos que cultivar el hábito de escuchar atentamente cuando se proclama la Palabra de Dios. Tenemos que pensar cuidadosamente acerca de lo que se está diciendo. Podemos mejorar nuestra retención tomando notas y después comparando o hablando con otros acerca de lo que ha sido dicho.

2. LEER la Palabra (Deuteronomio 17:19; Apocalipsis 1:3). Use algún plan sistemático y no una selección al azar. Lea la Biblia de una manera concreta cada día. El conocimiento del contenido completo de este libro es una combinación de bendición, privilegio y deber, incomparablemente mejor que conocer secciones aquí y allá. Es necesario conocer a fondo tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento.

3. ESTUDIAR la Palabra (Hechos 17:11; Proverbios 2:1–5). Esto es más que leer un pasaje entero. Es profundizar en él. Anote los pensamientos claves. Haga preguntas o comparta pensamientos con otros. Busque las cosas que no sabe. En particular, aplique la enseñanza de una forma personal. El estudio bíblico eficaz está orientado a la aplicación.

4. MEMORIZAR la Palabra (Deuteronomio 6:6, 7; Salmo 37:31; Proverbios 7:1–3). La manera más segura de guardar la Palabra de Dios en nuestros corazones es memorizándola. Nos olvidaremos de casi todo lo que oímos y de la mayor parte de lo que leemos, pero podemos retener el 100% de lo que memorizamos, si lo repasamos con regularidad. Cuando necesitemos recordar un versículo clave para bien de nuestra propia alma, o para ministrar a otros, la Palabra memorizada es de un valor incalculable. El Señor Jesús la citó de memoria al resistir a la tentación (Mateo 4:1–11). En muchas partes se pueden conseguir tarjetas pequeñas con versículos significativos para ayudar en la memorización de las Escrituras.

5. MEDITAR en la Palabra (Salmo 119:15, 23, 48, 78, 148; Filipenses 4:8). Meditar es pensar, reflexionar, conversar con uno mismo en silencio o en voz alta. Es un tiempo de reflexión acerca de alguna verdad o de algún aspecto de la persona de Dios. Esto ha sido comparado a la calma y tranquilidad con que una vaca rumia. La meditación puede venir después del estudio matutino, cuando hemos sentido que un versículo concreto nos hablaba particularmente a nuestro corazón. Escriba sus pensamientos. Compártalos con alguien.

Nuestra actitud al acercarnos a la Palabra tiene mucho que ver con la ingestión efectiva. El devoto estudioso de la Palabra está consagrado al Señor Jesucristo y a su Palabra para el estudio constante, y a la aplicación de esta Palabra a la vida diaria. Hay una firme expectativa de un aprendizaje y crecimiento gradual, más que efectos mágicos en base a lecturas esporádicas de las Escrituras en tiempo de dificultades. Entendemos que la ingestión de la Palabra es una interacción con Dios, y no un ejercicio mecánico ni un análisis académico por parte de un observador que se sienta para abrir juicios sobre la Palabra de Dios.

Método de estudio bíblico

En la Palabra misma no se sugiere algún método particular de estudio bíblico. Sin embargo, el creyente con una relación dinámica con la Palabra tiene por lo general la siguiente preparación:

UN TIEMPO determinado cada día.

UN LUGAR para el estudio, libre de distracciones.

UN PLAN para estudiar toda la Escritura.

UNA META de conformidad personal a Cristo.

La sumisión a Cristo, el anhelo de aprender y el estudio regular de la Palabra dará resultados, en la mayor parte de los casos, sin instrucción especial alguna. Es útil usar las siguientes tres preguntas cuando nos acerquemos a la Palabra. Contéstelas en ese orden cuando lea el texto.

1. ¿QUE ES LO QUE DICE? Observe cuidadosamente los hechos del pasaje. Señale las características, los detalles, las acciones y el énfasis doctrinal. Subraye las palabras importantes en su texto, y haga notas en un papel separado. Tómese el tiempo suficiente y concéntrese.

2. ¿QUE ES LO QUE SIGNIFICA? Para interpretar correctamente, tiene que comprender el significado de lo leído. Cerciórese de las definiciones de las palabras. Pregúntese por qué este incidente está incluido en las Escrituras. Señale el efecto de ciertas acciones o palabras. ¿Cuál es la actitud de Dios en esto? ¿Cuál es la doctrina que se expone? ¿Cuál es el significado de ello en las vidas de los creyentes? ¿Qué es lo que venía antes de esta sección, y qué es lo que viene después? Esto es lo que recibe el nombre de contexto. No deseamos insertar una idea que quede fuera de lugar en el contexto. Procure no detenerse demasiado en lo que no comprenda. Si es necesario, tome nota de los interrogantes para un futuro estudio. Después deje esto de lado, y concéntrese en lo que sí comprende.

