08 CITA CON DIOS

“COMO EL CIERVO BRAMA POR LAS CORRIENTES DE LAS AGUAS, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” (Salmo 42:1, 2). “De madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela” (Salmo 63:1). La sed de Dios y el anhelo de tener comunión con El, era el conmovedor clamor del salmista en su devoción a Dios. ¿Qué mayor comunión puede haber que la del Señor de la vida y de la gloria? ¿Qué mayor privilegio puede haber que un encuentro con Dios y estar en comunión con El? Se ha dicho bien que si amas a una persona, quieres pasar tiempo junto a ella. Los que profesamos amar al Señor difícilmente podemos dejar de pasar tiempo con El. Las premuras de la vida diaria estrujan nuestras vidas de una manera implacable con demandas incesantes. Quedamos agotados por múltiples ocupaciones, y dejamos de echar mano de nuestras riquezas en Cristo Jesús. Nuestro andar diario exige una cita con Dios como un tiempo consagrado, y que no puede ser pasado por alto. Si hemos hecho la cita con Dios, El nos estará esperando.

Tiempo y lugar

1. ¿CUANDO DEBERIAMOS IR A EL? Cada vez que nos asalten problemas de cualquier tipo, El estará cerca (Salmo 20:1; 46:1). No hay ningún instante en el que no podamos clamar a nuestro Padre. Sin embargo, ha sido muy antigua la práctica de los piadosos de acercarse a Dios en tiempos dispuestos de antemano. Pueden ser tan frecuentes como la mañana, el mediodía y el atardecer (Salmo 55:17; Daniel 6:10). Pueden tener lugar incluso a medianoche (Salmo 119:62). Sin embargo, durante el día estamos generalmente muy ocupados y el cansancio nos quita nuestras fuerzas a la noche. La mejor preparación para el día es asegurarnos que hemos visto el rostro de Dios antes de que veamos el rostro de los hombres. Los hombres de Dios con frecuencia le buscaban temprano. “Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré” (Salmo 5:3). “Despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios” (Isaías 50:4b). “Me anticipé al alba, y clamé” (Salmo 119:147). Era por la mañana que los hijos de Israel eran convocados por el Señor a recoger el maná, el pan celestial que debía sustentarles a través del día (Exodo 16:21). El mejor de todos los comienzos es el comienzo con Dios.

2. ¿DONDE DEBERIAMOS ENCONTRARNOS CON DIOS? Dios está a nuestra disposición en todas partes. Nuestra tarea es hallar un lugar para encontrarnos con El sin interrupciones ni distracciones. En su vida terrena, nuestro Señor buscaba este lugar. “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35). Con frecuencia oraba a solas en los montes (Mateo 14:23). Por nuestra parte, una habitación o un rincón de la cocina pueden estar tan bien como la cumbre de un monte. Lo que precisamos es estar a solas con El para brindarle nuestra atención personal.

Propósito del encuentro

¿Qué es lo que vamos a buscar? Básicamente, deseamos buscarle a El. La comunión con Dios es principalmente para el propósito de profundizar nuestras raíces en El. Idealmente, debiera ser un tiempo de agradecimiento, de comunión, de dirigir los afectos de nuestro corazón hacia El, así como para recibir instrucción de su Palabra. Esta actitud puede fortalecernos espiritualmente. Puede ayudarnos a conocer su voluntad para nuestras vidas. Es bueno pasar tiempo delante de El y rehusar terminar hasta que verdaderamente hayamos tenido nuestro encuentro con El, y haber obtenido su bendición (Génesis 32:26). Nada que podamos hacer para Dios o para otros podrá tomar el lugar de su bendición. Por ello, no debiéramos entrar apresurados en su presencia, ni salir de su presencia con premura. El enemigo de nuestras almas se opondrá violentamente a nuestros esfuerzos de mantener una vida devocional disciplinada. El sabe el beneficio que otorga a las vidas de los devotos, y cómo su ausencia es en detrimento de las vidas de los que están espiritualmente extraviados.

La comunión con Dios es una carretera de dos vías. Cuando meditamos en la Palabra de Dios, El nos habla. Cuando levantamos nuestras manos en oración, le hablamos a El. Ambas actividades forman parte de nuestro tiempo con Dios. Incluso el esperar en silencio en El puede sernos de ayuda para oír su voz.

