Dios es planificador. Lo que él planifica lo hace. “Lo he pensado, y también lo haré” (Isaías 46:11b). Sus propósitos son cumplidos según su propia voluntad (Efesios 1:11). El plan divino abarca el futuro completo, del cual Dios tiene absoluta presciencia. En las Escrituras Dios establece proféticamente los aspectos más notables del ministerio terrenal del Señor Jesús. El fue la clave del plan de Dios para nuestra redención. Al final de su ministerio terrenal, el Señor dijo: “He acabado la obra que me diste que hiciese” (Juan 17:4). No hubo nada casual en lo que dijo, en lo que hizo o a donde fue. El estuvo ocupado haciendo la voluntad del que le envió (Juan 4:34).
Los propósitos de Dios también llegan a la vida de cada creyente. “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal; para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11). Dios desea ver a cada creyente creciendo en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesús (2 Pedro 3:18), luego maduro en Cristo (Colosenses 1:28) y finalmente conforme a la imagen de Cristo (Romanos 8:29). En resumen, tenemos que llegar a la estatura de Cristo. El Señor ha establecido su perspectiva en cuanto a la forma en que nuestras vidas deben ser moldeadas.
1. Dios y su reino deben ser primero (Mateo 6:33).
2. Lo eterno tiene prioridad sobre lo temporal (2 Corintios 4:18).
3. Lo espiritual tiene prioridad sobre lo físico (Mateo 6:19, 20).
4. Las personas tienen prioridad sobre las cosas (Marcos 8:36, 37).
Cuando consideremos estos propósitos, o moldeemos nuestras vidas según su perspectiva, viviremos nuestras vidas prósperamente de acuerdo a las normas de Dios.
Desarrollando las metas (¿Dónde deseo estar?)
Un incierto deseo de progreso, sin ningún plan o compromiso de acción específico, no es una meta sino un sueño. Si lanzamos un tiro al vacío lógicamente daremos al vacío. El progreso por lo general se obtiene cuando las metas específicas toman el lugar de esperanzas generalizadas. Debemos buscar la dirección del Señor y depender de su poder capacitador. Sin embargo esto no excluye la necesidad de establecer metas y definir actitudes necesarias. Una meta es un objetivo o designio que tiene que ser alcanzado o cumplido. Por ejemplo, la meta del Señor Jesús fue edificar su iglesia (Mateo 16:18). Con este fin adiestró y comisionó a los doce apóstoles para establecerlas.
Las metas deben estar en la estructura de las prioridades (aspectos de mayor importancia) y responsabilidades bíblicas. Nuestra relación con Dios (Mateo 22:37, 38), ministerio (Mateo 6:33), familia (1 Timoteo 3:4, 5) y responsabilidades de trabajo (2 Tesalonicenses 3:10) son principales áreas de consideración. Pregúntese usted mismo: ¿Qué es lo que deseo lograr en cada una de estas áreas? ¿Tiene valor eterno? ¿Es realista? ¿Estoy excesivamente preocupado por los quehaceres y no por las metas? ¿Por qué deseo que estas cosas sucedan? ¿Son metas egoístas o dirigidas por Dios? ¿Cuál es el propósito de mi vida?
Luego estas metas deben fijarse en una adecuada estructura de tiempo. ¿Cuándo deben ser cumplidas? ¿Puedo fijar un período de tiempo razonable para que se demuestre el progreso? ¿El tiempo es limitado? Establezca un límite para las metas de su vida, metas de largo plazo, metas de plazo intermedio, y metas de corto plazo. Las metas de corto plazo deben llevarle por el camino hacia las metas de largo plazo. Si no tiene metas de largo plazo o metas para el transcurso de su vida, las de corto plazo tienden a carecer de sentido.
1. METAS PARA EL TRANSCURSO DE LA VIDA. Cuando llegue al final de su vida, ¿qué es lo quisiera ver como un objetivo cumplido? Una meta para el transcurso de la vida por lo general será extensa, pero alcanzable. Por ejemplo: “Conocer a cabalidad el consejo de Dios dominando la Biblia”.
