13 VIVIENDO LA NUEVA VIDA

“YO HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10b). “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38). “Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo” (1 Juan 5:4). Estas tremendas declaraciones acerca de la vida del que cree en el Señor Jesús se presentan de la manera más clara en el Nuevo Testamento como la norma de la vida cristiana. La paz, el reposo y el poder espiritual no deben ser cosas excepcionales entre los seguidores de nuestro Salvador, sino la experiencia normal. El Señor no ofrece solamente perdón por la culpa del pecado y la certeza de la vida eterna, sino que ofrece también una nueva vida en la que el Espíritu de Cristo obra activamente para transformar nuestro caminar y para renovar nuestra mente. Podemos tener esa clase de vida si damos oído a lo que las Escrituras dicen acerca de cómo debe ser vivida. La bendición y el poder espiritual no son algo que los creyentes reciben automáticamente. Se hallan condicionados a nuestro andar.

Palabras para el nuevo creyente

Hemos revisado la necesidad de estar seguros de que poseemos la vida eterna por Jesucristo nuestro Señor. Es importante anclar nuestras esperanzas en las claras promesas en la Palabra de Dios con respecto a El. También es importante manifestar una vida cambiada como evidencia de la realidad de nuestra afirmación de que conocemos al Señor Jesús. Aquí tenemos unos consejos iniciales para animarnos:

1. CONFIESE A CRISTO COMO SU SEÑOR ANTE LOS DEMAS (Romanos 10:9–10; Lucas 12:8). Rehúse ser un creyente callado, secreto.

2. DEJE LOS HABITOS Y LAS ASOCIACIONES DE TIPO PERNICIOSO (Salmo 1; 2 Corintios 6:14–18). No deje que otros le derriben en tanto que Ud. esté tratando de ayudarles.

3. BUSQUE UN COMPAÑERO DE ORACION Y AYUDADOR MADURO (Eclesiastés 4:9–10). Hay un mayor progreso y aliento con esta ayuda.

Principios de la vida espiritual

La vida cristiana victoriosa no está dispuesta sólo para misioneros y discípulos de excepción. Es la voluntad de Cristo para todo su pueblo (2 Corintios 2:14; Efesios 4:13). Las siguientes consideraciones marcan el camino del triunfo cada día:

1. SOMETASE A CRISTO COMO SEÑOR DIARIAMENTE (Colosenses 2:6; 2 Corintios 8:5). El no puede bendecir al que rehúsa doblar la rodilla ante su supremacía y amor. Le pertenecemos a El y no a nosotros mismos (1 Corintios 6:19–20).

2. OBEDEZCA DIARIAMENTE A CADA INSTRUCCION DEL ESPIRITU SANTO (Romanos 6:13–19; 8:14). No debemos constristar, apagar, no resistir en forma alguna a Aquel que mora en nosotros y que es nuestra unción (Romanos 8:9; 1 Juan 2:27). Debemos estar continuamente llenados, o controlados, por el Espíritu (Efesios 5:18). Un creyente lleno del Espíritu camina de una manera digna de Dios (Colosenses 1:10).

3. OCUPESE DEL MISMO CRISTO, Y NO DE UD. MISMO (Hebreos 12:2–3). Tenemos que centrar nuestros pensamientos en El (Colosenses 3:2).Toda nuestra vida debe venir a centrarse en Cristo y no en nosotros mismos. El apartarnos del yo es una parte necesaria de nuestra transformación.

4. OBEDEZCA LA PALABRA DE DIOS (Juan 14:15, 21; 15:10, 1 Juan 3:24). Obedecer a Dios es mejor que todos los sacrificios (1 Samuel 15:22). ¿Cómo podemos llamar a Jesús “Señor”, y no hacer las cosas que El manda? (Lucas 6:46). La libertad del Espíritu no significa que podemos hacer lo que nos plazca, sino hacer lo que a El le place. La obediencia a la Palabra de Dios trae más luz (Hebreos 5:14). debemos querer hacer la voluntad de Dios (Juan 7:17). Podemos esperar pruebas en esta área de nuestra buena disposición (Génesis 22:1–18). Nunca deberíamos llamar “legalismo” a la obediencia a la Palabra de Dios. El legalismo es la adición a las demandas de Dios, tanto en lo que respecta a la salvación como a vivir la vida cristiana.

5. CREA EN DIOS Y ESPERE EN EL PARA TODAS SUS NECESIDADES (Hebreos 11:8; Juan 14:1). Nuestro andar tiene que ser por la fe (2 Corintios 5:7). La fe es en un sentido el don de Dios, pero en otro sentido es la responsabilidad moral del hombre. Esta es la razón de que Jesús reprendiera a algunos de sus discípulos por su incredulidad (Mateo 8:26; Lucas 24:25).

