03 HACIENDO LA VOLUNTAD DE DIOS

¿Hay un plan divino para tu vida? ¿Hay un camino a seguir y una luz que te guíe a la perfecta voluntad de Dios? Atiende a esta recomendación: “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5:17). Dios quiere que conozcamos su voluntad. El quiere que estemos llenos del conocimiento de ella (Colosenses 1:9). El es el Consejero más admirable (Isaías 9:6), y todo lo que nos diga permanecerá para siempre (Salmos 33:11). ¿Cómo podría el Creador no ofrecer una guía o no tener un plan para su criatura?

¿Cómo experimentamos la guía de Dios y andamos en la senda de aquella voluntad perfecta? El Señor Jesús es nuestro ejemplo. La clave fue su buena disposición, su ferviente deseo de hacer la voluntad de Dios. “Pero no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lucas 22:42). “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38). “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10:9). El enseñó a los discípulos a orar de esta manera: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10). El secreto para conocer la voluntad de Dios es estar verdaderamente dispuesto a hacerla. La clave para el plan divino es la Palabra de Dios.

La voluntad de Dios y la Palabra de Dios son inseparables. Las Escrituras son la voluntad de Dios revelada. En ellas están sus promesas, mandatos, advertencias y principios de vida. El dio al hombre la Palabra para que supiera e hiciera su voluntad. El ignorar aquella Palabra o descuidar sus preceptos, mientras profesamos buscar la voluntad de Dios, es algo contradictorio. Por supuesto, hay asuntos circunstanciales que no son directamente abarcados por la Palabra. Esto incluye asuntos de lugares, tiempos, personas y pormenores de la vida. ¿Dónde debo ir? ¿Qué debo hacer en este caso? Aquí el Espíritu Santo es propiamente nuestro guía mientras buscamos fielmente conocer la voluntad de Dios. Aún así, la Palabra de Dios es el instrumento del Espíritu. Los principios y sucesos de la Palabra a menudo pueden ser usados para iluminar la senda de la vida.

Entonces, para resumir: Dios tiene un plan para tu vida, un camino a seguir. Dos principios para tener presente son: primero, desear seguir su dirección; segundo, conocer las Escrituras y escudriñarlas diariamente para perfeccionar tu conocimiento de la voluntad de Dios.

¿Cuál es el valor de buscar la voluntad de Dios?

Es sorprendente ver cómo muchos creyentes profesantes toman decisiones en la vida sin hacer un verdadero esfuerzo por conocer la voluntad de Dios. Podemos sentirnos confiados de que sabemos mucho, y más cuando estamos rodeados por personas que cometen graves errores. Podríamos pensar que la dirección de Dios es algo automático. No obstante, si aplicáramos buen juicio, no dejaríamos de consultar con personas entendidas en otras áreas en las que nos es necesario tomar acción, ni ignoraríamos a aquellos que tienen autoridad sobre nosotros. Otro obstáculo podría ser el temor o duda de que la voluntad de Dios sea lo mejor para nuestras vidas. Necesitamos reconsiderar estas actitudes.

1. DIOS CONOCE EL FUTURO Y POR LO TANTO SABE LO QUE ES MEJOR. Escuchamos decir con frecuencia: “Si sólo hubiese sabido qué iba a suceder, no lo hubiese hecho”. Esa es precisamente la razón. Nosotros no sabemos qué traerá el día de mañana (Proverbios 27:1), pero Dios conoce el porvenir desde el principio (Isaías 46:10). Muchas personas consultan a los horóscopos, psicólogos, expertos y consultores de todo tipo a fin de anticipar los acontecimientos del futuro. Qué absurdo es ignorar al Dios que sabe todas las cosas, incluso el modo de proceder más sabio en cada situación.

2. DIOS AMA A SUS HIJOS Y DESEA GUIARLOS. Sería increíble que un padre que ame a sus propios hijos no tuviera interés en guiarlos. Sin embargo, lo máximo que puedan hacer los padres terrenales, no se compara con la bondad de nuestro Padre celestial. Si los padres desean lo mejor para sus hijos y se esfuerzan por darles todo lo necesario, ¿Cuánto más el Señor “dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7:11). Observe la promesa que Dios hace a su pueblo: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Salmos 32:8).

