“MAS YO ESTOY ENTRE VOSOTROS COMO EL QUE SIRVE,” dijo nuestro Señor (Lucas 22:27). “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). El Padre dijo de Jesús por boca de Isaías: “he aquí, mi Siervo” (Isaías 42:1).
En el mundo hay una constante lucha por la preeminencia. Se compite por tener el primer lugar, por ser exaltado. La meta es ser el más distinguido, el jefe de todos. Jesús formó y enseñó un nuevo camino revolucionario. Mientras que los discípulos disputaban entre sí sobre quién habría de ser el más grande, Jesús les corrigió explicándoles: “Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos” (Marcos 9:35).
Haciéndose grande por medio del servicio
“El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor”, exhortó Jesús, “y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos” (Marcos 10:43, 44). El concepto de servir es tan radical que está mencionado en los cuatro evangelios. (Mateo 20:25–28; Marcos 9:33–35; 10:35–45; Lucas 22:24–27; Juan 13:1–17). Cada aspecto de la vida de Jesús demostró servicio. Pero, aunque el tema es vital, es difícil de entenderlo.
1. LOS DISCIPULOS PUGNARON POR LA GRANDEZA. Hubo entre los discípulos una disputa sobre quién de ellos sería considerado el mayor (Lucas 22:24). Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se atrevieron a pedir que en la gloria se les concediera sentarse el uno a la derecha de Jesús y el otro a su izquierda (Marcos 10:35–37). Sin embargo él no se sorprendió de tal petición, y así les explicó, “Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas; y sus grandes ejercen sobre ellas potestad” (Marcos 10:42). Pero el reino de Dios no es como el reino del mundo. Jesús es el supremo en el reino de Dios, sin embargo, él vino no para ser servido, “sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). El hizo una pregunta escudriñadora, “¿Cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lucas 22:27). Jesús mismo era un siervo. ¿Deberían sus seguidores buscar la preeminencia? “El siervo no es mayor que su Señor, ni el enviado es mayor que el que le envió” (Juan 13:16).
2. JESUS FUE EJEMPLO DE SERVICIO. En la última Pascua, Jesús tomó la humilde actitud de lavar los pies de los discípulos. Luego explicó: “vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:13–15). Aunque Jesús era Dios, él puso a un lado sus privilegios como Dios cuando dejó el cielo para tomar la forma de hombre. A él no le importó sus derechos personales. El fue agobiado por un mundo perdido. Se humilló a sí mismo hasta el punto de la muerte para beneficio del pecador. Se dio completamente por otros. Por el sacrificio de Jesús, Dios el Padre “le exaltó hasta lo sumo y le dio un Nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9). Eligió el último lugar para sí, pero será elevado al primer lugar por toda la eternidad.
Sirviendo a Dios al servir a otros
Un poderoso llamado en la vida de un cristiano es el de servir a Dios sirviendo a otros. Pablo proclamó: “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús” (2 Corintios 4:5). El alabó a las iglesias de Macedonia quienes “a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios” (2 Corintios 8:5). Es más fácil pensar en servir a Dios, a quien no hemos visto, que en servir a las personas a quienes vemos a diario. De igual manera, somos amonestados a ministrar “a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10).
1. LA ACTITUD DE UN SIERVO. El servicio comienza en el corazón. Un siervo es aquel que toma para sí un lugar inferior, de modo que pueda concentrarse en las necesidades de otros. El está dispuesto a realizar el trabajo sucio, las tareas humildes, la labor poco notable. Sus acciones no son motivadas por “ambición egoísta o vanidad engañosa”. El siervo se interesa más en las necesidades de otros que en las suyas propias (Filipenses 2:3, 4). La motivación de su servicio es el amor (Gálatas 5:13).
2. LAS ACCIONES DE UN SIERVO. Nosotros somos llamados a servir a los líderes espirituales y a los creyentes en la iglesia (Romanos 16:1). Somos exhortados a hacer bien a todos, especialmente a los de la familia de la fe (Gálatas 6:10). Es necesario efectuar la ayuda práctica entre aquellos que están necesitados física o espiritualmente (Proverbios 31:20). El servicio puede implicar riesgo personal, como sucedió con Aquila y Priscila (Romanos 16:4) y Epafrodito (Filipenses 2:25–30). Puede demandar la inversión de nuestro tiempo y posesiones. La mujer Sunamita hizo un aposento especial para el profeta Eliseo (2 Reyes 4). Epafras fue un siervo fiel que animó a otros a crecer en la fe de Cristo y en el amor por todos los santos (Colosenses 1:7). Dorcas fue una discípula que abundó en “buenas obras y en limosnas que hacía” (Hechos 9:36). Entre otras cosas cosía túnicas y vestidos para las viudas. El servicio también implica sumisión a la autoridad señalada por Dios. José fue mencionado por su servicio dependiente y fidedigno a sus supervisores (Génésis 39). El realizar una buena labor en el trabajo es una forma escencial de servicio (Efesios 6:5–8).
