LOS KARISMAS ESPIRITUALES 1

LOS KARISMAS ESPIRITUALES

Cuando hablamos de dones nos referimos a todo lo que el Espíritu regala para hacer la construcción de la Iglesia. En este sentido no son únicamente los nueve dones del Espíritu, sino, todas las habilidades que da el Espíritu. Es el Señor Jesucristo quien está edificando a la Iglesia, él prometió enviar el don del Espíritu y  este a su vez reparte dones dentro de los miembros de la Iglesia. Estos dones constituyen los adornos de la amada, tal y como Eleazar llevaba presentes para Rebeca (Gn. 24:22).

Sabemos también, que el Señor usa a los cinco ministerios para edificar la iglesia (Ef. 4:11,12). Los ministerios son dones en forma de hombres (Ef. 4:6,7), vienen como ministros a la tierra (Jer. 1.5),   ellos son los custodios de los dones. Los dones son también, como los instrumentos que el Espíritu pone en manos de los santos para edificar la Iglesia (Ef. 4:12).

Constituyen dones,  las facultades que el Espíritu habilita en el creyente para el servicio. Estas vocaciones puestas bajo la dirección del Espíritu constituyen un don espiritual. El apóstol Pablo dice que así como el cuerpo está compuesto por diferentes miembros, hay diferentes dones según la gracia que Dios ha derramado a cada uno.

Lo importante es que entendamos que deben funcionar como los miembros del cuerpo, es decir, en armonía y para la edificación del mismo. Cada uno debe poner el don que le ha sido dado al servicio de los demás. En este sentido pablo describe algunos dones espirituales tales como: El servicio, la enseñanza, la exhortación, el que da, dirige, preside, dirige o presta ayuda, el que muestra misericordia (Ro. 12: 6,8).

Todos y cada uno de éstos, se deben ministrar con fe, diligencia y alegría. No se podría describir una lista de dones, pues es innumerable, nadie puede decir que porque no tiene uno de los nueve dones principales, no tiene un don espiritual. El apóstol Pedro dice que de la manera como cada uno ha recibido un don especial que lo usemos como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios (1 P. 4:9-11).

LOS DONES CARISMATICOS

Es de esta manera como se conoce a los nueve dones que reparte el Espíritu Santo. El griego utiliza la palabra carisma que significa un don de gracia, un don involucrando gracia o de parte de Dios. A diferencia de los otros dones, estos son dados no a todos y administrados por el Espíritu Santo. El Espíritu reparte a quien quiere. Estos regalos son manifestaciones sobrenaturales. Hay quienes erróneamente ponen estos dones en un plano natural. Por ejemplo cuando se refieren a la palabra de ciencia o sabiduría

dicen: “Es el conocimiento intelectual que una persona puede llegar a poseer sobre un asunto espiritual”.  Los dones a los que nos referimos, consisten en que el mismo Espíritu utiliza a una persona para ejecutar una acción por sobre la capacidad,  lo normal o natural. Simón el mago pensaba que podía comprar el poder de la imposición de manos. El no comprendía que era el Espíritu guiando a sus siervos a imponer manos y a través de esta manifestación de fe recibían el bautismo del Espíritu Santo (Hch. 8:9-24).

No se debe cometer el error de creer que una persona a la cual el Espíritu usa o se evidencia en ella una manifestación sobrenaturalmente, es una persona que se  queda  viviendo  sobrenatural  o  con  sobrenaturalidades todo  el  tiempo. Sansón sin su cabello era un hombre como los demás ( Jueces 16:17).

Los hombres decían  respecto a  Pablo:  su  aspecto es  poco  impresionante y  la manera de hablar menospreciable, sin embargo, Dios les usaba dando sabiduría (2 Co. 10:10; 2 P. 3:15,16). Por otro lado, no se puede dejar de creer en los dones porque la persona no habla bien el español o no comprende lo que está diciendo o haciendo. Recordemos que el Espíritu utiliza hombres que son vasos de barro (2 Co. 4:7). La aportación del Espíritu es el mensaje no el lenguaje.

Hoy en día se hace mucho espectáculo respecto a las manifestaciones del Espíritu, principalmente en lo que respecta a los dones de poder, así como, se exalta desmedidamente al vaso y no al que obró a través de él. El pueblo cristiano se ha vuelto seguidor de señales y el mensaje salvador se ha quedado por un lado. La gente va en busca de una manifestación física o temporal y no da importancia a lo que Dios quiere hacer en el interior de la persona y que cambiará su destino eterno (Mt. 9: 2-8).

Jesús nos da ejemplo, a él no le interesaba hacerse fama, hacía lo que el Padre le mostraba hacer y mejor si pasaba desapercibido (Mt. 8:1-4) fue por ello que no obedeció al diablo cuando le decía que se lanzara  del pináculo del templo, el no vino a la tierra a hacer un espectáculo. Vino para hacer la voluntad del Padre y ofreciéndose en la cruz del calvario, los que tengan ojos de fe irán a él (Jn. 8:28, 12:32). El mover del Espíritu hoy día no es el mismo que en el Antiguo Testamento. El vidente no actúa igual que el profeta del Nuevo Testamento. Por cierto, dar profecía por don, no significa que sea profeta. 

 La operación del Espíritu no es continua sino una visitación ocasional o circunstancial dependiendo de la voluntad del Espíritu. Puede el Espíritu utilizar a una persona varias veces en el don de profecía, pero como no es propiedad del instrumento, no se puede tomar a esta persona como el centro de consulta pues ella no lo usa a su sabor y antojo. Es el Espíritu bajo la unción que opera como quiere. Quien es usado por el Espíritu en algún don debe ser una persona reconocida, de buen testimonio,

madura, que reconoce cobertura y está en sujeción. El libro de Apocalipsis habla de una congregación que discernía aún a los ministerios, La iglesia de Éfeso  sometía  a  prueba  a  los  que  se  decían  ser  apóstoles  y  los  hallaba mentirosos (Ap. 2:2). Es por ello que muchos son confundidos o engañados, debemos discernir o juzgar. Dios advirtió a su pueblo para que no haga cosas indebidas solo por que tubo cumplimiento un sueño o el anuncio de una señal o prodigio (Dt. 13:1-4). Es preciso conocer quien está detrás de tal o cual don, pues espíritus de las tinieblas pueden en algún momento intervenir o bien los sentimientos del que dice tener el don (Ec. 5:7).

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