2. METAS DE LARGO PLAZO. ¿Dónde quisiera estar de aquí a diez o quince años, si el Señor aún no ha venido? Ejemplo: “Ser erudito en la Palabra de Dios dominando el Nuevo Testamento, y adquiriendo un amplio conocimiento del Antiguo Testamento.
3. METAS DE MEDIANO PLAZO. ¿Dónde quisiera estar dentro de dos o cinco años? ¿Qué es lo que ya debería estar establecido en su vida? Ejemplo: “Dominar los principales libros del Nuevo Testamento y adquirir una visión general de la Biblia completa”.
4. METAS DE CORTO PLAZO. Si tuviera seis meses o un año de vida, ¿Qué cambios haría? Y si tuviera más tiempo de vida, ¿Qué preparativos tendría que hacer? Ejemplo: Adquirir una familiaridad general de la Biblia leyéndola todo el año”.
Haciendo un inventario (¿Dónde estoy ahora?)
1. FUERZAS QUE AYUDAN. Analice su vida con respecto a cada meta específica. ¿Qué facultades tengo para poder alcanzar esta meta? En el pasado, ¿qué éxitos he tenido en esta área? ¿De qué manera pueden ayudarme los hábitos positivos presentes? ¿Qué aspectos de mi común estilo de vida me llevarán a un crecimiento en esta área?
2. FUERZAS QUE IMPIDEN. ¿Qué es lo que debo cambiar en mi vida a fin de alcanzar mi meta con éxito? ¿Qué debilidades he tenido antes en esta área? ¿Qué hábitos negativos debo cambiar? ¿Qué relaciones perjudiciales tengo que cambiar? ¿Qué cambios deben efectuarse en mi estilo de vida? ¿Qué prioridades no son buenas en mi vida?
Designando actividades (¿Cómo puedo alcanzarlo?)
Las actividades son acciones que debemos tomar con el fin de alcanzar una meta. El número de actividades requeridas para alcanzar una meta dependerá de la extensión del tiempo (corto plazo, plazo intermedio, etc.) El tipo de actividad dependerá del área de vida comprometida. Para esta(s) actividad(es) se deben tomar en cuenta algunos impedimentos o problemas que necesitan ser superados.
Si su meta de corto plazo es “disponer una vida devocional consistente que fortalezca su relación con Dios y estimule la productividad en su vida diaria”, entonces sus actividades pueden incluir:
a. Reunirse con el Señor cada mañana para un consecutivo estudio y meditación de la Palabra, en oración.
b. Mantener un cuaderno devocional para las anotaciones diarias, con apuntes de los textos considerados y aplicaciones personales o conclusiones con respecto a Dios. Esté dispuesto a compartirlo con un amigo maduro.
c. Estudiar libros con respecto a la vida de oración y estudio bíblico aplicable.
Sería difícil llevar a cabo estas actividades específicas sin un progreso considerable a fin de alcanzar el objetivo. Esa es la prueba de cualquier grupo de actividades.
Organizando actividades (¿Cómo uso mi tiempo?)
Una actividad no se puede llevar a cabo a menos que esté realmente organizada.
En primer lugar, usted necesita elaborar un inventario de tiempo para determinar cómo lo está usando comúnmente. Los creyentes son exhortados a “aprovechar bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:16). La idea aquí es no perder ninguna oportundiad estratégica de usar sus días y horas para Dios. Se nos dice que el tiempo es algo que debe administrarse tan cuidadosamente como el dinero. Las personas frecuentemente dicen: “No tengo tiempo”. La Biblia indica que hay tiempo suficiente para hacer todo lo que Dios demanda, pero no debemos desperdiciarlo. ¿Cómo podemos recuperar el tiempo perdido y hacer mejor uso de él?
1. ANALIZANDO SU ACTUAL USO DEL TIEMPO. En una hoja de Inventario del Tiempo, lleve la cuenta de todo lo que hace durante una semana, en segmentos de 30 minutos.
a. Observe en qué ha invertido mucho tiempo (durmiendo, comiendo, vistiéndose, en conversaciones prolongadas o en detalles de rutina).
b. Descubra los factores que le causan la pérdida de tiempo. ¿En qué actividades puede ahorrar tiempo? ¿Cómo puede dar firmeza a sus actividades? ¿Qué es lo que puede eliminar?
c. ¿Está realizando una actividad de poca importancia? (ver televisión, lecturas insignificantes, compromisos innecesarios).
d. Consulte con otros (quizás un amigo maduro) y pida sugerencias, ¿En qué áreas piensan ellos que usted está desperdiciando tiempo?