Sirviendo de una manera fiel
En las Escrituras abundan los ejemplos de aquellos que fueron siervos fieles de Dios y de su pueblo. La fidelidad es una de las cualidades más deseadas en un siervo (Lucas 16:1–12). Es un requisito previo para las ocasiones futuras (Mateo 25:24–30). La fidelidad implica servicio seguro, leal y fidedigno hacia otros.
1. EJEMPLOS DE SIERVOS FIELES. Josué llegó a ser un gran líder en Israel, pero primero fue siervo de Moisés (Exodo 24:13). Fue calificado para ser el líder cuando Moisés murió (Josué 1:5) porque le sirvió fielmente (Josué 11:15). Asimismo, Eliseo ministró a Elías durante seis años, y cuando Elías fue trasladado, Dios honró a Eliseo como heredero del oficio profético (2 Reyes 2:9–11). Timoteo sirvió al apóstol Pablo “como un hijo sirve a su padre” (Filipenses 2:22). Cuando Pablo hubo terminado su vida y ministerio, Timoteo continuaría la obra que el apóstol había comenzado.
2. EJEMPLOS DE SIERVOS INFIELES. A otros se les conoce en las Escrituras por su servicio infiel. Saúl fue infiel en cumplir las labores que se le delegaron (1 Samuel 15:1–3, 20, 21) y así, Dios quitó el reino de él (1 Samuel 15:26) porque fue reacio a su Palabra. Absalón pareciá ser fiel pero no lo era. Fue rebelde en servir a su padre el rey. Quería para sí la lealtad y el afecto del pueblo (2 Samuel 15:1–6). Demas, ayudante de Pablo, empezó bien pero acabó mal. Para él los asuntos de este mundo fueron más importantes que servir (2 Timoteo 4:10). ¿Qué es lo que le impide a usted ser fiel en el servicio para Dios? Un ejemplo alentador nos da esperanza. Hay posibilidad de cambiar. Juan, quien tenía por sobrenombre Marcos, viajó como siervo de Pablo y Bernabé, pero se apartó de ellos en Panfilia (Hechos 15:38). Más tarde se le dio una segunda oportunidad y fue defendido por Bernabé quien deseaba llevarlo para el servicio del Señor (Hechos 15:39). Aunque Marcos fue infiel al principio, más tarde demostró fidelidad.
Conclusión
Las retribuciones del servicio son numerosas. Por nuestro servicio fiel podemos más tarde recibir más grande responsabilidad como fue el caso de Josué (Josué 4:14) o percibir frutos espirituales como sucedió con Aquila y Priscila (Hechos 18:26–28; 1 Corintios 3:6). Pero lo más importante de todo es que las lecciones que aprendamos en el servicio serán de importancia eterna. Nuestro desempeño como siervos será evaluado por el mismo Señor Jesús en el llamado Tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10). Allí se examinarán no nuestros pecados, por los cuales él ya pagó, sino nuestra vida y servicio; entonces se nos darán recompensas si hemos sido fieles a él. Dios espera que todos sus siervos tengan frutos. Leemos que aun delante del trono eterno de Dios y del Cordero, “Sus siervos le servirán” (Apocalipsis 22:3). El servicio es una labor eterna, digna y bendecida por nuestro Señor. En sus manos no perderá recompensa. ¿De qué manera le ha llamado Dios para su servicio? ¿A quién está sirviendo? ¿Será usted un hombre como Saúl, fluctuante; o como Demas, un desertor; o como Absalón, un egoísta? ¿O será como Josué, un hombre laborioso; o como Eliseo, un hombre esforzado; o como Timoteo, un siervo aprobado? Jesús prometió una gran bendición a todo el que le sirve fielmente. “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará” (Juan 12:26).
