¿Está la persona promedio en peligro de perder su alma por toda la eternidad? El Señor Jesús dijo: “Estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:14). ¿Cuál es la condición de un amigo o de un vecino que no da evidencias de conocer a Cristo? “El que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18). Estas son palabras abrumadoras que no debieran dejamos ni pasivos ni silenciosos. ¿Cómo podemos reconciliarlas con la observación común de que quizás el 95% de todos los cristianos no comparten el evangelio con otros como una parte esencial de su llamamiento cristiano? El Señor Jesús dijo hace unos 2000 años: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos” (Mateo 9:37). El problema no es la ausencia de necesidad ni de oportunidad, sino la falta de obreros.
El interés del Señor Jesús por las almas de los hombres era tan grande que lloró sobre una ciudad que le había rechazado (Lucas 19:41, 42). El no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). El deseaba y desea que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4). Jesús dedicó su vida yendo de pueblo en pueblo predicando el reino de Dios. El fue el Gran Obrero Personal, ganando a la mayor parte de las personas individualmente, de acuerdo a lo que nos relatan los evangelios. El confrontaba a los que le oían con el terror de una eternidad sin Cristo, y les dijo que temieran al Dios que tenía poder para condenar a las almas en el infierno (Mateo 10:28).
Llamamiento a testificar
No hay ambigüedades en el llamamiento del Señor a sus seguidores: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” (Mateo 4:19). El quería que ellos echaran sus redes, y estaba más interesado en el mar de los hombres vivientes que en los peces (Lucas 5:4, 10). Los llamó a que salieran como granjeros espirituales. “Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna” (Juan 4:35, 36). Debían sembrar la Palabra de Dios en los corazones de los hombres (Marcos 4:14). Tenían que regarla con sus oraciones, y tenían que cosechar almas para el reino de Dios. Eran testigos en el tribunal de un mundo a menudo hostil (Hechos 1:8). El Espíritu de Dios les fue dado para capacitarles a hablar el mensaje de Dios a los perdidos. Así, los primeros creyentes salieron por todos los lugares, predicando la Palabra (Hechos 8:4).
Es asombroso que Dios confiara un trabajo tan crucial a hombres débiles. Leroy Eims escribe: “Dios hubiera podido escribir Juan 3:16 por el cielo cada día. O hubiera podido disponer las estrellas de forma que dieran este mensaje. En lugar de ello, El ¡nos ha asignado a nosotros la misión trascendente de comunicar el Evangelio!” El evangelio es una comisión sagrada (1 Tesalonicenses 2:4); debiera ser una preocupación constante y ardiente, un lema para nosotros de vida o muerte (Romanos 9:3). Los “redimidos del Señor” debieran “decirlo así”, y no mantenerse callados (Salmo 107:2). El hombre llamado Legión, manifestaba que estaba poseído por demonios con una vida salvaje entre las tumbas. Cuando fue salvo, el Señor Jesús le envió de inmediato como testigo (Marcos 5:19). Una mujer inmoral y no instruída en las Escrituras fue también salvada, y se transformó en su principal testigo evangelístico en una área extranjera (Juan 4:28, 29, 39). El hombre ciego, a quien Jesús sanó, no sabía mucho, pero podía decir: “Una cosa sé, que habiendo sido yo ciego, ahora veo” (Juan 9:25). No hay ningún versículo de las Escrituras que clasifique la confesión de Cristo como un don espiritual asignado a unos pocos, o a creyentes profesionalmente instruidos. Si no podemos hablar como un Pedro, entonces podemos llevar a otros a Jesús como un Andrés (Juan 1:40–42). Nadie puede alcanzar nuestro círculo particular de contactos de la misma manera que nosotros. Es nuestra responsabilidad advertir a aquellos que siguen viviendo en sus pecados.
Obstáculos a nuestro testimonio
Es evidente que hay poderosos obstáculos que detienen a muchos creyentes de la importante tarea a la que Dios los ha llamado.
1. TEMOR. Nos preocupamos ante el pensamiento de que vamos a ofender a alguien, a suscitar controversias, o que vayamos a ser llamados “fanáticos”. En algunas ocasiones estamos simplemente temerosos del posible fracaso. Pero las Escrituras nos dicen: “El temor del hombre pondrá lazo” (Proverbios 29:25). Detiene la bendición de Dios y se enfrenta a su frecuente exhortación: “No temáis”. ¿Qué podemos hacer? Podemos orar pidiendo valor (Hechos 4:29). Incluso un hombre como Pablo sabía lo que era el temor con respecto a hablar a otros y Dios bendijo su determinación de testificar (1 Corintios 2:3). Otros creyentes se alientan cuando nosotros mostramos valor (Filipenses 1:14). El valor actúa a pesar del temor.
