11 TESTIMONIO PERSONAL

El juzgado es el lugar normal para el uso de términos como “testigo”, y “testificar”. Es en el tribunal de este mundo donde se usan estos mismos términos de los creyentes en Cristo, quienes testifican o confiesan su fe en Jesucristo como su Señor y Salvador. Pablo encargó a su joven discípulo, Timoteo: “Echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos. Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato” (1 Timoteo 6:12, 13). Confesar a Cristo es un gran privilegio que puede ser usado por Dios para llevar a otras personas hacia El. Puede ser también motivo de persecución e incluso de muerte. Las palabras “testigo” y “testificar” son traducciones de una palabra bíblica que se relaciona con nuestro vocablo castellano “mártir”. Se usa en las Escrituras en el sentido de los creyentes que testificaron de su fe hasta la muerte (Apocalipsis 2:13).

El Señor fue muy claro en su llamamiento a sus seguidores cuando les dijo que debían ser rectos en cuanto a la relación que tenían con El. “Todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios” (Lucas 12:8; cp. Mateo 10:32). El hecho de abrir nuestras bocas ante otros se relaciona incluso con la salvación misma. “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9). Nuestra adhesión al Señor no debería ser ningún secreto.

Contenido

Un buen testimonio incluye dos factores. En primer lugar, tiene que haber una autentificación de primera mano de un hecho. Ananías le dijo a Saulo de Tarso después de la conversión de éste: “Serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído” (Hechos 22:15). Un buen testigo de Jesucristo habla de cómo encontró a Cristo, de cómo su vida ha sido cambiada, y sobre qué autoridad hace la afirmación de que es un hijo de Dios. En segundo lugar, un testigo hace una solemne declaración bajo juramento en respuesta a una pregunta acerca de la verdad de un asunto. Al creyente se le dice: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). El apóstol Juan dio en su Evangelio testimonio de las cosas que él sabía que eran verdaderas (Juan 21:24). Pablo escribió para beneficio de los que dudaban de que él estaba testificando con verdad que Cristo había resucitado de entre los muertos. De lo contrario, hubiera aparecido como un falso testigo ante los ojos de Dios (1 Corintios 15:15).

El testimonio de un hijo de Dios empieza a menudo con el sentimiento de necesidad que le llevó a Cristo, y especialmente el problema del pecado. “Muchos de los que habían creído, venían confesando y dando cuenta de sus hechos” (Hechos 19:18). Estos hechos eran malos a los ojos de Dios. El Señor Jesús ha traído alivio a millones que estaban atrapados bajo un sentimiento de culpa, de vacío, de ausencia de significado, de falta de paz, de temor a la muerte y de soledad. El gozo y el verdadero significado de la vida, han tomado el lugar de todo lo anterior. Sin embargo, el propósito supremo de la venida de Jesús fue el de salvar a los pecadores (1 Timoteo 1:15), liberándolos de la ira que ha de venir (1 Tesalonicenses 1:10). Por eso, los creyentes testifican acerca de cuando oyeron el evangelio de salvación y lo creyeron (Efesios 1:13). Recibieron “redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7).

Todo buen testimonio está centrado en Cristo (Hechos 5:31, 32). Se llama, con toda justicia, “el testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 1:2, 9). Los creyentes del primer siglo daban un énfasis particular al hecho de que Cristo había resucitado de entre los muertos (Hechos 2:32; 4:33; 13:30, 31). Citaban tanto el cumplimiento profético como el testimonio de los testigos. Es importante relatar cómo Cristo ha cambiado nuestras vidas (1 Tesalonicenses 1:9; 1 Corintios 6:9–11). Pablo había sido un blasfemo y perseguidor de los cristianos (1 Timoteo 1:13). Después llegó a ser su principal líder. Con frecuencia, un buen testimonio da la oportunidad para desafiar solemnemente a los oyentes con respecto a la necesidad de “arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21). Recordemos que la oposición espiritual puede ser vencida por los creyentes mediante “la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos” (Apocalipsis 12:11).