6. SIRVA A OTROS POR CAUSA DE JESUS (Gálatas 5:13; 2 Corintios 4:5; Colosenses 3:23–24). El que saciare, él también será saciado (Proverbios 11:25). No hay ningun creyente que pueda crecer simplemente absorbiendo las bendiciones, y sin dar nada a su vez. La famosa ilustración lo dice de esta manera: “El Mar Muerto está muerto debido a que está siempre tomando, y nunca dando”.

7. DISCIPLINE SU VIDA (1 Corintios 9:27). El control de uno mismo, o temperancia, es uno de los frutos del Espíritu (Gálatas 5:23; 2 Pedro 1:6). Se exhorta al creyente a “mortificar” (poner a la muerte) los hechos de la carne (Romanos 8:13; Colosenses 3:5). Dios obra con nosotros en esta disciplina (Hebreos 12:6–7).

La diaria presentación de nuestro cuerpo a Dios es cosa necesaria (Romanos 12:1–2). Debemos resistir al Diablo (Santiago 4:7), soportar y vencerla tentación (Santiago 1:12), ser celosos de buenas obras (Tito 2:14) y amar a los demás (Juan 13:34). Cuando hacemos el mal, debemos confesar y abandonar el pecado (Proverbios 28:13).

Principios de la provisión para los fracasos

¿Tropiezan o fracasan los creyentes, en ocasiones? Naturalmente que sí. consideremos a David, a Pedro, o a otros de los más grandes hombres de Dios. Sin embargo, es importante buscar la restauración con Dios, no sea que vengamos a quedar bajo su disciplina y corrección (Hebreos 12:5–9). Estos son los remedios divinos:

1. CUMPLA CON SUS RESPONSABILIDADES.

a. Confiese y abandone todo tipo de pensamientos o acciones que Ud. sepa que no están conforme a la voluntad de Dios (Proverbios 28:13; 1 Juan 1:9).

b. Siempre que le sea posible, rectifique el mal que haya hecho a otros (Mateo 5:23–24; Romanos 12:18).

c. Perdone (Mateo 6:14–15; 18:35). Sea paciente (Colosenses 3:13).Cubra con el amor tanto como sea posible (1 Pedro 4:8; 1 Corintios 13:4–7).

d. Vuelva a una plena comunión con Dios en la Palabra y la oración, y con otros creyentes de la comunión local.

2. APOYESE EN LA VICTORIA DE CRISTO. Rompa los repetidos ciclos de fracaso y confesión que abarquen las mismas áreas. Recuerde que el Señor Jesús ha establecido la base para la liberación presente del poder del pecado en nuestra vida.

a. El quebrantó el poder de la naturaleza de pecado (Romanos 6:6) y condenó al pecado en la carne (Romanos 8:3). Nosotros, que habíamos sido esclavos del pecado en el pasado (Romanos 6:20), hemos sido ahora liberados. Esto no significa que tal naturaleza haya sido quitada o erradicada (Gálatas 5:16–17; Romanos 7:21, 23; Mateo 26:41), sino que se ha anulado su anterior poder prevalecedor.

b. Los creyentes no tienen por qué temer más a Satanás. El fue derrotado en la cruz (Juan 12:31; 16:11:, y su poder sobre los creyentes fue quebrantado (Colosenses 2:15; Hebreos 2:14). Sin embargo, senos ordena que le resistamos (1 Pedro 5:8–9; Santiago 4:7), y no debemos darle ocasión (Efesios 4:27).

c. El mundo incluye un sistema satánico de valores, de moralidad y una influencia impía, todo ello en oposición al cristiano (1 Juan 2:15–16). Esto está en contraste con los habitantes de este mundo, a los cuales Dios ama. El sistema ha sido condenado por nuestro Señor (Juan 12:31; 1 Corintios 11:32). El ora por nosotros para que seamos guardados de este sistema (Juan 17:15). Lo hemos vencido (1 Juan 4:4; 5:4).

Principios devocionales

Cada creyente debe pasar tiempo con Dios a diario. Nuestra vida debe ser una entrañable comunión con la Persona del Señor. Hay ciertas prácticas características del creyente cuya vida está siendo usada y bendecida por el Señor.

