El Espíritu de Dios es la provisión poderosa del Cristo resucitado con el fin de que su pueblo viva la vida a la que son llamados a vivir en la tierra. “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Juan 7:38, 39). Así fueron provistos el poder y la sabiduría de Dios para morar en nosotros. Como un asesor, él animaría, guiaría, enseñaría, capacitaría e intercedería por nosotros, así como Jesús lo hizo cuando estuvo en la tierra. El sería “otro Consolador”, como aquél que anduvo por la Tierra Santa y ministró incansablemente tanto a sus discípulos como a las almas necesitadas. Es una Persona, no una influencia ni una energía cósmica mística, ni una parte iluminada del hombre. Es Dios en nosotros.
La obra del Espíritu comienza aún antes de que la persona llegue a ser nacida de nuevo. Cuando Pedro predicó su famoso sermón en el día de Pentecostés el cual llevó cerca de 3.000 almas a la conversión, hubo un profundo impacto por medio del ministerio del Espíritu. “Al oir esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:37, 38). Lo que el pueblo experimentó se llama convicción de pecado. Sin ella no hay posibilidad de arrepentimiento, la cual el Señor Jesús dijo sería escencial para que no perecieran (Lucas 13:3). El ministerio del Espíritu es convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8). El también ha venido a regenerar el alma del hombre caído y a darle vida eterna (Juan 3:3–8; Tito 3:5).
Lo que hace el Espíritu en el nuevo nacimiento
1. MORA. El Señor Jesús prometió que una vez que viniese el Espíritu Santo moraría en los creyentes a fin de estar con ellos para siempre (Juan 14:16, 17). Esta morada permanente es evidente sólo desde Pentecostés y se afirma repetidas veces (Romanos 8:11; 2 Timoteo 1:14; 1 Corintios 2:12; Gálatas 4:6; 1 Juan 3:24; 4:13). Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no pertenece a él (Romanos 8:9). Sólo lo inconversos no poseen el Espíritu (Judas 19). El Espíritu se recibe en el nuevo nacimiento. Su morada convierte al cuerpo de cada creyente en el templo de Dios (1 Corintios 6:19, 20). Hoy, Dios habita en las personas, no en edificios.
2. SELLA. Cuando alguno cree en el evangelio de salvación, es sellado con el Espíritu Santo (Efesios 1:13). El Espíritu Santo nos sella hasta el día de la redención cuando Cristo retorne por sus santos (Efesios 4:30). Esto indica la permanencia del verdadero renacimiento. Es el sello de propiedad de Dios (2 Corintios 1:22). Esta misma palabra se usa en referencia a la guardia romana que selló la tumba de Cristo (Mateo 27:66) e indica la seguridad de un verdadero creyente en Cristo.
3. GARANTIZA. La palabra “arras” se traduce también como “depósito”, indicando una prenda como garantía de que el trato de la salvación será cumplido por Dios (2 Corintios 1:22; 5:5; Efesios 1:14). Cada creyente ha sido comprado con la preciosa sangre de Cristo y será reclamado por él en su venida. El Espíritu no se apartará del creyente, ni le desamparará (Hebreos 13:5). Esto es completamente diferente a la obra del Espíritu antes de Pentecostés.
4. UNGE. En el Antiguo Testamento los reyes y sacerdotes eran ungidos con aceite para indicar de esta manera su consagración al servicio de Dios. Los creyentes de hoy son ungidos con el Espíritu a fin de ser apartados para sus propósitos sagrados. Jesucristo ha hecho de los creyentes reyes y sacerdotes para Dios (Apocalipsis 1:6). Por lo tanto, todo creyente es ungido de Dios, y no solamente algunos predicadores con poder o habilidades espirituales especiales (1 Juan 2:20).