3. ¿COMO LO APLICARE? Esta pregunta tiene que ver con la aplicación de la Palabra de Dios a su vida personal o a su entendimiento de Dios. La aplicación es el fruto de su estudio. Le hace reflexionar sobre lo que piensa hacer acerca de lo que ha leído. El estudio bíblico tiene como propósito cambiarnos, llevarnos a la conformidad con Cristo y a una apreciación más plena de Dios. La información sin aplicación es una pérdida del propósito expreso de las Escrituras. Busque en la Biblia promesas, advertencias, mandamientos, ejemplos, pecados, estímulos y verdades acerca del carácter de Dios. Ruegue a Dios que en verdad le hable por medio de su Palabra mientras la estudia. Espere en Dios cuando sea necesario, y no se apresure ni a entrar ni a salir de su presencia. Anote cada día lo que ha aprendido en un cuaderno de notas o en un diario devocional para referencias y futuros estudios. Use el pronombre personal “Yo” cuando esté escribiendo acerca de una aplicación. Use un verbo de acción cuando haya de indicar lo que tiene intención de hacer. Elimine las observaciones impersonales o débiles acerca de las Escrituras en su estudio. No busque esquivar nada. Dios está dispuesto a ser su Maestro si en verdad usted quiere aprender a sus pies.

Herramientas o ayudas para el estudio bíblico

Existen en la actualidad más ayudas para el estudio de la Biblia que en ningún otro período de la historia. La Biblia sola es suficiente, cuando el Espíritu es nuestro guía, pero podemos obtener mucho provecho de ayuda adicionales. Aquí tenemos un breve detalle de ellas:

1. VERSIONES BASICAS. Trate de determinar cuidadosamente qué es lo que dice la Biblia, en palabras que pueda comprender. En lengua castellana, la versión preferida es la versión Reina-Valera. De esta versión hay tres revisiones en uso en la actualidad, como son la revisión de 1909 (Sociedad Bíblica Trinitaria y otras); la revisión de 1960 (Sociedades Bíblicas Unidas y otras); y la revisión de 1977 (Editorial CLIE). Muchas de estas revisiones se pueden conseguir en ediciones de estudio, con notas, comentarios, referencias, concordancias y mapas. Un nuevo creyente, no obstante, debería empezar con un texto básico.

2. PARAFRASIS. Hay otras Biblias que no son traducciones exactas, sino paráfrasis, como por ejemplo “La Biblia al Día”. Estudie en base a una buena traducción, y luego consulte paráfrasis u otras traducciones para comparar, como ayuda complementaria.

3. CONCORDANCIA. Es un índice alfabético de las palabras de la Biblia, que proporciona ayuda para localizar pasajes y referencias curzadas acerca de cualquier tema que se esté estudiando. Las concordancias de Sloan (Reina-Valera, revisión 1909, Ed. CLIE), y de Denyer (Reina-Valera, revisión 1960, Ed. Caribe), son de gran ayuda.

4. DICCIONARIOS. Un diccionario castellano común le será de ayuda para tener una comprensión más profunda de las palabras poco conocidas o claves del texto. Los diccionarios bíblicos, como el diccionario Popular de la Biblia (Libros Logoi), o el Diccionario Ilustrado de la Biblia (Editorial Caribe), son útiles para un conocimiento del marco histórico, arqueológico y general, además de breves explicaciones acerca de una variedad de temas, nombres y libros de la Bibla.

5. OTRAS AYUDAS. A menudo en las Biblias (como en los diccionarios bíblicos) se hallan mapas y una cierta información geográfica. Muchos estudiantes usan un atlas bíblico o una geografía bíblica. Las enciclopedias bíblicas son versiones más exhaustivas que los diccionarios bíblicos. También pueden ser de ayuda cursos bíblicos como los de la Academia Cristiana del Aire en material complementario, en doctrina y en estudios de libros.

Una buena versión de la Biblia y unas sencillas ayudas para el estudio, son todo lo necesario al principio. Cuando se adquiera cualquier tipo de materiales para el estudio bíblico, se debiera ser muy cuidadoso en evitar los libros de sectas anticristianas, y todo tipo de libros escritos por autores con tendencias liberales o de crítica frente a la Biblia.

Conclusión

¿Dónde quiere estar en su comprensión de la Palabra de Dios de aquí a un año, cinco, diez? ¿Será un niño, un adolescente o un adulto? ¿Será capaz de comer la “vianda” de la Palabra, o estará aún bebiendo leche? (1 Corintios 3:1–3). “Porque debiendo ya ser maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:12–14).

La elección es nuestra. Si somos nuevos en la fe o inmaduros, debemos anhelar “la leche espiritual no adulterada” de la Palabra, para crecer en el Señor (1 Pedro 2:2). Si somos ya más maduros en la Palabra, necesitamos persistir en el “alimento sólido”, dando instrucción a nuestros sentidos espirituales para adquirir discernimiento.