Cuando el apóstol Pablo se encontró con algunos de los discípulos de Juan el Bautista en Efeso, les preguntó: “Recibísteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo” (Hechos 19:2). Hoy la mayoría de cristianos profesantes han oído del Espíritu Santo pero no saben mucho acerca de él o de los ministerios que desempeña. Igualmente, los discípulos del Señor tuvieron poco entendimiento del Espíritu Santo. El Señor les presentó al Espíritu Santo en una forma sorprendente. “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7). Este Consolador o Ayudante Divino era nada menos que el Espíritu Santo (Juan 7:39). El Señor Jesús consideró que la venida del Espíritu compensaría la partida del Salvador en presencia física.
La Biblia dice que en el principio “El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1:2). El “Espíritu de Dios” es más que una expresión de Dios generalizada, aún en el Antiguo Testamento, donde se ve que el Espíritu de Dios frecuentemente se diferencia en sus ministerios. En efecto, el Nuevo Testamento es el lugar donde el único Dios verdadero es visto más claramente como tres personas distintas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14; Lucas 3:21, 22; Efesios 4:4–6; Juan 14:16). En esta consideración debemos reiterar la enseñanza de las Escrituras.
1. Hay un sólo Dios (1 Timoteo 2:5; Marcos 12:29; Efesios 4:6).
2. Hay pluralidad dentro del único Dios (Génesis 1:26). El habla de sí mismo en forma pluralizada. Uno de sus nombres en el Antiguo Testamento es el plural Elohim, usado cerca de 2.600 veces.
3. La pluralidad de Dios es demostrada en tres Personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (1 Pedro 1:2; Judas 20, 21). Cada una de estas Personas es enteramente Dios. El Padre es Dios (1 Tesalonicenses 1:1; 2 Pedro 1:17). El Hijo es Dios (Juan 1:1, 14; 20:28; Romanos 9:5; Colosenses 1:15; 2:9; Hebreos 1:8). El Espíritu es Dios (Hechos 5:3–4; 2 Corintios 3:17).
Imagine esta relación como triángulo, representando al trino Dios. El triángulo representa al único Dios. Los tres lados representan respectivamente al Padre, al Hijo y al Espíritu. Cada lado se diferencia del otro, sin embargo cada uno es parte del triángulo que representa al único Dios. La Escritura revela maravillosamente que las tres Personas actúan recíprocamente (Hebreos 1:8). Nuestras mentes finitas pueden tener dificultad en comprender tal ministerio que no se compara a nuestra experiencia u observación. Pero debemos aceptar lo que Dios ha manifestado con respecto a él mismo, podamos o no entenderlo totalmente. 51
La deidad del Espíritu
Las siguientes son pruebas adicionales de que el Espíritu Santo es Dios:
1. TIENE LOS NOMBRES DE DIOS, estando también co-identificado con él. Es llamado Dios (Hechos 5:3, 4). Es el Espíritu del Señor (2 Corintios 3:18), el Espíritu de Dios (Romanos 8:14), y el Espíritu del Padre (Mateo 10:20). El está identificado con los nombres de Dios en el Antiguo Testamento, Jehová y Adonai (Compare Hechos 28:25 con Isaías 6:1–13; también Hebreos 10:15–17 con Jeremías 31:31–34). El también es el Espíritu de Cristo (Romanos 8:9) y el Espíritu de Jesucristo (Filipenses 1:19), demostrando la unidad de la naturaleza divina, así como la distinción de Personas.
2. TIENE LOS ATRIBUTOS DE DIOS. Es eterno (Hebreos 9:14), posee vida inherente (Romanos 8:2), es omnisciente (1 Corintios 2:10, 11), y omnipresente (Salmos 139:7–10) para mencionar aquellas cualidades divinas más evidentes.
3. TIENE COMPLETO HONOR AL IGUAL QUE DIOS. Hablar contra él es hablar contra Dios (Mateo 12:31, 32). Pecar contra él es pecar contra Dios (Hechos 5:3, 4). Profanar el templo donde él habita es profanar el templo de Dios (1 Corintios 3:16, 17).
La personalidad del Espíritu
Cuando se aplica la palabra “persona” al Padre, al Hijo y al Espíritu significa que cada uno tiene las tres cualidades de personalidad. El Espíritu Santo tiene intelecto (1 Corintios 2:10, 11). El conoce verdaderamente las cosas. Tiene emociones (Efesios 4:30). Puede ser afligido. Tiene sentimientos personales. Tiene voluntad (1 Corintios 12:11). El decide los dones espirituales que dará a los creyentes. “Persona” también significa que cada uno se distingue íntimamente del otro dentro de la unidad del Dios único. Pero no significa que cada uno es una Persona diferente en el sentido de que hay tres dioses. Recuerde la ilustración del triángulo dada anteriormente.