5. BAUTIZA. Juan el Bautista utilizó este término para predecir la actividad futura del Espíritu Santo (Marcos 1:7, 8; Juan 1:33). Cristo repitió la profecía en Hechos 1:5 para aclarar que esto ocurriría pronto, en el día de Pentecostés (Hechos 2). Ninguna persona puede identificarse como haber sido bautizada por, en o del Espíritu antes de Pentecostés. De este modo Pentecostés cumplió la primera profecía del Señor (Juan 7:39; 14:16–20). La única Escritura que trata doctrinalmente del bautismo del Espíritu es 1 Corintios 12:13 donde se nos dice que por el Espíritu fuimos todos bautizados en un Cuerpo. En otra parte el Cuerpo es identificado como la Iglesia (Efesios 5:23, 30–32), formada en el día de Pentecostés. Esto indica que el bautismo del Espíritu nos une al Cuerpo de Cristo, y todos los cristianos han sido incluidos. El bautismo del Espíritu es una acción que ocurre una sola vez y tiene lugar en el nuevo nacimiento.
En ninguna parte de las Escrituras se le exhorta al creyente a buscar el bautismo en el (del) Espíritu. En Hechos 2 los 120 creyentes permanecieron en el piso superior “esperando” la venida del Espíritu. Su espera no ocasionó que el Espíritu descendiera, ni tampoco fue para ellos una muestra de logro espiritual. Todos recibieron el bautismo en conjunto. En las Escrituras no se ha visto ni un sólo creyente buscando algún medio espiritual para recibir el bautismo del Espíritu o alguno de los dones espirituales. El creyente no es exhortado a realizar esto ni tampoco es instruido para hacerlo. Los samaritanos (Hechos 8:14–20), gentiles (Hechos 10) y discípulos de Juan (Hechos 19:1–6) recibieron el Espíritu en conjunto, de acuerdo a la voluntad de Dios y no porque lo buscaron.
Aún permanece la pregunta respecto a por qué hubieron tres bautismos separados para los grupos arriba mencionados. ¿Por qué no recibieron ellos el bautismo cuando lo recibió el pueblo en el día de Pentecostés? Los primeros creyentes en Cristo fueron judíos. A ellos se les mostró que también a los gentiles se les daría plena participación en el Cuerpo. Además, se les mostró que un grupo menospreciado y aborrecido llamado samaritanos sería igualmente recibido. Este cuerpo completo de samaritanos fue introducido a la Iglesia como un grupo. Las señales sobrenaturales fueron para demostrar su aceptación delante de Dios como un pueblo, que de otra manera, no sería recibido como cristianos completos. Los samaritanos no pueden ser propiamente usados como un ejemplo de los cristianos que hoy carecen del Espíritu Santo y necesitan buscar “el bautismo” individualmente. De la misma manera, los discípulos de Juan el Bautista no fueron cristianos hasta que como a grupo se les dio el Espíritu por la imposición de manos por los apóstoles en medio de señales sobrenaturales. Ningún creyente de hoy ha sido bautizado con el bautismo de Juan, ni tampoco puede decir que ni siquiera ha oído del Espíritu Santo.
Por estas consideraciones podemos decir que los creyentes llamados “pentecostales” o “carismáticos” entienden el bautismo en-por-con el Espíritu en una forma completamente diferente. Ellos insisten en que el bautismo es una experiencia espiritual más profunda, posterior y distinta a la salvación, generalmente manifestada por el hablar en lenguas. Ellos incitan a otros, aún a los incrédulos en algunos casos, a buscar “el bautismo”, usualmente por medio de la solicitud del don de “lenguas”. Las lenguas son manifestadas frecuentemente en la iglesia o en algún otro lugar y luego se dan las instrucciones para recibir el don. Las experiencias excitantes se citan como prueba de la doctrina. Los servicios públicos de sanidad también se usan como evidencias de apoyo. Sin embargo, existen diversos problemas en el uso que le dan a las Escrituras con respecto al bautismo del Espíritu.
a. Ellos confunden libremente e intercambian las palabras que no son sinónimas. “Llenura del Espíritu”, como se menciona en Efesios 5:18; es interpretada como “bautismo”. Sin embargo, la expresión correcta es “estar contínuamente lleno” y no se refiere a un evento en particular como el bautismo. Lo que es más, la llenura ocurrió antes de la institución del bautismo. La llenura se repite con la misma persona (Hechos 2:4; 4:8, 31). El bautismo es un evento único. Los creyentes son exhortados a ser llenos del Espíritu. Ningún creyente en Jesucristo es exhortado a buscar el bautismo del Espíritu, o a pedir el don de lenguas. La confusión de términos se hace posible por el hecho de que la llenura y el bautismo sucedieron simultáneamente en el día de Pentecostés.
