13 CRISTO VENDRA OTRA VEZ

El retorno de Cristo será la culminación lógica e inevitable de toda la historia. El Creador, quien permitió la rebelión contra él mismo, “recogerá de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad” (Mateo 13:41). El Dios que dio a su Hijo para redimir el pecado y luego le vio vergonzosamente crucificado, le exaltará en el lugar donde una vez fue rechazado. El Señor Jesucristo retornará. El prometió a sus discípulos, “Vendré otra vez” (Juan 14:3). El vendrá con gran poder y gloria (Marcos 13:26). Vendrá en el día y la hora que ningún hombre sabe (Mateo 25:13). El cumplirá con la misma seguridad con que cumplió aquella promesa que resucitaría de la muerte al tercer día.

La primera venida de Cristo fue literal en cada detalle desde su nacimiento hasta su muerte. La segunda venida también será literal. Hechos 1:11 lo explica claramente. “Este mismo Jesús… vendrá como le habéis visto ir al cielo”, dijeron los ángeles mientras él ascendía en una forma corporal visible. El mismo será quien retorne a la tierra en persona. Este pensamiento causa regocijo en los santos y estremecimiento en los impíos. La última oración en la Biblia expresa esta esperanza: “¡Ven, Señor Jesús!” (Apocalipsis 22:20).

¿Por qué debe retornar Jesucristo? El debe cumplir las Escrituras del Antiguo Testamento que prometen el reinado de un Mesías en la tierra. Cuando Jesús estuvo en la tierra, muchos quedaron perplejos por cuanto él no tomaba las riendas del gobierno romano y no establecía de una vez el reino mesiánico como ellos esperaban. Los profetas manifestaron que él reinaría en Jerusalén (Isaías 24:23), sometería a las naciones bajo los pies de Israel (Salmos 47:3), daría dominio a Israel (Zacarías 8:23), gobernaría el mundo (Salmos 2:6–8; 110:1–3) y establecería el trono de su reino para siempre (2 Samuel 7:13). Durante su ministerio terrenal, aun los estudiantes devotos de la Palabra no advirtieron que en las Escrituras se profetizaron dos venidas, y no solamente una. Primeramente él vendría como un Mesías sumiso para ser sacrificado por los pecados de su pueblo. Más tarde vendría como un Mesías reinante. Los discípulos aún pensaban en esto cuando antes de la ascensión le preguntaron: “Señor, ¿restaurarás el reino de Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). El les indicó que esto todavía sería en el futuro.

Los distintos eventos futuros frecuentemente se unen en las Escrituras en lo que se llama la “Perspectiva profética”. Los diferentes eventos son enlazados y aparecen en el horizonte futuro como lejanas cumbres de montañas que difícilmente se distinguen. Un ejemplo de esto se halla en Isaías 61:1, 2 donde la primera y segunda venida de Cristo aparecen juntas sin una indicación de separación. Pero, cuando Jesús lee este pasaje y se detiene en un punto crítico (Lucas 4:18–21) vemos dónde finaliza la primera venida y empieza la segunda para ser dejada para el futuro. Esta combinación hace necesario el estudio cuidadoso del campo de la profecía y da razón de algunas diferencias de opinión entre grupos de creyentes acerca del orden exacto de los eventos futuros. Estos eventos se estudiarán aquí desde el punto de vista de los propósitos del retorno de Cristo. Estos propósitos son: llevar su iglesia, gobernar la tierra y renovar todas las cosas. (Véase el Apéndice D para más detalles).

Cristo viene para llevar a su Iglesia

1. EL RETORNO DE CRISTO POR LA IGLESIA. Entre los diversos términos simbólicos para la iglesia de Cristo, el símbolo de todos los que son renacidos por el Espíritu, es el de la novia de Cristo (Apocalipsis 21:9). Nuestro Salvador es el Gran novio (Mateo 9:15; 25:1–6). El regresará a reclamar a su novia, la cual es comparada con una virgen pura (2 Corintios 11:2). Puesto que para Dios la iglesia es una unidad, la novia debe ser reclamada en conjunto (1 Corintios 12:12, 13). Por lo tanto el Señor retornará para trasladar de la tierra a los creyentes vivos, como también a resucitar a los muertos en Cristo (1 Tesalonicenses 4:14–17). Este evento algunas veces es llamado “el rapto”, que viene de la palabra latina “secuestrar”, refiriéndose a los santos siendo “arrebatados” para recibir al Señor en el aire (v. 17). Los muertos en Cristo resucitarán primero, ¡seguidos por aquellos que aún están vivos! Los creyentes recibirán cuerpos nuevos glorificados, aptos para el cielo (2 Corintios 5:1–4; Filipenses 3:21). El evento completo ocurre en un “abrir y cerrar de ojos” (1 Corintios 15:52) lo cual incluye la desaparición instantánea de la tierra de los creyentes que se encuentren vivos.

