“MAS EL HOMBRE MORIRA, Y SERA CORTADO; perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?” (Job 14:10). Las personas reflexivas, las que se mantienen conscientes de la constante corriente de funerales y obituarios, se dan cuenta de que su tiempo en la tierra está limitado. También se detienen a considerar si hay alguna esperanza para ellos de vivir más allá del corto período de esta vida. Otros pueden intentar ignorar la muerte, y vivir como si ésta nunca fuera a llegar. Naturalmente, esquivar una cuestión no cambiará su realidad, y con ello sólo se evita el dolor de pensar acerca de ello. En uno u otro momento, la mayoría de los vivientes se hacen esta pregunta: “¿Qué sucede después de la muerte?” Sus teorías caen bajo varios encabezamientos:
1. LA NO-EXISTENCIA. Dejamos de existir. Esto recibe en ocasiones el nombre de “aniquilación”. Dicen: “Cuando estás muerto, estás muerto”.
2. LA REENCARNACION. Se vuelve a la tierra en una forma diferente de vida, o en el cuerpo de otra persona. Es de suponer que esto demandaría un poder sobrenatural de uno u otro tipo.
3. COMUNICACION ESPIRITUAL. Los muertos viven en un misterioso mundo espiritual, y pueden tratar de mantener contacto con los que siguen viviendo en la tierra.
4. ES IMPOSIBLE CONOCER ESTE TEMA. Nuestro estado después de la muerte está más allá del conocimiento humano. Es dudoso que haya vida tras la muerte o que no la haya. Tenemos que esperar hasta entonces para saberlo, confiando en el destino o en nuestra buena vida por si hay una vida más allá.
Ninguna de estas teorías puede hacerse concordar con las enseñanzas de la Biblia. La Biblia presenta a los que han muerto como conscientes y despiertos, en uno de dos lugares: bien en presencia de Dios (2 Corintios 5:8) en estado de felicidad (Apocalipsis 14:13), o separados de Dios en un lugar de gran tormento (Apocalipsis 20:10, 15).
La resurrección de los muertos
La misma palabra “resurrección” significa un “levantamiento”. El Señor Jesús respondió a los que en su época negaban la resurrección señalando que el nombre de Dios estaba unido al de grandes hombres que habían muerto hacía mucho tiempo. “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos” (Lucas 20:37–38). La proclamación de la resurrección era fundamental en la predicación apostólica (Hechos 1:22; 4:2; 17:18; 23:6). El Apóstol Pablo dijo que había más de 500 testigos de la resurrección de Cristo (1 Corintios 15:4–8) y si eso no fuese verdad su fe era en vano (15:12–17). Sin embargo, la notable verdad que nos presenta la Escritura es que hay dos clases de resurrección, cuidadosamente distinguidas:
“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua” (Daniel 12:2).
“Todos … los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:28–29).
“Ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos” (Hechos 24:15b).
Son dos las alternativas que afrontan los seres humanos cuando se considera el juicio de Dios. El jucio eterno es una terrible posibilidad (Hebreos 6:2; 9:27). La otra es la vida eterna (Juan 3:16) y por ello, el quedar libre del juicio de condenación (Juan 5:24; Romanos 8:1).
La duración de la eternidad
Es cosa bien curiosa que se enseñe en algunos lugares que las palabras de la Biblia como “eternidad”, “para siempre jamás”, tienen una limitación. Pero hay quienes se han dirigido a los lenguajes originales de las Escrituras, y han tratado de demostrar que estas expresiones significan tan sólo un período extendido o indefinido. Pero el uso que de estas palabras se hace en las Escrituras pone en claro que no hay límite a la duración de la eternidad, ni aún si se traduce “por los siglos de los siglos”.
Los siguientes versículos expresan claramente que el significado de “eterno” es el mismo en sus varios usos.
1. EN SU APLICACION A DIOS. “El Dios eterno” (Romanos 16:26), “el Espíritu eterno” (Hebreos 9:14), “Su gloria eterna” (1 Pedro 5:10), “eterno poder” (1 Timoteo 6:16), “reino eterno” (2 Pedro 1:11).
2. EN SU APLICACION AL FUTURO DEL CREYENTE. “Eterna redención” (Hebreos 9:12), “eterna salvación” (Hebreos 5:9), “vida eterna” (Juan 3:15; 16, 36; Lucas 18:30).
3. EN SU APLICACION AL FUTURO DEL INCREDULO. “Fuego eterno” (Mateo 18:8), “castigo eterno” (Mateo 25:46), “eterna perdición” (2 Tesalonicenses 1:9), “fuego eterno” (Judas 7).
Las mismas comparaciones se podrían hacer cuando se usa la frase “para siempre jamás”. Se le usa aplicada a Dios y su trono (Apocalipsis 4:9–10; 10:6; 15:7), al futuro reinado del creyente con el Señor (Apocalipsis 22:5), al tormento sin fin (Apocalipsis 14:11; 20:10).
Se han tomado ciertas palabras como indicativas de aniquilación, tales como “destrucción”, “perecer” y “consumir”. Pero es evidente que el Diablo fue destruido (Hebreos 2:14), pero no aniquilado (Apocalipsis 20:10). Los creyentes pueden ser consumidos por las murmuraciones de otros, pero no por ello aniquilados (Gálatas 5:15). El hijo pródigo vio que estaba pereciendo, pero no por ello dejó de existir como persona (Lucas 15:17). La suerte de los no salvados será la destrucción eterna (2 Tesalonicenses 1:9). Que la destrucción sea eterna no implica un cese de la existencia. Hay una pérdida de bienestar (de sentirse bien), pero no una pérdida del ser (existencia).