b. Ellos consideran a los samaritanos, a los gentiles y a los discípulos de Juan como un ejemplo de los creyentes sin poder en las iglesias de hoy, quienes aún siendo salvos, no han experimentado el bautismo del Espíritu. Ellos ignoran totalmente el escenario histórico en Hechos y la necesidad de acreditar estos grupos en una forma pública. Asimismo, ignoran la falta de instrucción para buscar el bautismo del Espíritu en cualquiera de las epístolas, particularmente en los pasajes referentes a la vida espiritual.
c. La Biblia no divide el Cuerpo de Cristo en grupos “carismáticos” y “no-carismáticos”. La Escritura no enseña que hay dos bautismos: uno en Cristo (conversión) y otro en el Espíritu (posterior a la salvación).
Lo que el Espíritu manda al creyente
1. DEFINICION DE LLENURA. Nosotros somos instados a “ser llenos del Espíritu” (Efesios 5:18). El verbo “ser lleno” indica una acción continua en la vida del creyente, no una experiencia particular. Entendiendo cómo se usa la palabra “lleno” en otras partes de las Escrituras, entenderemos también lo que significa ser llenos del Espíritu. Por ejemplo, la palabra “lleno” se usa para expresar una emoción dominante así como estar lleno de cólera, miedo, ira, pesar, gozo, envidia o asombro. También expresa la idea de saturación, así como una esponja con vinagre, una casa impregnada de un aroma o una ciudad con cierta enseñanza. También se usa para expresar una cualidad dominante, así como estar lleno de engaño, gracia o verdad. La suma de estas aplicaciones, así como la aplicación especial en relación con el Espíritu, hace patente que una vida diaria poderosa controlada por el Espíritu de Dios es lo que se quiere dar a entender al decir ser llenos del Espíritu. El término “llenura” significa “control”. No significa obtener más del Espíritu Santo.
2. IMPEDIMENTOS PARA LA LLENURA. Cualquier factor que impida la obra espontánea de Dios en nuestras vidas es contraria a la llenura del Espíritu. Resistir abiertamente al Espíritu parece ser especialmente la actividad de los incrédulos (Hechos 7:51). Una iglesia entera puede apagar al Espíritu, como el agua al fuego, como también quienes la dirigen (1 Tesalonicenses 5:19). Los creyentes consagrados tienen que evitar las acciones que contristan al Espíritu (Efesios 4:30). La palabra contristar indica la sensibilidad del Señor hacia la conducta impropia y carnal. El Espíritu no obrará con poder y bendición cuando se le trata de esta manera.
3. NATURALEZA DE LA LLENURA. Puesto que la bendición y el poder de Dios dependen del control o llenura del Espíritu, ¿Cómo podemos experimentar la llenura? Debe reconocerse que el Espíritu es soberano y sus obras pueden estar fuera de la habilidad humana. Esto se ilustra con el caso de Juan el Bautista quien fue lleno del Espíritu Santo aun antes de nacer (Lucas 1:15). El Señor Jesús, como el Hombre Perfecto, siempre estuvo lleno del Espíritu (Lucas 4:1). La llenura ocurre cuando buscamos vivir, actuar o hablar bajo la dirección de Dios, sin necesidad de buscar la experiencia de la llenura en sí. Por ejemplo, cuando los apóstoles oraron pidiendo denuedo para hablar de la Palabra de Dios, en medio de gran oposición, fueron llenos del Espíritu y testificaron con gran poder. La llenura no fue algo extraño. Fue un requisito para la obra de los diáconos (Hechos 6:3) y estuvo presente en la vida de todo creyente consagrado (Hechos 11:24). En algunas oportunidades se manifestó en formas sorpresivas. Pablo estuvo lleno del Espíritu para denunciar el pecado de un hombre impío (Hechos 13:9). El propósito de la llenura del Espíritu es el cumplimiento de los propósitos de Dios, y no las ambiciones del hombre. El Espíritu toma posesión de nosotros, y no nosotros de él. Dirige nuestras vidas libremente para hacer la voluntad de Dios, no para afirmar superioridad espiritual.