2. EL TRIBUNAL DE CRISTO. Luego del rapto de la iglesia viene el Tribunal de Cristo (Lucas 14:14; 1 Corintios 4:5; 2 Timoteo 4:8; Apocalipsis 22:12). Es cierto que la salvación por medio de la sangre de Cristo libera a los creyentes de la condenación del pecado (Romanos 8:1; Juan 5:24; Hebreos 10:17). Sus pecados han sido pagados por completo. Sin embargo, las Escrituras claramente nos enseñan que habrá una evaluación de nuestra vida y servicio para Cristo (1 Corintios 3:11–15), lo cual resultará en eterna recompensa o en eterna pérdida. Esta evaluación tendrá lugar en el Tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10; Romanos 14:10). La expresión “Tribunal” es tomada del ejemplo de la plataforma elevada que en tiempos bíblicos era usada por un oficial o juez para pasar revista y recompensar. Dios no es injusto para olvidar nuestro trabajo de amor como creyentes. Por lo tanto, se repartirán coronas o recompensas (1 Tesalonicenses 2:19; Santiago 1:12; 2 Timoteo 4:8; 1 Pedro 5:4).

3. LAS BODAS DEL CORDERO. Por mucho tiempo ha sido la costumbre de muchas personas el realizar una fiesta de celebración después de una ceremonia matrimonial. Así será con Cristo el novio celestial y su novia la Iglesia (Apocalipsis 19:7–9). La boda en sí tiene lugar en el cielo, después de la repartición de recompensas.

Cristo viene a gobernar la tierra

1. LA TRIBULACION EN LA TIERRA. La palabra “tribulación” tiene un sentido general de aflicción, angustia y turbación. La mayoría de las personas, incluso creyentes, han tenido su porción de esto en la vida. Pero hay un tiempo venidero de confusión, persecución y desastre cual nunca lo ha habido en la historia del mundo, ni lo habrá. Se llama la Gran Tribulación, y comienza cuando Cristo quita del mundo a su Iglesia. Si el tiempo no fuese acortado toda la humanidad sería exterminada (Mateo 24:21, 22; Marcos 13:19, 20; Apocalipsis 3:10; 7:14). Habrá un extenso período de juicio que durará siete años, siendo dividido en dos períodos aproximadamente iguales (Apocalipsis 11:2, 3; 12:14; 13:5; Daniel 7:25; 12:7). El período completo es cubierto por una semana de años (siete) en la famosa profecía de las setenta semanas (Daniel 9:24–27). Esta profecía fue cumplida en cuanto a sus primeras 69 semanas de años extendiéndose desde el decreto para reconstruir Jerusalén hasta el tiempo de la muerte del Mesías, un período de 483 años de 360 días cada uno según el procedimiento de cuentas judío. La semana final pertenece a la misma nación, el “pueblo de Daniel,” es decir, Israel. Por lo tanto, se le llama “el tiempo de angustia para Jacob” (Jeremías 30:7).

La naturaleza destructiva de este período se indica muchas veces en el Antiguo Testamento como también en el Nuevo. La tierra será enteramente consumida (Isaías 24:1, 3, 6, 19–21; 26:20, 21); el sol se convertirá en tinieblas y la luna tendrá apariencia de sangre (Joel 2:31; Apocalipsis 6:12); angustia, perturbación y ruina serán sobre toda carne (Sofonías 1:15); Dios castigará a Israel por su idolatría (Sofonías 1:4); Dios purificará y librará a la nación (Sofonías 3:9–13) y castigará a todas las naciones que vengan contra ella (Sofonías 3:8; Abdías 15–17; Joel 3:16, 17). Los juicios de castigo descritos bajo las representaciones de sellos, trompetas y copas (Apocalipsis 6–16) están dirigidos contra aquellos que rechazan al Cordero, y tratan de huir de su ira (Apocalipsis 6:15–17). Este será el tiempo de la gran batalla de Armagedón (Apocalipsis 16:16), y la figura mundial del Anticristo (conocido como la “bestia”) y el “falso profeta”, ejercitados por el dragón o Satanás (Apocalipsis 16:13; 13:1–18). El falso sistema religioso y cultural bajo el nombre clave de “Babilonia” será destruido (Apocalipsis 17:18). En este tiempo el maligno estará activo, especialmente contra Israel y los santos de Dios (Apocalipsis 12:12–17; 13:7). Pero el origen principal de juicio es la ira del Dios Todopoderoso sobre un mundo impío que rechaza a su Hijo (Apocalipsis 16:16–19; 11:18; 14:10, 19; 15:1–7). El propósito general de este período es un último llamado a la población del mundo para el arrepentimiento de sus pecados. Sin embargo, el propósito específico es preparar a Israel para el advenimiento público del Mesías cuando sea lamentado por la nación que le traspasó y le rechazó (Zacarías 12:10).

