TEXTO: (Filipenses 4:6,7)
«ESTRÉS ES CUANDO TODO LO QUE SUCEDE Y SE VA ACUMULANDO DENTRO DE NOSOTROS, HASTA QUE LLEGA A ENFERMARNOS O CAUSARNOS DOLOR»
Un hermoso día en un parque, un joven papá empujaba el cochecito, en el que lloraba su hijito. Mientras el papá llevaba a su niño por los senderos del parque, iba murmurando bajito y suave:
- Tranquilo, Ronaldo. Mantén la calma, Ronaldo. Está bien, Ronaldo. Relájate, Ronaldo. Todo irá bien, Ronaldo, ya verás.
Una mujer que pasaba por allí, se dirigió al joven papá y le dijo:
- Usted realmente sabe cómo hablarle a un niño perturbado… con calma y con suavidad. Realmente es admirable.
La mujer se inclinó hacia el niño que estaba en el cochecito y le dijo tiernamente:
- ¿Cuál es el problema, Ronaldo?
Entonces el papá dijo rápidamente:
- ¡Oh!, no señora… Él es Enrique, Ronaldo soy yo.
¿Qué crees que sucede cuando las personas acumulan presión? Dios sabe que nuestros cuerpos, solo pueden soportar hasta determinado punto. (1ª Corintios 10:13; 2ª Corintios 4:8-9)
- A comienzos del siglo XX, las diez causas mayores de muerte en la humanidad, eran todas enfermedades infecciosas. Se estima que en la década de 1990, las diez causas mayores de muerte a nivel mundial, fueron enfermedades relacionadas con el estrés. (1ªPedro 5:6,7; Mateo 13:22)
- Las cuatro maneras de saber, si la presión que soportamos va camino a ser demasiada:
- ¿Nos molestan más de lo razonable, problemas pequeños o decepciones menores?
(2ª Timoteo 2:22,23)
- ¿Nos resulta cada vez más difícil, llevarnos bien con las demás personas?
(Efesios 4:30-32)
- ¿Hemos descubierto que ya no nos entusiasman mucho, las cosas que antes nos apasionaban?
(1ª Timoteo 4:14-16)
- ¿Nos persigue la ansiedad? ¿No podemos sacarnos de la mente, las cosas que nos preocupan? (Salmos 55:22)
La meta que debemos perseguir, no es agregar mayor estrés a nuestra vida, al sumar una nueva serie de cosas para hacer, sino reducir el estrés, si comprendemos lo que Dios indica al respecto.
CONCLUSION: Pensemos en la siguiente fórmula para conocer la paz: pongamos primero a Dios en todas las cosas, y conoceremos la paz de Dios en todas las cosas. Observemos que ambas cosas están necesariamente relacionadas: Primero, nos rendimos al señorío de Cristo; después, recibimos la paz.
(Filipenses 4:6,7)