4. CONDICIONES PARA LA LLENURA. Las condiciones en la mayoría de los casos parecen estar relacionadas a la respuesta de nuestras almas para la obra de Dios a medida que él nos conforma a la imagen de Cristo (Romanos 8:29; Gálatas 4:19). Una vida llena del Espíritu es consecuencia de:
a. La abundante morada de la Palabra de Cristo (Colosenses 3:16 cf. Efesios 5:18 s).
b. Considerarnos muertos al pecado y vivos para Dios (Romanos 6:11).
c. La presentación de nuestros cuerpos a Cristo para sus propósitos (Romanos 12:1, 2; 6:13).
d. La obediencia al Señorío de Cristo (Lucas 6:46; Juan 14:21).
No podemos supeditarnos a efectuar una especie de oración establecida o seguir un ritual de la iglesia esperando conseguir de ello la llenura del Espíritu, mientras pasamos por alto el estudio de la Palabra adhiriéndonos a los hábitos corruptos. La llenura o control del Espíritu es el efecto de una viva relación con Dios, no la búsqueda de una experiencia.
5. RESULTADOS DE LA LLENURA. El efecto del Espíritu sobre nuestras vidas depende de nuestra disposición para su ministerio. Una vida controlada por el Espíritu es aquella en la que los creyentes crecen en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo (2 Pedro 3:18), y no una espiritualidad instantánea causada por una experiencia.
Los resultados de la llenura se ven en muchas de las expresiones prácticas listadas debajo:
a. Cambio de carácter o “fruto del Espíritu” (Gálatas 5:22, 23).
b. Aprendizaje espiritual, especialmente de la Palabra de Dios (Juan 16:12–15; 1 Juan 2:27; 1 Corintios 2:9, 10).
c. Conocimiento y ejecución de la voluntad de Dios (Romanos 8:14; 12:1, 2).
d. Vida de oración efectiva (Efesios 6:18; Romanos 8:26, 27).
e. Denuedo en testificar (Hechos 4:29–31).
f. Resultar de bendición para otros (Juan 7:38, 39).
g. Abundancia de adoración, cántico, alabanza (Efesios 5:19).
h. Una vida centrada en Cristo (Gálatas 2:20).
Lo que el Espíritu hace para el creyente
Hay otros ministerios específicos del Espíritu los cuales incluyen:
1. GLORIFICAR A CRISTO. El ministerio especial del Espíritu no es el de engrandecerse delante del creyente sino el de magnificar a Cristo ante éste (Juan 16:14).
2. ENSEÑAR. Si tenemos que aprender algo de la Palabra o acerca de los caminos del Señor, debe ser mostrado por el Gran Iluminador, el Espíritu Santo (1 Juan 2:27; 1 Corintios 2:9–14).
3. GUIAR. Si andamos sin dirección somos espiritualmente ciegos. El puede ponernos en la senda correcta mientras esperamos en él y escuchamos su consejo, ya sea dado espiritualmente o por medio de sus siervos (Juan 16:13; Proverbios 3:5, 6).
4. AFIRMAR. La Palabra es el fundamento de nuestra salvación, pero la convicción íntima viene del testimonio del Espíritu a nuestro espíritu (Romanos 8:16; 1 Juan 3:24; 4:13; Gálatas 4:6).
5. ROGAR. Cuando no estamos orando correctamente, el Espíritu intercederá con lo que es necesario (Romanos 8:26).
6. SANTIFICAR. El es un Espíritu de santidad. Su misma presencia en nuestros cuerpos nos incentiva a la santidad (1 Corintios 3:16, 17) y nos habilita para una vida santa.
Conclusión
La vida cristiana es una relación personal con Dios sobre la base de una vida día tras día con él. El objeto de nuestra fe es el Señor Jesucristo. Cuando le hacemos Rey de nuestra vida y vivimos bajo su señorío, rendidos a su completa voluntad, el Espíritu de Dios controla nuestras vidas y nos conduce por las sendas que honran a Dios. Tal relación produce los benditos frutos del Espíritu, los cuales son: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22, 23). La única forma de salir victoriosos en nuestro diario vivir es cuando lo hacemos buscando glorificar al Señor Jesús y siendo sumisos a él.