2. EL RETORNO DE CRISTO CON LA IGLESIA. ¿Dónde estará la iglesia durante el período antes expuesto? La Novia ha sido guardada de aquella hora de prueba la cual absorbió al mundo entero (Apocalipsis 3:10). Dios no ha puesto a la iglesia para ira (1 Tesalonicenses 5:9) y el período de tribulación es supremamente la hora de su gran ira sobre la tierra. Al final de estos siete años de tribulación, el Señor Jesús retornará a la tierra en forma visible y espectacular desde los cielos (Mateo 24:26–30). Su Novia le seguirá (Judas 14; 1 Tesalonicenses 3:13), como también los ángeles de Dios (2 Tesalonicenses 1:7). Sus pies se afirmarán sobre el mismo lugar donde ascendió al cielo, el Monte de los Olivos (Zacarías 14:4). Habrá gran juicio sobre los que rechazan el evangelio (2 Tesalonicenses 1:8, 9). El destruirá al anticristo (2 Tesalonicenses 2:8). La bestia y el falso profeta serán lanzados al lago de fuego (Apocalipsis 19:20, 21). Satanás será arrojado al abismo durante los próximos 1.000 años (Apocalipsis 20:2, 3). Israel será salvo (Romanos 11:25–27; Hechos 15:16; Zacarías 14:1–20; 12:7–9). El juzgará a las naciones, especialmente sobre la base de su trato con los creyentes en Cristo (Mateo 25:31–46). Habrá en la tierra un traslado selectivo de personas (Lucas 17:34–37). Los mártires de la tribulación serán levantados (Apocalipsis 20:4–5). Los santos del Antiguo Testamento serán levantados (Daniel 12:1, 2).

3. EL REINO TERRENAL ESTABLECIDO. El reino de Dios o de Cristo es aquel sobre el cual él reina y donde es aceptado como soberano justo. Hoy uno puede entrar a dicho reino recibiendo a Cristo como Señor y Salvador, y como Rey justo, siendo renacido en la familia de Dios (Juan 3:3–5). De este modo podemos ser parte de su reino eterno sobre el cual siempre ha gobernado (Salmos 10:16; 29:10; Jeremías 10:10; Lamentaciones 5:19). Pero el reino del mundo en el futuro debe convertirse en el reino de Cristo de modo que él pueda gobernar la tierra (Apocalipsis 11:15; Zacarías 14:9). El demostrará su gobierno perfecto sobre la tierra donde una vez fue rechazado. Este período de gobierno durará 1.000 años (Apocalipsis 20:2–6) y es comúnmente llamado el “milenio”, según la expresión latina de “1.000 años”. El mundo aún tiene que experimentar las siguientes condiciones mileniales: la guerra será terminada y las armas convertidas en instrumentos agrícolas (Miqueas 4:3, 4; Isaías 2:4); la tierra será llena del conocimiento de Dios como las aguas cubren la mar (Habacuc 2:14; Isaías 11:9); el dolor desaparecerá (Isaías 25:8), y será restituido por gozo perpetuo (Isaías 51:11; Jeremías 31:12); la violencia desaparecerá aun del reino animal (Isaías 65:25); un hombre de cien años de edad será considerado joven (Isaías 65:20).

El Señor Jesús es legítimamente el Rey de los judíos y gobernará sobre ellos en la tierra. Israel ocupará la disputada Tierra Santa desde el Nilo hasta el Eufrates (Génesis 15:18; Exodo 36:28; 37:25–28) y vivirán como un pueblo santo bajo el dominio del Señor. Serán una bendición para las naciones siendo soberanos sobre ellas (Zacarías 8:13, 22, 23; Romanos 11:12–15). Jerusalén será la capital del mundo (Isaías 2:2, 3; Jeremías 3:17). El mundo vendrá a rendir homenaje al Señor en aquella ciudad (Zacarías 14:16–21). El gobernará a las naciones con vara de hierro, esto es, con absoluta severidad (Apocalipsis 19:15). Su dominio será en todo el mundo. La justicia florecerá (Salmos 72:7–11). La nueva Jerusalén, asociada con la iglesia, rodeará toda la tierra (Apocalipsis 21:1, 2). El Templo, una vez más, será reconstruido sobre la tierra (Ezequiel 40:1–46:24). Toda la creación será libertada de la corrupción causada por el pecado y será gloriosamente hermosa (Romanos 8:19, 21).