Es importante notar que los pronombres personales se usan en alusión a él (Juan 15:26; 16:13–14). El Espíritu es “El” y no “el” (como si fuera simplemente una influencia o fuerza impersonal).
Nuestra relación con el Espíritu es muy importante. Debemos estar conscientes de él en una forma considerada, y no escasa, ignorándole o resistiéndole. Tiene que ser estimado (Salmos 51:11). No debemos pecar contra él (Isaías 63:10). Tiene que ser obedecido (Hechos 10:19–21). Tenemos que esperar en él, someternos a él y ser cumplidores de sus mandatos.
¿Cómo es?
En las Escrituras se usan diferentes símbolos o emblemas del Espíritu que nos ayudan a entender y apreciar su ministerio.
1. EL VIENTO nos indica el efecto de su potente e invisible poder. El Señor Jesús se refirió al Espíritu en esta forma para explicar el nuevo nacimiento (Juan 3:8). Dios es espíritu (Juan 4:24) y ningún hombre le puede ver en la escencia de su ser (Juan 1:18) porque es invisible. El gran poder del Espíritu se ve en su manifestación mencionada en Hechos 2:2 como el estruendo de un viento recio. El poder del Espíritu obrando es inconcebiblemente más grande que cualquier otro poder (Zacarías 4:6).
2. EL FUEGO purificador y consumidor (Hebreos 12:29). El Espíritu vino a los discípulos en forma de lenguas de fuego que se repartieron asentándose sobre cada uno de ellos (Hechos 2:3, 4). El fuego también se relaciona con el juicio de Dios (Isaías 4:4; Mateo 3:12). El efecto purificador del fuego se ve en relación con la prueba de los creyentes, manifestando fe verdadera (1 Pedro 1:7; Apocalipsis 3:18). El Espíritu de Dios purifica y juzga; es parte de su ministerio.
3. EL AGUA expresa la idea de vida abundante como un río (Juan 7:37–39; Apocalipsis 22:1). La desaparición de la sed espiritual (Juan 4:14). El agua da vida y por lo tanto simboliza la adquisición de nueva vida en el nuevo nacimiento de los creyentes (Tito 3:5; Juan 3:5). El agua también simboliza el juicio y la muerte de la vieja naturaleza (1 Pedro 3:20, 21). El ministerio del Espíritu puede resultar en vida o muerte, lo cual depende de nuestra respuesta a Dios.
4. EL ACEITE está relacionado con la palabra “unción” que viene de la palabra “frotar”. El Espíritu es la unción del creyente en Cristo (1 Juan 2:20, 27; 2 Corintios 1:21). El aceite se usó como combustible para las lámparas del tabernáculo de Dios en el Antiguo Testamento como también en la dedicación de sacerdotes para el servicio del Señor. Simboliza alegría (Hebreos 1:9; Salmos 104:15) y sanidad (Santiago 5:14). El testimonio y la consagración para el servicio son la obra santificadora del Espíritu.
5. LA PALOMA aún hasta hoy es símbolo de paz y pureza. El Espíritu descendió como una paloma sobre el Señor Jesús en su bautismo (Mateo 3:16; Marcos 1:10; Lucas 3:22; Juan 1:32). Simboliza lo sencillo (Mateo 10:16), lo manso, lo celestial. Todas estas virtudes deben caracterizar al creyente controlado por el Espíritu.
¿Qué hace?
Ciertos ministerios parecen estar relacionados con cada una de las personas de la Trinidad. El Padre propone y dispone. El ministerio del Hijo fue hacerse humano y ser la manifestación visible de Dios. El Espíritu invisible por lo visto tiene el ministerio de dar poder y capacidad. Podemos notar los siguientes ministerios generales que desempeña.
1. Por su poder, todas las cosas son cumplidas, ya sea la creación (Génesis 1:2; Salmos 104:30) o la resurrección de Cristo (Romanos 8:11). Todos los milagros divinos son hechos por medio de su poder (Mateo 11:28, Lucas 4:14–18). Su omnipotencia puede vencer cualquier obstáculo.
2. El es quien revela la persona de Dios al hombre y quien inspiró la Palabra de Dios escrita (2 Pedro 1:21; 2 Samuel 23:2). Además, es el Maestro y esclarecedor de la mente del hombre para darle entendimiento espiritual (Juan 16:13). Es la verdadera guía hacia una senda correcta en cualquier situación (Isaías 48:16; Romanos 8:14).
3. El es quien produce vida espiritual en los pecadores. Les convence de pecado (Juan 16:8), les da capacidad para ver la verdad espiritual y los regenera (Juan 3:5). No hay obra salvadora aparte de su ministerio.
4. El fue el único intermediario de la concepción en la encarnación del Hijo de Dios (Lucas 1:35). El Señor Jesús estuvo saturado con el ministerio del Espíritu Santo en todo aspecto de su vida.