2. HACIENDO UN HORARIO SEMANAL. Debe elaborarse un horario para asegurar que todas las actividades necesarias puedan ser cumplidas.
a. Anote todas las actividades que actualmente está realizando y las actividades que debe comenzar a fin de lograr sus metas.
b. Calcule el tiempo requerido para cada actividad y sume el total.
c. Designe prioridades para cada actividad. Marque con “A” las actividades que “deben realizarse”. Esto incluye actividades rutinarias sobre las cuales no puede elegir (dormir, trabajar, etc.), y las actividades relacionadas con sus metas. Marque con “B” las actividades que “deberían realizarse” y con “C” las actividades que “pueden realizarse”.
d. Complete su Horario Semanal, anotando primero las actividades “A”, luego las actividades “B” y finalmente las actividades “C”. Las actividades de prioridad “C” y “B” pueden ser eliminadas o ajustadas para encajar en las 168 horas de la semana.
3. MEJORANDO EL USO DEL TIEMPO. Mientras cumple su horario semana tras semana, busque formas de aumentar su eficiencia en el uso del tiempo. He aquí algunas sugerencias:
a. Divida la semana en planes de trabajo diarios. Dedique unos pocos minutos cada día para anotarlos.
b. Evalúe sus prioridades. ¿Está cumpliendo sus actividades más importantes? Establezca sus prioridades de modo que logre realizar las actividades más importantes, aunque las demás queden inconclusas.
c. Mantenga cada día una lista de cosas “por hacer”, designando prioridades. Tache las actividades que vaya cumpliendo. Reorganice lo que no haya cumplido.
d. Las actividades entre dos personas ahorran tiempo. Por ejemplo, cuando almuerce, invite a un amigo con quien pueda compartir su testimonio. Escuche cassettes mientras conduce su auto. Memorice las Escrituras mientras lava los platos.
e. Organice mandatos y obligaciones para reducir los espacios de tiempo extra.
Evaluando el progreso (¿Cómo estoy avanzando?)
¿Cómo examinará su progreso? Frecuentemente hay un fracaso en los planes bien establecidos que envuelven metas sólidas. Comúnmente fallamos en cumplir lo que nosotros mismos nos comprometemos a hacer, o no lo hacemos bien, o no hemos resuelto un impedimento principal. Hay una tendencia a aceptar esta condición, a permanecer frustrado a no ser que haya un examen periódico del progreso. Esto requiere que contemos con un amigo maduro, un líder o un compañero de oración con quien acordemos reunirnos y quien tenga una copia de nuestras metas. Aún la perspectiva de este examen es un estímulo. Cuando hay un buen análisis del progreso, punto por punto, es de mayor ayuda. El examen debe conducir a sugerencias de cambio en alguna de las actividades o en la meta. Aquel que se ha trazado las metas debe estar preparado para cumplirlas o para borrarlas de la lista. Considere las razones de los fracasos:
a. No son metas realistas. Solución: vuelva a escribirlas.
b. Ha existido una falta de fidelidad en el cumplimiento. Solución: arrepiéntase delante del Señor y mantenga la promesa.
c. Algún impedimento significativo se ha presentado. Solución: enfréntese a este impedimento con valor.
d. Se ha programado demasiado para el tiempo disponible. Solución: reduzca y simplifique donde fuera necesario.
Conclusión
A Dios no le interesa mucho cuánto tiempo vivimos sino cuán bien vivimos. Jesucristo comenzó su ministerio público a la edad de 30 años. En tres años y medio cumplió todo lo que el Padre le dio que hiciese (Juan 17:4; 19:30). El apóstol Pablo pudo decir, al final de una vida mucho más larga: “He acabado la carrera” (2 Timoteo 4:7). Había una corona de justicia guardada para él. ¿Será usted un cumplidor?