Bosquejo general

1. TAL COMO SE VE EN LAS ESCRITURAS. El testimonio de Pablo en Hechos 26:1–29 constituye el ejemplo bíblico de un testimonio que trata con el antes, el cómo y el después de recibir a Cristo. Observe este orden en su apelación al rey Agripa:

a. Antes de recibir a Cristo (26:4–11). Pablo habla de sus antecedentes como religioso y de su resistencia a Cristo.

b. Cómo recibió a Cristo (26:12–18). Habla de cómo se encontró con Cristo en el camino de Damasco, cómo el Salvador le reprendió por sus pecados, y que a pesar de todo le llamó al servicio de aquel a quien él había perseguido.

c. Después de recibir a Cristo (26:19–23). Habla de los cambios en su vida y de cómo se transformó en un predicador, incluso entre aquellos compatriotas que procuraban matarle.

2. TAL COMO SE REFLEJA EN SU TESTIMONIO. Cuando dé su propio testimonio, trate de recordar ciertas cosas importantes:

a. Antes de recibir a Cristo. ¿Cuáles fueron los elementos en su vida anterior que le hicieron ver la necesidad de un cambio?

¿Cuáles de ellos son comunes también en otras personas?

b. ¿Cómo recibió a Cristo? Sea específico, de forma tal que los demás no consideren que esto no fue nada más que un vago cambio espiritual, sino realmente un encuentro con el Dios viviente. ¿Cómo, cuándo y dónde ocurrió esta experiencia?

c. Después de recibir a Cristo, ¿qué evidencias claras de una vida transformada tuvieron lugar? ¿Cuáles son los beneficios de ser creyente? ¿Qué es lo que mueve los sentimientos en los corazones de otros.

Guías generales para preparar el contenido

Se debieran observar los siguientes pasos:

1. Que el Señor Jesús sea el centro del testimonio. Hay que hablar acerca de lo que El ha hecho en nuestra vida.

2. Utilice la Palabra de Dios (Hebreos 4:12; Efesios 6:17). Mencione los versículos que Dios usó para tocar su conciencia. Esto dará autoridad y convencerá a los oyentes (Marcos 1:22).

3. Sea personal y amable, no artificioso y “sermoneador”.

4. Tenga cuidado con la utilización de ciertas frases religiosas y de una terminología cristiana desconocida para sus oyentes, como: “nacido de nuevo”, “arrepentimiento” e incluso la palabra “salvo”. Si las usa, defínalas.

5. Piense en elementos con los que la gente se pueda identificar con su historia.Ciertos detalles pueden ser interesantes. Utilice palabras que den una imagen vívida.

6. Concéntrece en los hechos, y no en las emociones. Esto constituye un buen testimonio.

7. Sea cortés con sus palabras (Lucas 4:22), no critique a otros grupos religiosos. Hable con humildad, no con arrogancia.

Pasos en la preparación

1. Ore pidiendo sabiduría y dirección para hablar con claridad acerca de su nueva vida en Cristo.

2. Conserve unas notas breves en tres hojas marcadas de la siguiente manera:

(1) Antes (2) Cómo (3) Después

3. Escriba un borrador extenso y básico usando las notas en las tres hojas de papel. (Debiera ser hecho como para una lectura máxima de diez minutos).

*4. Efectúe mejoras en el borrador. Evalúe su testimonio tomando en cuenta los comentarios de “Bosquejo general” y las siete “Guías generales”.

*5. Reduzca su borrador a una extensión máxima de lectura de unos cuatro minutos.

6. Prepare un bosquejo de su presentación en una tarjeta de 7,5 × 13 cm. Aprenda a dar su testimonio usando sólo este bosquejo.

7. Aprenda a dar su testimonio en tres o cuatro minutos sin necesidad de usar el bosquejo.

Ejercicio en la clase

La sesión de instrucción para esta lección será dedicada totalmente a compartir testimonios personales. Nos dividiremos en grupos de seis o menos. Cada persona dará su testimonio. Puede usar su bosquejo en la tarjeta de 7, 5 × 13 para refrescar la memoria. Quizás alguien prefiera leer el testimonio, pero es mejor usar sólo las tarjetas de 7, 5 × 13. Buscaremos sugerencias del grupo con respecto a cómo se podrían mejorar estos testimonios, abreviándolos, ampliándolos o tratando de darles mayor claridad, según sea el caso.