Uno de los rasgos notables de la iglesia primitiva o apostólica fue la extensa participación y función espiritual dentro del cuerpo de creyentes. La Palabra no fue ejecutada sólo por los apóstoles, o por un pequeño grupo de “clérigos” adiestrados. Un examen de pasajes como Hechos 2:46, 47; 5:13, 14; 6:2–6; 8:4 indica que muchos creyentes estuvieron involucrados en la proclamación del evangelio y en otras actividades. Durante este período hubo una gran multiplicación de creyentes y un fervor espiritual considerable. Esta amplia participación fue una de las principales causas del esparcimiento de la fe cristiana por todo el mundo civilizado.
En nuestros días se ve un redescubrimiento de esta visión de la participación personal de cada miembro y, por tanto, un retorno a la práctica del Nuevo Testamento. Al mismo tiempo se ha originado un crecido interés en la doctrina de los dones espirituales. Cuando Jesús ascendió a los cielos dio estos dones a sus seguidores (Efesios 4:8, 11). El propósito fue “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:12). Los dones tienen que ser utilizados para el crecimiento del pueblo de Dios a fin de que puedan hacer la obra del ministerio. Pablo utilizó la ilustración del cuerpo humano y sus partes cuando enseñó esta doctrina en 1 Corintios 12. El buen funcionamiento del cuerpo requiere que cada parte o miembro cumpla su labor designada. Ningún cuerpo podría trabajar bien si todo él fuera boca o manos. Dios ha dado algo a cada creyente a fin de que lo use para el beneficio de otros y la gloria de Dios y así poder cambiar tanto nuestras vidas como las de los demás.
Naturaleza de los dones
1. DEFINICION. Los dones espirituales son capacidades dadas por Dios para el servicio espiritual, extraordinariamente concedidos sólo a los creyentes. Nuestra palabra castellana viene de dos palabras griegas principales. Una es carismata, que nos da la palabra “carismático”. La raíz es caris, que es la palabra que corresponde a “gracia” o “favor inmerecido”. La otra es pneumatika, que significa “espiritualidades” o “algo que viene del Espíritu”, indicando que su fuente es Dios, perteneciendo al dominio del Espíritu.
Los dones se diferencian de los talentos naturales, aunque ambos tienen su origen en Dios y en ciertos casos pueden trabajar juntos. Los talentos naturales vienen del primer nacimiento o nacimiento natural. Los dones vienen del segundo nacimiento. Cuando los dones espirituales son correctamente desarrollados y ejercitados, algo sobrenatural ocurre. Hay un impacto sobre la voluntad y el crecimiento cristiano de otro creyente. Tocar instrumentos, cantar, hacer obras artísticas son talentos de Dios, pero no están considerados como dones espirituales. El inconverso también puede tenerlos. Los dones también se diferencian del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22, 23). El fruto procede del interior, pertenece al carácter y es parte del proceso de crecimiento de todos los creyentes. A diferencia de los dones espirituales, cada cualidad del fruto del Espíritu está disponible a todos los creyentes.
2. FUENTE. Todo don bueno y perfecto proviene de Dios (Santiago 1:17). Es así con los dones espirituales. Puesto que Dios es uno, los dones vienen del Padre (Romanos 12:3), el Hijo (Efesios 4:8), y del Espíritu (1 Corintios 12:11). Todo creyente recibe de Cristo uno o más dones (Efesios 4:7, 8; 1 Corintios 12:7; 1 Pedro 4:10). No existe un solo creyente que no haya recibido un don. En este sentido, todos los creyentes son “carismáticos”, se den cuenta o no. El cuerpo de creyentes no puede ser dividido bíblicamente entre grupos “carismáticos” y “no-carismáticos”, aunque esto es ampliamente practicado en el mundo cristiano. Los dones no son propiedad de unas cuantas personas clasificadas. La solidez de esta verdad nos recuerda nuestra responsabilidad de avivar el don que hay en nosotros y hacer uso de él (2 Timoteo 1:6). No debemos descuidarlo.
¿Qué es lo que determina el don que recibimos? Algunos creyentes señalan 1 Corintios 12:31 y 14:1 como una indicación de que esto depende de nuestra aspiración y solicitud a Dios. Sin embargo la primera referencia usa el pronombre plural en vez del singular y evidentemente está dirigido a la iglesia en conjunto poniendo especial estimación o deseando los dones más importantes para el cuerpo local, tales como el don de profecía. Los dones provienen de la gracia de Dios y no son una recompensa por la santidad o el esfuerzo (Efesios 4:7). Es la sabiduría de Dios, y no la nuestra, la que gobierna el repartimiento de dones. ¿Somos suficientemente sabios para instruirle en cuanto a nuestro lugar conveniente en su cuerpo?