Cristo renovará todas las cosas

1. LA ULTIMA REBELION Y JUICIO TERRENAL. Es difícil ver cómo pudieron desarrollarse el pecado y la rebelión, aun en el corazón humano, bajo condiciones ideales que se mencionan arriba. Sin embargo, durante el período milenial Dios demostrará una vez más que “el corazón es engañoso… y tremendamente perverso” (Jeremías 17:9). Dios permitirá que aquellos que nazcan en la generación milenial, y que no hayan rendido sus corazones a Cristo el Rey, se vuelvan contra él. El enemigo acérrimo de Dios será soltado del abismo temporalmente para ayudarles. “Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión. Y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió. Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 20:7–10). Este aterrador evento demuestra que Dios siempre juzga al impío, que no todos serán salvos, y que el castigo eterno no tiene punto de culminación.

2. EL JUICIO DEL GRAN TRONO BLANCO. Los no regenerados dejan esta vida y van directamente a un lugar de tormento (Lucas 16:22–24), así como los justos mueren y van a morar con el Señor (2 Corintios 5:6–8). Nuestro destino final depende de nuestra respuesta al Señor y al evangelio (Juan 3:18). Los justos no vendrán a condenación por sus pecados (Juan 5:24). Después que los impíos mueren deben venir a juicio (Hebreos 9:27). Este juicio se describe en Apocalipsis 20:11–15) y tiene lugar después de la última rebelión terrenal. Aquellos cuyos nombres nunca fueron escritos en el Libro de la Vida son convocados delante de un “gran trono blanco” para ser juzgados por Dios. Ellos verán y escucharán de sus pecados desde su nacimiento hasta su muerte pues están escritos en los registros de Dios. Luego serán lanzados al lago de fuego, que es la muerte segunda. Esto debe hacer temblar a todo el que no está en Cristo.

3. EL ESTADO ETERNO. Ahora las Escrituras miran más allá del juicio hacia el cielo nuevo y tierra nueva (Apocalipsis 21:1; 2 Pedro 3:13; Isaías 65:17; 66:22; cf. Mateo 24:35; Hebreos 1:10–12). Cristo hará que todas las cosas se sujeten a su Padre (1 Corintios 15:24–28). La justicia habitará para siempre en este reino eterno. El Señor garantizó a Israel que su estadía y existencia como nación sería para siempre. Esto demanda para su cumplimiento de una tierra eterna. (La iglesia de Cristo tiene sus promesas en la región celestial). La sección entre Apocalipsis 21:9 y 22:7 es debatida por muchos en cuanto a si habla de la Nueva Jerusalén durante el período milenial o durante el estado eterno arriba mencionado. Sea que la ciudad celestial exista sobre la tierra durante el período milenial o no, es claro que las condiciones descritas permanecen para siempre. Aunque su hermosura es descrita en términos terrenales, la esplendidez está evidentemente más allá de cualquier concepto humano. Aquí, en la Nueva Jerusalén, Dios habitará en medio de su pueblo.

Conclusión

Cada creyente en Jesucristo necesita vivir esta breve existencia presente a la luz de las realidades de la perspectiva eterna arriba bosquejada. El vivir para los afanes de hoy y no para Cristo y los valores eternos, es un acto de incredulidad. Por esta razón la Segunda Venida de Cristo es constantemente sostenida delante de los creyentes como un incentivo para vivir en santidad (Tito 2:12, 13; Judas 20, 21). Los primeros cristianos fueron instruidos a esperar el retorno del Señor con anhelo y espectativa, como algo que puede ocurrir en cualquier momento (1 Corintios 1:7; Filipenses 3:20; 4:5; 1 Tesalonicenses 1:10; 5:6; Santiago 5:9; 2 Timoteo 4:8; 1 Juan 2:28; Apocalipsis 3:3). La última oración de la Biblia invoca al Señor Jesús a que venga pronto (Apocalipsis 22:20). El Señor Jesús hizo la pregunta: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8). ¿Te encontrará viviendo la vida que él te ha llamado a vivir y esperando ansiosamente su venida?