2. FALTA DE PODER. Si nuestra vida no demuestra el evangelio de Cristo, entonces no triunfaremos (Filipenses 1:27). El Señor no quería que sus seguidores trataran de dar testimonio sin el poder del Espíritu en sus vidas (Lucas 24:49). El testimonio de los creyentes piadosos es “en demostración del Espíritu y de poder” (1 Corintios 2:4).
3. FALTA DE INSTRUCCION. El Señor pasó mucho tiempo instruyendo a sus discípulos. Si nos sentimos incapaces y no sabemos qué pasaje de las Escrituras utilizar, podemos desalentarnos, y dejar de esforzarnos. Por eso, nos corresponde tener un testimonio personal bien preparado. Debiéramos memorizar unos cuantos versículos prácticos del evangelio en los que sea claro el mensaje de salvación. Una sencilla secuencia que se puede usar, es la que sigue:
a. Dios nos ofrece la vida etema (Juan 5:24).
b. Todos somos pecadores (Romanos 3:23).
c. La muerte es la paga del pecado (Romanos 6:23).
d. Todos los hombres son llamados a arrepentirse de sus pecados (Hechos 3:19).
e. Cristo llevó nuestros pecados en la cruz (1 Pedro 2:24).
f. Cristo es Dios manifestado en came (Juan 1:1, 14).
g. La salvación es por la gracia, no por obras (Efesios 2:8–9).
h. Recibir a Cristo es tener la vida eterna (1 Juan 5:11–12).
i. Somos invitados a recibirle (Juan 1:12).
j. Debemos confesar a Jesús como Señor (Romanos 10:9–10).
k. Podemos saber que tenemos la vida eterna (1 Juan 5:13).
4. FALTA DE ACCION. Esta puede persistir después de que las otras faltas hayan sido corregidas. Por lo general, los nuevos convertidos dan testimonio más fervientemente en los primeros días que posteriormente cuando han aprendido más. La demora innecesaria en actuar es representada en Eclesiastés 11:4: “El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará”.
El testimonio de la Palabra
Dar testimonio requiere hablar a otros acerca de Cristo. Esto es lo que podemos hacer para empezar:
1. ¡ENTUSIASMESE CON JESUCRISTO! hable con entusiasmo de Jesucristo a otras personas. Aunque El es la persona más discutida en toda la historia, es también la más fascinante. El debe ser nuestro tema principal de conversación.
2. TOME LA INICIATIVA. Jesús no esperaba que la gente viniera a El (Lucas 19:10). El iba a muchos hogares y comunidades para hallar a almas perdidas. Trate de formar puentes de comprensión con otras personas y de conversar libremente con ellas. Interésese en ellas.
3. ESTABLEZCA INTERESES COMUNES. Tenemos que aprender a ser buenos oidores. Se puede hallar terreno común que no nos implique ni con el mundo ni con sus contaminaciones. En el mundo ocurren constantemente acontecimientos importantes que pueden darnos oportunidades para hablar de Cristo. Las aspiraciones o necesidades de las personas suelen también ser buenas ocasiones para dar testimonio de nuestra fe.
4. ORE PIDIENDO LA GUIA DEL SEÑOR. Dios quiere conducirnos a almas necesitadas (Hechos 8:26–39). Cada persona es importante para Dios, y El puede enviar obreros a una gran distancia para hablar, aun cuando sea sólo a una persona (Juan 4:3–7). ¡Ore para ganar por lo menos a un alma para Cristo!
5. USE LA PALABRA DE DIOS. La semilla es la Palabra. Es el medio por el que los hombres nacen de nuevo (1 Pedro 1:23). Tenemos que proclamarla a otros (Filipenses 2:16). Dios se encargará de que consiga sus propósitos (Isaías 55:10, 11).
6. COMPARTA SU TESTIMONIO PERSONAL. Tiene que estar seguro con respecto a su propia salvación, y ser capaz de explicarla con claridad a otros. Escríbalo, ensáyelo y después úselo. La siguiente lección de este curso tiene como objeto ayudarle en este sentido.
7. UTILICE BUENAS PREGUNTAS. Este era el método del Señor Jesús. Pregunta: “¿Tiene usted interés en las cosa espirituales?”. Los que usan cuestionarios en la obra de contactos generales pueden decir algo así: “Estamos hablando acerca de cómo Jesucristo tiene que ver con la vida de los hombres en la actualidad. ¿Tiene usted unos pocos minutos?” Sondee sus actitudes acerca de qué es lo que está sucediendo en el mundo en la actualidad, y a dónde está dirigiéndose. Por ejemplo uno de los temas sobre el que se habla mucho es de si hay vida después de la muerte.