3. PROPOSITO. El momento de esta provisión está relacionado con la ascensión del Señor Jesús después de su resurrección. Es particularmente su provisión para la iglesia. La formación de la Iglesia en el día de Pentecostés hace patente que ésta es una nueva provisión para los creyentes, que no estaba disponible en las generaciones anteriores. Los dones son para edificar a otros creyentes de modo que puedan hacer la obra del ministerio (1 Corintios 14:12, 26; Efesios 4:12); para promover el crecimiento en unidad y amor (Efesios 4:16); para ayudar en el cuidado de otros (1 Corintios 12:25, 26; 1 Pedro 4:9, 10); y para glorificar a Dios, especialmente en el ministerio de la Palabra (1 Pedro 4:11). En este aspecto no hay insinuación de autoprogreso, autoedificación o autoconsideración como una meta. Los dones tienen que ser dirigidos a otros. ¿Pero, en 1 Corintios 14:4 acaso no dice que las lenguas son para la edificación de uno mismo? Este versículo es una comparación entre el don de profetizar para la edificación de la iglesia y la práctica de los corintios del hablar en lenguas. La comparación aquí pone en un lugar de menos importancia al don de lenguas. El versículo no declara que la autoedificación es el propósito de cualquier don espiritual. La edificación de uno mismo es un producto secundario. Los dones son para la edificación de otros.
Clasificación de los dones
Los estudiosos de la Biblia no concuerdan en cuanto al número exacto de dones. Se reconocen tan pocos como nueve y tantos como veintidós. Además, no hay un acuerdo respecto a que si los dones que figuran en las Escrituras representan una lista completa o no. Muchos creen que se mencionan sólo los dones principales, pero, que podrían haber otros que no estén anotados en las Escrituras. Observemos las siguientes listas de dones:
1 Corintios 12:8–10
Palabra de sabiduría Apóstoles
Palabra de conocimiento Profetas
Fe
Sanidad
Profecía
Discernimiento
de espíritus
Lenguas
Interpretación
de lenguas
1 Corintios 12:28
Apóstoles
Profetas
Maestros
Milagros
Sanidades
Socorro/ayuda
Gobierno (administración consejería sabia)
Lenguas
Romanos 12:6–8
Profecía
Servicio
Enseñanza
Exhortación
Presidir (dirigir)
Misericordia
Efesios 4:11
Apóstoles
Profetas
Evangelistas
Pastores
1 PEDRO 4:11
Hablar
Servir
La pregunta con respecto a que si algunos dones desaparecieron de la escena con la iglesia apostólica es intensamente discutida. Muchos escritores conservadores creen que los dones relacionados con señales, tales como el de sanidad, fueron principalmente para los tiempos de los apóstoles. Otros niegan esto con firmeza diciendo que la prueba no tiene fundamento bíblico. Muchos líderes han sostenido que son apóstoles de Dios, y que poseen los poderes y autoridad de los doce apóstoles del principio. Pero, el don de apostolado podría estar con nosotros hoy sólo en el sentido secundario de la palabra, puesto que hoy ninguno podría ser testigo de Cristo resucitado como se requería de los apóstoles en ese tiempo (1 Corintios 9:1; Hechos 1:21, 22). El asunto de que si algunos dones aún permanecen con nosotros o si otros han sido ahora añadidos, todavía está en debate. Está fuera del campo de esta lección.
Se han usado diferentes formas de clasificar los dones. Ejemplo: (1) de acuerdo a su naturaleza (hablar, servir, profetizar); (2) según su esfera (iglesia en general o iglesia local); (3) según sus aspectos (motivaciones, ministerios, manifestaciones); (4) según su duración (permanente o temporal). En el apéndice B se da una descripción de los dones, clasificados según su naturaleza.
Utilización de los dones
Cada uno de nosotros es responsable de actuar como un siervo de la iglesia utilizando sus dones. El Nuevo Testamento no presenta el cuadro de unos cuantos obreros haciendo la mayor parte del servicio para Dios mientras que otros simplemente asisten, gozan del ministerio y ayudan un poco financieramente. Recuerde la parábola de los talentos y nuestro juicio venidero delante de Dios (Mateo 25:14–29). Cada cristiano tiene que estar activamente involucrado en un cuerpo de creyentes y desempeñar un ministerio de acuerdo al plan de Dios. ¿Cómo estamos funcionando en cuanto a esto?