La condición de los perdidos
1. TAL COMO LA DESCRIBIO JESUS. El Señor Jesús contó una historia llamada “El Rico y Lázaro”, que algunos consideran como una parábola (Lucas 16:19–31). Pero no recibe el nombre de parábola en la Biblia. Sin embargo incluso si fuera una parábola, la utilización del lenguaje figurado no anularía la verdad que se enseña en este pasaje. El Salvador quiso enseñar algo en esta historia, y haríamos bien en considerar las lecciones que allí aprendemos:
a. No hubo cese de la existencia después de la muerte.
b. Su alma no entró en inconsciencia ni en sueño.
c. No hubo salvación universal, para todos.
d. No se ofreció una segunda oportunidad.
e. No hubo reencarnación, no retorno a la tierra.
f. No había fin al tormento ni esperanza de cambio para el perdido.
g. No había en ello ningún propósito de purificación, sino sólo de castigo eterno.
2. TAL COMO LO SIGUIO DESCRIBIENDO JESUS. Las aterrorizadoras descripciones que se relacionan más abajo fueron dadas por aquel que amó con el mayor de los amores y que se dio a sí mismo para salvar a los pecadores. Se limitó a describir la verdad acerca de los que abandonan este mundo habiéndole dejado a un lado, o habiéndole rechazado.
a. Fuego que nunca se apagará (Mateo 3:12; 18:8; Marcos 9:44, 48).
b. Tormento por los siglos de los siglos (Apocalipsis 14:11).
c. Las tinieblas de afuera (Mateo 22:13; 25:30).
d. El lloro y el crujir de dientes (Mateo 13:42, 50; 24:51; Lucas 13:28)
e. El lago de fuego (Apocalipsis 20:15)
Objeciones a la enseñanza del castigo eterno
Son varias las objeciones a esta impopular doctrina.
1. ES INCOMPATIBLE CON EL AMOR DE DIOS. “Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis …?” (Ezequiel 33:11). El Señor Jesús contempló una ciudad que le había rechazado y lloró sobre ella (Lucas 19:41). El es ciertamente un Dios amante, pero no puede absolver justamente a los que rechazan su salvación (Números 14:18).
2. APELAR AL TEMOR NO ES UN BUEN MOTIVO. Puede ser cierto que el amor a Dios o el deseo de lo mejor sean mejores motivos, pero el temor de serias consecuencias es un preventivo común para la mala conducta o el cometer daños incluso en la vida diaria. El Señor Jesús apeló claramente al temor de Dios y de su juicio venidero (Mateo 10:28). Se dice del temor del Señor que es el principio de la sabiduría (Proverbios 9:10). Se exhorta a los hombres, en todas las Escrituras, a que teman a Dios rectamente (1 Pedro 2:17; Apocalipsis 14:7; 15:4).
3. NO ES JUSTO QUE DIOS SEA TAN SEVERO. Los hombres que han recibido un camino de escape por un Dios que los ama, y que han respondido rehusando el don de su Hijo unigénito, evadiéndose y aplazando su decisión de forma orgullosamente descuidada, no pueden sorprenderse si reciben una justicia cierta de una santidad ultrajada. “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). El insulto al infinito amor e infinita paciencia de un Dios infinito que ha dado su inefable don y provisión infinita en su amado Hijo es algo que exige una retribución infinita.
La condición de los redimidos
El estado final de los justos está en vivo contraste a lo anterior. “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:11). “Bienaventurados … los muertos que mueren en el Señor” (Apocalipsis 14:13). El creyente espera “la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10). Este lugar es mejor que cualquier otro del que el mundo pueda tener noticia alguna. El estado eterno y la morada del creyente se siguen describiendo más abajo:
1. ES CON CRISTO. “Volveré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan14:3; cp. 17:24). Estar ausente del cuerpo es estar “presentes al Señor” (2 Corintios 5:8).
2. ES EN UN CUERPO TRANSFORMADO. Será como su cuerpo (Filipenses 3:21) y por ello incorruptible (1 Corintios 15:35–44). Seremos reconocibles como lo era el Señor (Mateo 28:9, 17; Lucas 24:31, 39–40). La resurrección del cuerpo para los que están en Cristo tendrá lugar a la Segunda Venida de Cristo (1 Tesalonicenses 4:15–17).
3. ES EN UN LUGAR DE “NO MAS”. No habrá más muerte, no más dolor, no más llanto, no más tristeza, ni nada más de lo que hace que la vida sea difícil e ingrata (Apocalipsis 21:4).
4. ES EN UN LUGAR DE BELLEZA INFINITA. “La ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio” (Apocalipsis 21:18–21). Está adornado con todo tipo de piedras preciosas.
5. ES EN UN LUGAR DONDE NO ENTRA NADA INMUNDO NI CORROMPIDO (Apocalipsis 21:27).
El lugar donde morarán los redimidos se llama en ocasiones la “Nueva Jerusalén”. Lo llamamos el Cielo. El judío creyente lo llamaba “Paraíso” o “Seno de Abraham” antes de que Jesús viniera y muriera. Sea cual sea el término, debiera ser el anhelo de cada creyente. Como decía Pablo, “morir es ganancia” (Filipenses 1:21). ¿Qué cosa más maravillosa fue que el Señor Jesús le dijera al ladrón en la cruz, cuando éste se arrepintió de sus pecados y creyó en El: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). ¿Estará Ud. allí con El?