El testimonio de la vida
Nuestro testimonio no está confinado a las palabras, sino que se extiende a la vida que llevamos. Dijo el Señor: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). La queja acerca de que hay “demasiados hipócritas en la iglesia”, es una de las más comunes objeciones contra el cristianismo. Aunque a menudo se trata sólo de una excusa, y no de la verdadera razón para no ser cristiano, podemos estar de acuerdo en que si hay tan sólo un hipócrita en la iglesia, ya hay uno de más. Jesucristo también expresó su desaprobación contra los hipócritas religiosos (Mateo 23:13–29). Tenemos que llevar vidas tales que los otros no puedan decir nada malo acerca de nosotros (Tito 2:8; 1 Pedro 3:16).
Aunque todos los creyentes están llamados a testificar, no todos se han puesto a disposición de Dios para llegar a ser el tipo de persona que Dios usa. Estos rasgos de vida debieran ser muy evidentes en nosotros:
1. UNA VIDA QUE DIOS ESTA ALIMENTANDO. El ser fructífero depende de permanecer en Cristo, la Vid verdadera, recibiendo diariamente de El. “Separados de Mí nada podéis hacer”, dijo el Señor (Juan 15:5). Un elemento clave para recibir de Cristo es una vida devocional diaria y fructífera. La Palabra de Dios tiene que morar abundantemente en nosotros (Colosenses 3:16).
2. UNA VIDA QUE DIOS ESTE CONTROLANDO. La plasticidad es la mejor cualidad que puede tener el barro en manos del Alfarero (Jeremías 18:6). Con el Espíritu de Cristo controlando nuestras vidas, seremos usados con poder al hablar a otros acerca del Señor.
3. UNA VIDA DEDICADA A LOS DEMAS. Las personas son impactadas cuando el Espíritu brota de nuestras vidas como un río (Juan 7:38). El testimonio eficaz “es el rebosamiento de la vida de Cristo.” Las acciones diarias de bondad impresionan a los otros más que citar versículos o que el hacerles saber acerca de nuestros programas. Tenemos que estar a disposición de las personas, no aislarnos de ellas (Lucas 15:1, 2). Cristo estaba consciente de sus problemas, enfermedades y dolores. El les ministró comida, sanidad y consolación, mientras seguía sembrando la semilla de la Palabra de Dios (Mateo 13:37).
Son muchas las personas que conocen los hechos acerca de Cristo. Sin embargo no han experimentado la salvación que El ofrece. Creer en Cristo demanda una consagración que nos lleva a una relación viva con una persona verdadera. Los inconversos no se dan cuenta de esto. Queremos compartir a Cristo como el camino de vida. Lo conseguiremos plenamente cuando El sea una parte vital de nuestra vida. De hecho, Cristo es nuestra vida (Colosenses 3:4).
Conclusión
Nuestra mayor motivación a compartir nuestra fe debiera ser el amor a Cristo (2 Corintios 5:14). El murió por nosotros y nos dio un mandato que debe movernos a la acción. Nuestra siguiente motivación debiera ser el amor hacia los demás. Ambas cosas están ligadas en Mateo 22:37–39. Sin embargo, si precisamos de más motivos podríamos considerar este reto procedente de un incrédulo: “Si yo de verdad creyera de una manera firme y coherente, como millones dicen que lo hacen, que el conocimiento y la práctica de la religión en esta vida influencian el destino en la otra, la religión sería el todo para mí. Dejaría a un lado los goces de la tierra como basura, las preocupaciones terrenas como insensateces y los pensamientos y los sentimientos terrenos como menos que vanidad. La religión sería mi primer pensamiento al despertar y mi última imagen cuando el sueño me llevara a la inconsciencia. Trabajaría sólo por esta causa. No trabajaría por la comida que perece, ni por los tesoros de la tierra, sino sólo por una corona de gloria en las regiones celestiales donde las riquezas y la felicidad se hallan fuera del alcance del tiempo y de los azares. Consideraría que una sola alma ganada para el Cielo vale la pena una vida entera de sufrimiento… Lucharía para tener en cuenta solamente la eternidad y las almas inmortales que están a mi alrededor, que pronto habrían de ser o eternamente desgraciadas o eternamente felices. Consideraría como locos a todos los que pensaran sólo en este mundo, tratando de aumentar la felicidad temporal, y trabajando para obtener bienes temporales. Saldría al mundo y le predicaría, a tiempo y fuera de tiempo; y mi texto sería: ¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”