La línea divisoria de Pentecostés
El Espíritu Santo, siendo Dios, es invariable en su persona, deidad y carácter. Sin embargo, de vez en cuando cambia la forma de su ministerio. El cambio más significativo en el ministerio del Espíritu Santo se muestra después que el Señor Jesús resucitó y ascendió al cielo. Este cambio surgió en el día de Pentecostés, una fiesta agrícola judía que era una de las siete fiestas de Jehová (Levítico 23). Pentecostés, que viene del griego “el quincuagésimo día”, es así llamado porque viene cincuenta días después del sábado de Pascua.
Muchos creyentes están completamente confundidos con respecto al ministerio del Espíritu Santo porque no prestan atención a las sencillas declaraciones del Señor Jesús. Observe cuidadosamente estos versículos que muestran el cambio en el ministerio del Espíritu y el punto preciso en que ocurre aquel cambio:
1. JUAN 14:16. El Señor Jesús dijo que rogaría al Padre que diese el Espíritu a los creyentes para que permaneciera con ellos para siempre. Evidentente esto no había ocurrido antes.
2. JUAN 14:17. Dijo que el Espíritu estaba con ellos pero que más tarde estaría en ellos.
3. JUAN 7:39. Dijo que el Espíritu aún no había sido dado (en el sentido de habitar en los creyentes) y que esto no se cumpliría hasta que Jesús fuese glorificado (después de su muerte, resurrección y ascensión).
4. LUCAS 24:29. Antes de su ascensión, les dijo que esperasen en Jerusalén hasta que fuesen investidos con poder desde lo alto. Esto reflejó la llegada prometida del Espíritu Santo para habitar en ellos.
5. HECHOS 1:4, 5. El nuevamente les mandó que esperasen la venida del Espíritu “dentro de no muchos días”. Les dijo que serían bautizados en (con) el Espíritu Santo.
6. HECHOS 2:1–4. Precisamente en el día de Pentecostés, cincuenta días después de la muerte del Cordero de Dios sobre la cruz (Cristo nuestra Pascua), el Espíritu descendió, habitó en los creyentes y les llenó de su plenitud.
Antes de Pentecostés el Espíritu “venía sobre” los creyentes (Jueces 3:10; 11:29; 1 Samuel 16:13) y cuando le desagradaban, se apartaba de ellos (1 Samuel 16:14). De este modo David pudo orar, “No quites de mí tu santo Espíritu” (Salmos 51:11), porque aún el Espíritu no moraba en los creyentes en una forma permanente. El Espíritu dio poder para ciertas obras, como en la construcción del tabernáculo (Exodo 31:3; 35:30–35). Del mismo modo, dio fuerza y poder a hombres como Sansón (Jueces 13:25; 14:6, 19; 15:14) o Jefté (Jueces 11:29). Este poder no estuvo necesariamente relacionado con las cualidades espirituales de aquellos que lo recibían. Estos hombres fueron llenos con el Espíritu, pero a ninguno de ellos se le conoce por haber sido morada del Espíritu en una forma permanente, ni tampoco hubo sello o bautismo alguno por el Espíritu en ellos. De este modo vemos el significado de las palabras del Señor Jesús en Juan 7:39 y 14:17.
Después de Pentecostés el Espíritu vino para morar en los creyentes (1 Corintios 2:12; 6:19–20). Quien no tiene el Espíritu de Dios no es de él (Romanos 8:9; Judas 19). Además, los creyentes son sellados hasta el día de la redención (2 Corintios 1:22; Efesios 1:13; 4:30). Asimismo, todos los creyentes son bautizados o incorporados en el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:13). No se conoció nada como el “cuerpo de Cristo”, la “iglesia de Cristo” o la “novia de Cristo”, tres expresiones equivalentes, antes de Pentecostés. El día de Pentecostés fue claramente una significativa línea divisoria en el ministerio del Espíritu Santo. Por lo tanto, los versículos antes de Pentecostés, como Salmos 51:11 y 1 Samuel 16:14, nunca deben aplicarse para probar la doctrina del Espíritu después de Pentecostés, como muchos han tratado de hacer.
Conclusión
Una persona puede estar muy bien informada con respecto a la doctrina del Espíritu, pero puede saber muy poco de la realidad de su trabajo profundo e inmensamente poderoso en la vida diaria. Nosotros deseamos ser espiritualmente sabios en cuanto al Espíritu Santo. Pero también necesitamos estar completamente sometidos a sus firmes modelados como barro en manos del alfarero (Jeremías 18:6). El Señor es aquel Espíritu y nosotros necesitamos estar abiertos, dispuestos en toda área para su obra poderosa. El resultado será una vida y un carácter como los de Cristo, y no una conducta frenética e inestable. Es Dios mismo quien habita dentro de nosotros, y él no es autor de confusión.