1. TIEMPO DE QUIETUD. El oído del discípulo se despierta para oír la voz de Dios (Isaías 50:4). La primera parte de cada día se le debiera dar a El (Marcos 1:35). Se pueden dedicar las horas del anochecer, y otros períodos para estudio de las Escrituras y para orar; pero la experiencia de muchos de los santos en las Escrituras, así como el ejemplo de nuestro Señor Jesús, confirman la necesidad de comenzar el día con Dios. Este tiempo regular es para meditación y contacto directo con Dios.

2. ORACION. Nuestro Salvador dijo que tenemos la “necesidad de orar siempre” (Lucas 18:1). No era una opción en su vida terrena, y tampoco debería ser algo optativo para nosotros. Debiera ser nuestra línea vital o comunicación con Dios. Si no estamos recibiendo, es bien posible que se deba a que no estamos orando (Mateo 7:7). Un importante comienzo para cada día es encomendar nuestro cuerpo al Señor para sus propósitos, y rogar de El su guía durante todo el día.

3. EL ESTUDIO DE LA PALABRA. Las Escrituras nos han sido dadas por Dios para que sean nuestro alimento del alma (Hebreos 5:12–14; Salmo 19:10). Debemos comer la Palabra de Dios (Jeremías 15:16). ¿Con qué limpiará el joven su camino? “Con guardar tu palabra” (Salmo 119:9). Hay un lugar para el estudio meditativo de un corto pasaje de las Escrituras por la mañana; para el estudio sistemático, como ir leyendo la Biblia de una manera metódica; y un estudio especial por temas que nos hayan asignado. Es importante poder leer la Biblia por nosotros mismos y hacer buenas aplicaciones personales de la verdad. Se estimula la memorización de las Ecrituras (Salmo 119:11).

4. UN TESTIMONIO CONSTANTE. Recibimos poder de parte de Dios para ser testigos de Jesucristo en este mundo (Hechos 1:8). La manera natural de testificar es compartir nuestra fe como manera de vivir con los que están a nuestro alrededor. Al vencer el temor a los demás, podremos hablar dando testimonio de Cristo ante los que están perdidos y van rumbo a una eternidad sin Cristo.

Principios de la Iglesia

El Señor Jesús tiene un inmenso amor por su iglesia, a pesar de todas sus deficiencias terrenales (Efesios 5:25). Su iglesia está constituida por los redimidos. El quiere que ellos se reúnan en las varias localidades para alentarse mutuamente, para que adoren al Señor, para que prediquen su Palabra, y para que obedezcan sus mandatos. La Biblia no contempla a un creyente aislado de la iglesia local, andando con Dios por su cuenta, en independencia de los demás. Un gran pasaje en cuanto a esto es Hechos 2:41–42. Al estudiar este pasaje, se verán las actividades y responsabilidades eclesiásticas normales.

1. BAUTISMO. Esta es la pública confesión del Señor Jesucristo por parte de los nuevos creyentes (Hechos 8:36–37).

2. LA ENSEÑANZA DE LOS APOSTOLES. La enseñanza de estos hombres se halla ahora para nosotros en la Biblia, juntamente con la de los profetas del Antiguo Testamento, que también es la Palabra de Dios. La predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios a los grupos de creyentes es uno de los medios señalados por Dios para dar crecimiento. Ello provee una instrucción sistemática para suplementar así también como para dirigir y alentar el estudio bíblico personal.

3. COMUNION. Se exhorta a los creyentes a que no dejen de congregarse con otros creyentes (Hebreos 10:25). De los que dejan de reunirse, se dice que “no son de nosotros” (1 Juan 5:19). El aislamiento y el individualismo no tienen lugar en una experiencia cristiana saludable. Nótese como los antiguos creyentes se mantenían juntos (Hechos 2:44–47). Nótese también la forma en que se encabezan la mayor parte de las epístolas del Nuevo Testamento.

4. EL PARTIMIENTO DEL PAN. Esto tiene que ver con la fiesta memorial del pan y del vino instituida por el Señor la noche en que fue entregado (Lucas 22:19–20). Era observada por los más antiguos creyentes (Hechos 20:7; 1 Corintios 11:23–34).

5. ORACIONES. Hay un lugar para las oraciones en común con otros creyentes, así como para la oración individual (Hechos 1:14). Hay un valor añadido a la oración en común (Mateo 18:19). Poderosos eventos tuvieron lugar al orar los creyentes juntos.

Puede ser que Ud. se haya entregado a Cristo como a su Señor y Salvador. Si es así éste es el comienzo adecuado. Ud. tiene que consagrarse ahora a El para que El pueda vivir en Ud. su vida día a día (Gálatas 2:20). Así, El será victorioso en Ud. y por medio de Ud.