3. DIOS QUIERE BENDECIRNOS DE ACUERDO A SU SABIDURIA. Es triste saber que hay personas que temen a la voluntad de Dios. ¿Cómo podría su sabiduría ordenar lo malo para sus hijos? “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11). Si Dios ha dispuesto que nos dediquemos al ministerio de la cruz, como lo hizo con su amado Hijo, es para bendición de multitudes y para la gloria de su Hijo. La sabiduría de Dios se mantiene firme para concedernos la más grande bendición. Sus pensamientos no son nuestros pensamientos, ni sus caminos nuestros caminos, antes bien son más altos y superiores que los nuestros (Isaías 55:8, 9).

¿Cuándo guiará Dios?

1. CUANDO QUERRAMOS HACER SU VOLUNTAD. A veces le pedimos a Dios que bendiga nuestros planes y confirme nuestras alternativas. Otras veces buscamos pactar con él, haciendo promesas a cambio de su aprobación a nuestros deseos. Podemos estar pidiendo sin un verdadero interés en conocer y obedecer su perfecta voluntad. Asimismo, podemos temer o desconfiar de su voluntad. Pero el Señor dijo: “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios” (Juan 7:17). La dirección de Dios viene con nuestra sumisión (Romanos 6:13). Presenta tu cuerpo a él y él tomará el control de tu vida (Romanos 12:1). También debemos obedecer lo que ya sabemos. “Mas si no oyéreis la voz de Jehová, y si fuéreis rebeldes a las palabras de Jehová, la mano de Jehová estará contra vosotros” (1 Samuel 12:15). ¿Por qué tendría que darnos el Señor instrucción adicional alguna si no hemos obedecido lo que él ya nos ha mostrado?

2. CUANDO CONFIEMOS EN QUE EL NOS GUIARA. “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13). La plena convicción de esta realidad nos libra de una ansiedad frenética por conseguir todo por nuestra propia cuenta, sin la asistencia divina. Tenemos que confiar en esta declaración: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5, 6). Debemos darnos cuenta que su dirección no puede venir con emociones subjetivas poderosas. El estremecimiento, el llanto y otros reflejos de emoción no son necesariamente una evidencia de la presencia del Espíritu.

3. CUANDO MANTENGAMOS ACTITUDES CORRECTAS. Sé humilde en venir a Dios y no le des ultimátums (Salmos 25:9). Confiesa todas tus intenciones y perspectivas erróneas (Salmos 66:18). Si estás amargado, autocompasivo, envidioso, rencoroso, malagradecido o quejumbroso, te hallarás en pésima condición para experimentar la guía del Espíritu.

¿Cómo podemos hacer la voluntad de Dios?

No es cuestión de conocer la voluntad de Dios con el fin de pensarlo bien si la haremos o no. La verdadera meta debe ser la acción. Debemos:

1. ORAR Y BUSCAR PACIENTEMENTE LA VOLUNTAD DE DIOS. “Espera en el Señor” es una de las grandes exhortaciones de la Biblia, pero exaspera al espíritu humano. Queremos respuestas al instante y tenemos poco tiempo para el continuo “Pedid… buscad… llamad” a la puerta del cielo, lo cual el Señor nos ha mandado (Mateo 7:7). El Salmista dijo: “Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo; ten misericordia de mí, y respóndeme. Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová” (Salmos 27:7, 8). El apóstol Pablo exhortó a permanecer en continua oración. “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:18). Debemos considerar que la voluntad de Dios es frecuentemente manifestada paso a paso.

2. CONOCER PRINCIPIOS BIBLICOS Y LEER ATENTAMENTE LAS ESCRITURAS. El Señor Jesús manifestó que los errores de los líderes religiosos de sus días se debían a su ignorancia de las Escrituras (Mateo 22:29). Cuando no nos preocupamos por conocer los mandatos directos, los principios claros y las tiernas amonestaciones de Dios, caemos en muchos errores. Si conocemos bien lo que manda y prohibe la Palabra, entonces no le pediremos a Dios que cambie o añada a lo que ya ha dicho. Cuando pedimos conforme a su voluntad, él nos oye (1 Juan 5:14, 15). Hay asuntos que no son abarcados en una forma directa, tales como el hábito de fumar. Pero hay un principio que debemos aplicar: el cuerpo humano es el templo del Espíritu y no debe ser profanado. La Escritura prohibe directamente el casarse con un incrédulo (2 Corintios 6:14). Cuando se lee las Escrituras con mucha oración, regularidad y continuidad, entonces los versículos toman vida sobre las páginas y Dios nos habla. Necesitamos esta clase de comunicación con él.

