08 EL SIGNIFICADO DE LA CRUZ

La cruz es el gran símbolo de la fe cristiana. Fue sobre una cruz donde murió nuestro Salvador. Dios ha ordenado la “predicación de la cruz” (1 Corintios 1:17–18). Se ha enseñado a millones de personas que Cristo murió en la cruz por nuestros pecados. Pero, ¿qué significa esto? ¿Por qué fue necesario? ¿Qué se consiguió con esto? Estas preguntas dejan frecuentemente en un mar de confusiones a los que profesan ser cristianos.

La necesidad de la Cruz

¿Por qué fue necesaria la muerte de Cristo sobre la cruz? Considere lo siguiente:

1. DIOS ES JUSTO Y SANTO (1 Pedro 1:16; Isaías 6:2–3). Nada que contamine puede entrar en su presencia (Apocalipsis 21:27).

2. EL PECADO TIENE QUE SER JUZGADO (Romanos 2:3, 12). El no puede tener por inocente al malvado (Exodo 34:7; Job 10:14). Todo el mundo es culpable delante de Dios (Romanos 3:19). El pecado demanda la pena capital, la pena de muerte (Romanos 6:23).

Tiene que cumplirse la sentencia. El problema que Dios resolvió fue cómo podía ser enteramente justo y al mismo tiempo justificar al pecador (Romanos 3:26). ¿Cómo podían la justicia y la verdad de Dios quedar reconciliadas con su misericordia?

El principio de la sustitución

Cuando una persona o una cosa toma el lugar de otra, a ello se le llama sustitución. La sustitución de animales en lugar del pecador era una forma de acceso a la presencia de Dios en el Antiguo Testamento. El cordero de la Pascua era sacrificado a la muerte como protección frente al juicio de Dios (Exodo 12:3–17). Fueron millones los sacrificios que de esta manera se ofrendaron a Dios, en obediencia a su mandato. Estas ofrendas hacían lo que se llamaba “expiación” (Levítico 5:10). Esto significaba que el pecado quedaba “cubierto” por la muerte de la víctima inocente.

Es importante señalar aquí que Juan el Bautista saludó públicamente a Jesús como el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Vio en Jesús a aquel que sería la verdadera víctima que iba a ser sacrificada y hacia quien habían estado señalando todos los anteriores sacrificios. El iba a ser el Sustituto final y verdadero. Los profetas predijeron claramente que el Mesías sería herido por Dios por causa de los pecados de otros, y que así llevaría El la pena de ellos (Isaías 53:4–6). El punto central de la proclamación cristiana es que “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:3).

Las Escrituras que enseñan esta muerte vicaria (sustitutoria) debieran ser cuidadosamente estudiadas (Romanos 5:6–8; 1 Pedro 2:24; 3:18). El Salvador tomó el puesto del pecador. El justo tomó el lugar del injusto. El inocente tomó el lugar del culpable. La muerte de Jesús no fue meramente un ejemplo. La exigían nuestros delitos (Romanos 4:25). Fue conforme al consejo de Dios (Hechos 2:23). Fue una víctima voluntaria, y nadie le arrebató la vida (Juan 10:17–18). Se dio a sí mismo por nosotros (Gálatas 1:4), fue hecho pecado por nosotros (2 Corintios 5:21). Fue hecho maldición por nosotros (Gálatas 3:13). Así fue como Jesús nos compró, o redimió (1 Pedro 1:18–19; Mateo 20:28). El hizo la paz mediante la sangre de su cruz (Colosenses 1:20). El pecador ha sido justificado, o declarado justo, y ha sido reconciliado a Dios por la muerte de Jesús (Romanos 5:9–10).

La perfección del sacrificio

Sacrificio es un término repetidamente utilizado en la Biblia, y se halla en el núcleo del mensaje cristiano. La muerte sacrificial del Señor Jesús puede ser considerada de varias maneras.

1. SACRIFICIO CRUENTO (Hebreos 9:22). Sin derramamiento de sangre no hay remisión, o perdón de pecados.

2. SACRIFICIO HUMANO (Hebreos 9:12–14; 10:4). Sólo un hombre puede morir en lugar de otro hombre para satisfacer la justicia de Dios.

3. SACRIFICIO SIN TACHA, SIN PECADO (Hebreos 4:15; 1 Pedro 1:19; Juan 8:29, 46). Sólo aquel que no tenía pecado podía morir por los pecados de otros.

4. SACRIFICIO DIVINO (Hebreos 1:1–3; Colosenses 2:8–9; 2 Corintios 5:19). El purificó nuestros pecados. Nadie sino Dios puede hacer tal cosa (Isaías 43:25).

5. SACRIFICIO DE AMOR (Efesios 5:25; Apocalipsis 1:5). La cruz es la expresión sublime y total del amor de Dios hacia los pecadores.

6. SACRIFICIO SUFICIENTE (1 Juan 2:2; Hebreos 10:14). El satisfizo total y cumplidamente, de una manera definitiva, toda demanda de la perfecta justica.

La obra acabada

El Señor Jesús dijo al Padre: “He acabado la obra que me diste que hiciese” (Juan 17:4). Sobre la cruz, su grito final, exultante, fue “¡Consumado es!” (Juan 19:30). ¿Cuál fue la gran obra que vino El a consumar? “El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). “El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14). Su misión era la de “salvar a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Considere cuán plenamente consumó El la obra que vino a hacer:

1. Cumplió plenamente las demandas de la ley contra nosotros (Romanos 8:3–4).

2. Nos ha justificado de todas las cosas de las que por la ley de Moisés no podíamos ser justificado (Hechos 13:39).

3. Nos liberó de toda condenación (Romanos 8:1).

4. Su propia justicia y santidad quedaron satisfechas (Salmo 85:10).

5. Su obra es suficiente para salvar a todos los pecadores (1 Juan 2:2; Juan 1:29; 12:32). Pero no puede surtir efectos a no ser que los pecadores vayan a El (Mateo 23:37).

6. El ha “ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio” (Hebreos 10:12). Nadie debiera atreverse a sugerir la más ligera adición a su obra consumada sobre la cruz. Es la única y todosuficiente base para quitar nuestros pecados.

La prueba de la aceptación

La consecuente proclamación de la iglesia primitiva era que Dios había resucitado a Jesús de entre los muertos. Sobre esta base, se llamaba a los hombres a que creyeran en El (Hechos 2:24, 32; 3:15, 26; 10:40).

1. El resucitó según las Escrituras (1 Corintios 15:4). Al hacer esto, cumplió una profecía milenaria (Salmo 16:10; Hechos 13:35–37).

2. Resucitó de acuerdo a sus propias palabras (Mateo 12:39–40; 16:21; Lucas 18:31–33). Especificó además cuál sería el día exacto de su resurrección (Mateo 27:63).

3. Resucitó a pesar de la guardia romana que vigilaba su tumba. Se hicieron todos los esfuerzos posibles para impedir una mera pretensión de resurrección (Mateo 27:63–66). Fue visto por muchos testigos (1 Corintios 15:5–8).

4. Resucitó por el poder de Dios, y demostró convincentemente que todo lo que El había dicho y hecho, había sido plenamente aceptado por Dios (Romanos 1:3–4; Efesios 1:19–20).

5. Resucitó debido a que su resurrección es esencial para nuestra justificación (Romanos 4:25).

La grandeza de esta obra no elimina la necesidad de la respuesta del ser humano. Los seres humanos no se salvan universalmente, ni de forma mecánica. Todos los individuos tienen que dar su respuesta a Jesucristo y a sus demandas (Juan 3:18; Hechos 3:19).