1. DESCUBRIMIENTO DE LOS DONES. Esto no es directamente ordenado en las Escrituras. Sin embargo, hay muchos mandatos a servir al Señor en la comunión de su iglesia. De este modo podemos comenzar sirviendo en la forma que podamos. No necesitamos esperar hasta que descubramos nuestro don particular antes de servir. Nosotros somos llamados a funcionar en muchas áreas, sin necesidad de tener el don requerido. Estas áreas abarcan el servicio (Gálatas 5:13), exhortación (Hebreos 10:25), repartición (2 Corintios 9:7), fe (2 Corintios 5:7), evangelismo (Hechos 1:8), discernimiento de espíritus (1 Juan 4:1), enseñanza (Tito 2:4) y pastoreo (1 Corintios 12:25). La bendición especial de Dios en una de estas áreas de ministerio es una muestra de don espiritual. Pero, ¿quién atribuiría la fe, la repartición y el socorrer a otros sólo a los que tienen tales dones? Hemos visto que una persona puede tener más de un don por ejemplo: Pablo y Felipe. En todo caso, no debe haber ocasión para pedir superioridad espiritual (1 Corintios 12:21–24)
2. DESARROLLO DE LOS DONES. Esto viene normalmente cuando estamos usándolos en una forma activa para Dios. Ellos no son concedidos en su completo florecimiento. El progreso en el uso de los dones espirituales está gobernado por los mismos principios que gobiernan todas las áreas del desarrollo espiritual. El mandato de presentar nuestros cuerpos a Cristo para su servicio a fin de que podamos ser un sacrificio vivo le antecede a un pasaje acerca de los dones (Romanos 12:1, 2). La recomendación de andar como es digno de nuestro llamado le antecede a otro pasaje semejante (Efesios 4:1). Factores como la obediencia, la oración efectiva, el estudio diligente de la Palabra, el compartir nuestra fe, la comunión activa en la iglesia local y el deseo de hacer la voluntad de Dios ocasionan el desarrollo de nuestro(s) don(es). No existen métodos cortos o procesos rápidos para desarrollar dones. Como en otras áreas de progreso espiritual, debe haber un crecimiento gradual.
3. INDICACIONES PARA EL RECONOCIMIENTO DE LOS DONES. Las siguientes indicaciones pueden ser útiles:
a. Dedíquese a otros. Los dones espirituales se ministran a otros, particularmente en su edificación a fin de que ellos también puedan servir en el cuerpo de Cristo (Efesios 4:12). No se concentre en sí mismo.
b. Busque “puertas abiertas” al servicio (Gálatas 6:10). No espere descubrir su don antes de servir. Quizás no haya sido lo que tenía en mente, pero, hay una necesidad y usted podría hacerlo, si se lo propone. Cuando las necesidades y oportunidades abundan, no es espiritual el estar esperando “descubrir primero mi don”. Jesucristo dijo: “Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lucas 22:27).
c. Ore pidiendo oportunidades para servir al Señor Jesús. No espere que alguien venga y lo solicite. Perseverar en oración es parte de tomar la completa armadura de Dios (Efesios 6:18). Pídale a Dios sabiduría (Santiago 1:5) para que entienda en qué area él desea usarle. Repase la lista de dones y trate de encontrar alguna oportunidad para servir. No menosprecie su capacidad de hacer lo que Dios ha puesto para usted. Aprópiese de su gracia (2 Corintios 12:9).
d. Pida el consejo de creyentes maduros que le conozcan (Proverbios 11:14). Comúnmente no somos los mejores jueces de nuestro propio don (1 Corintios 14:29). Nuestros deseos personales pueden estar en total desacuerdo con el propósito del Espíritu. Por ejemplo muchos predicadores capacitados evaden la completa idea de predicar. Por otra parte, muchos buscan con insistencia el púlpito cuando su ministerio obviamente está situado en otro lugar. Acepte el consejo. Reconozca la falta de oportunidades.
e. Sirva activamente. La actividad puede conducirle al descubrimiento de su don (2 Timoteo 1:6; 1 Timoteo 4:14). No necesitamos “huir de la presencia de Dios” cuando servimos donde podemos y donde es necesario. ¿Está dispuesto, o trata de evitar responsabilidad? ¿Es usted fiel en los deberes actuales?
f. No espere un desarrollo instantáneo. El crecimiento es la forma bíblica de desarrollo en casi todas las áreas de la vida cristiana (2 Pedro 3:18). Un don no salta a la vida completamente desarrollado. Es usual ver los principios difíciles, poco impresionantes y los desánimos consecuentes, pero, tenga cuidado de los juicios prematuros ya que pueden interrumpir áreas de crecimiento.
Su vida puede ser un depósito dinámico de potencial reservado para Dios. Puede servir públicamente o en forma anónima. Puede servir en un ministerio humilde como el de socorrer a otros, o en un ministerio compasivo, como el de misericordia. En estas áreas parece que las oportunidades nunca terminan. En todo caso, comprométase usted mismo a usar lo que Dios le ha dado y ejercítelo en la gracia de Dios. No descuide su don. ¡Ejercítelo!