1. ESCUCHE A DIOS. El Señor Jesús dijo que el hombre debe vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4). Si esto es así, entonces se le debe dar a Dios la oportunidad de hablar a nuestras almas, de ligar nuestro propio ser al suyo, a su voluntad, a sus caminos. Para evitar saltar indisciplinadamente pasajes desconectados de la Biblia, es preciso leer ordenadamente los capítulos y los libros de la Biblia. Necesitamos leer lenta y cuidadosamente, meditando los pasajes y teniendo en consideración el contexto. Es particularmente útil tomarnos tiempo para meditar en algún pensamiento o versículo en el que Dios nos esté hablando (Salmo 119:15, 23, 48, 78, 97). La lectura de una sección hecha con lentitud, incluso leyéndola dos veces, será de ayuda para que quede grabada en nuestras mentes. Esto nos preparará para hacer varias preguntas al pasaje: ¿Qué es lo que el pasaje nos dice? (Observación) ¿Qué es lo que significa el pasaje? (Interpretación) Compruebe el significado de palabras difíciles que no comprenda. ¿Cómo se aplica el pasaje a mi vida? (Aplicación). Recuerde siempre que el objetivo de Dios para nuestras vidas es la conformación de nuestro carácter al de Cristo (Romanos 8:29).

En su libro “Manna in the Morning”, (Maná por la mañana) Stephen Olford señala cuatro propósitos significativos del tiempo devocional diario. La salud espiritual (1 Pedro 2:2), la purificación espiritual en un mundo de contaminación (Salmo 119:9; Juan 15:3; 17:7), el consejo espiritual (2 Timoteo 3:16; Salmo 73:24) y el conflicto espiritual (Efesios 6:17). La asimilación eficaz de la Palabra y su aplicación personal pueden ser reforzadas mediante un libro de notas devocionales en el que señalamos la fecha, el texto y el versículo clave en el que Dios nos habló. Luego, la aplicación es de mucha utilidad cuando es específica y no general. Dios abre los ojos de aquellos que están dispuestos a obedecer todo aquello que El les quiera mostrar (Salmos 119:18).

2. HABLE CON DIOS. La oración es acercarse a Dios por la fe para hablarle con honradez y sencillez. No debiera ser una formalidad ni una repetición de palabras previamente elaboradas (Mateo 6:7). Un comienzo excelente es hablar con alabanza y adoración acerca de las excelencias personales de Dios (adoración). Esto debiera hacernos recordar nuestra necesidad de aprender más acerca de sus atributos. Podemos expresar nuestra gratitud por sus muchas bendiciones, tanto espirituales como materiales (acción de gracias). Somos invitados a traer delante de El las necesidades de otros (intercesión). Aquí es de utilidad tener una lista de oración que debe ser mantenida al día. Esta puede ser dividida para no intentar cubrir cada petición el mismo día. El metodo de Stephen Olford, usa cada día para una necesidad específica. Por ejemplo, el lunes para los misioneros, el martes para la acción de gracias por las bendiciones y las respuestas a la oración, el miércoles por los obreros en el orden local o nacional, el jueves por las tareas del ministerio o del trabajo, el viernes por la familia, el sábado por los creyentes en sus necesidades especiales, y el domingo por la salvación de quienes aún no conocen a Cristo. Algunos creyentes guardan un espacio para anotar las respuestas a sus peticiones. También hay lugar para la confesión. Finalmente, las peticiones por las necesidades personales, sean pequeñas o grandes (Filipenses 4:6–7).

Puntos para recordar

1. Tenga un tiempo regular y en un lugar tranquilo. Programe el tiempo. Busque la manera de poder orar en voz alta sin molestar a otros. Empiece con un tiempo más bien corto (20 minutos), y auméntelo gradualmente.

2. Procure tener todos los materiales necesarios (Biblia, cuaderno de notas, lápiz. Los libros devocionales son útiles, pero no deben ser usados como sustitutos de un estudio independiente y consecutivo de la Biblia. Prepare un plan para ir a través de toda la Biblia. No intente leer más de las Escrituras que lo que pueda digerir espiritualmente. Por lo general es suficiente una docena de versículos o un capítulo.

3. Acuéstese temprano. Estar despierto hasta altas horas de la madrugada, nos roba parte de nuestro vigor cuando nos levantamos. No se quede un par de minutos más para dormitar. Levántese, lávese, y esté alerta.

4. Pídale a Dios que le hable y que le manifieste su presencia.

5. Esté a la expectativa; escuche a Dios. Evite que su mente divague. Piense en el Señor, en lugar de preocuparse por usted mismo.

6. No se apresure. Medite acerca de lo que está leyendo. Preste atención a lo que Dios quiere mostrarle.

7. Anote sus pensamientos en su cuaderno de notas. Haga notas para seguir el estudio o para una lista de oración. Procure compartir sus pensamientos con un amigo o un compañero de oración.

Olford dice que el tiempo devocional con Dios “es absolutamente vital para una vida de espiritualidad constante, de eficacia y amor. Es el barómetro de la vida cristiana.”

¿Ha hecho una cita para encontrarse con Dios cada día? ¿La mantiene con fidelidad? ¿Puede tener victoria en su vida espiritual sin apartar un tiempo a solas con Dios?