3. PONER LOS INTERESES DE DIOS PRIMERO. “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Las decisiones deben ser estructuradas en torno a los intereses de Dios antes que en los intereses del hogar y la carrera profesional. La dirección de Dios puede o no concordar con nuestras preferencias personales. Dios promete concedernos las peticiones de nuestro corazón (Salmos 37:4), pero no sin una calificación o salvedad. La voluntad de Dios para Jonás fue que fuera a Nínive, algo que estuvo fuera de los deseos de Jonás (Jonás 1:1–3). Sin embargo, la experiencia le enseñó el valor de la sumisión a la voluntad de Dios. Dios nos da su gracia en los momentos difíciles. Russ Johnston ha observado que la mayoría de las preguntas acerca de la voluntad de Dios comprometen o la vocación o la ubicación. Sin embargo, estas áreas difícilmente se mencionan en la Biblia. “Dios no está tan preocupado acerca de donde vivimos o lo que hacemos para vivir como lo está de lo que nosotros somos”. En preguntas con respecto a romance o la persona con quién casarse, primero debemos preguntarnos en cuanto a nuestras metas en la vida y cuándo estaremos aptos para considerar una relación de ese tipo. Luego ya podemos tratar de elegir entre una persona y otra.

4. CONSIDERAR CUIDADOSAMENTE LAS CIRCUNSTANCIAS. Nosotros tendemos a fijarnos únicamente en las circunstancias. Un camino favorable y fácil puede parecer atractivo. El camino equivocado es frecuentemente fácil y puede ser favorecido por nuestras inclinaciones. Un camino difícil, con mucha oposición, puede ser el camino al cual Dios nos ha llamado (1 Corintios 16:9). Esto frecuentemente se cumplió en el apóstol Pablo, sin embargo fue un hombre manifiestamente en la voluntad de Dios, aún cuando estaba en prisión. El advenimiento y pérdida de oportunidades deben proceder del Señor, confirmados por otros factores. Dios puede limpiar sabiamente el camino de enormes obstáculos y llevarnos por rumbos inesperados. Sin embargo, es prudente recordar que es el camino ancho el que lleva a la perdición, y no el angosto (Mateo 7:13). No separemos las circunstancias de otros factores que las confirman.

¿Y qué de la búsqueda de señales, o la “puesta del vellón”? (Jueces 6:36–40). Esto es practicado por muchos creyentes. En cierto sentido, puede usarse para eliminar todo lo que antes se ha establecido. La petición de Gedeón se basó en una promesa de Dios y por lo tanto no fue un acto de fe. Sin ambargo, Dios le respondió bondadosamente. Si está deseoso de hacer su voluntad, puede pedir a Dios que la esclarezca por medio de las circunstancias. Pero el camino de la fe verdadera no es aquel señalado por cosas que Dios envía para ver (Hebreos 11:1).

5. BUSCAR SABIO CONSEJO (Proverbios 1:5; 11:14; 15:22; 24:6). La palabra “sabio” no significa “cualquier” persona. Considere a los líderes espirituales que le conocen (Hebreos 13:7, 17). Además, el mejor consejo no se obtiene inmediatamente sino que se consigue poco a poco (Proverbios 20:5). Las personas voluntariosas tienden a evitar totalmente el consejo o consultan con amigos que no se opondrán a sus ideas.

¿Cómo podemos aplicar los principios de la dirección divina?

Mientras ponga los intereses de Dios primero, él le guiará por medio de la oración, la Palabra, el consejo, y las circunstancias. Puesto que Dios no se contradice a sí mismo, todos estos aspectos deben hablar como una sola voz, y no como varias voces en conflicto, a fin de mostrarle el curso de acción correcto. Escriba toda la información que tenga con respecto a su decisión. Haga una lista de los “pro y contras” donde coloque los aspectos favorables y desfavorables de cada alternativa. Considere la información cuidadosamente, dando prioridad a los factores objetivos antes que a los subjetivos. Mientras considera con mucha oración su posible curso de acción, ¿tiene paz, o experimenta confusión interior? Si se le presentan serias dudas, espere en el Señor. Tal vez se requiere oración y consejo adicional para esclarecer todos los factores involucrados. Sin embargo, no necesita posponer ni sufrir continuamente. Con fe, pida a Dios que le dé su sabiduría (Santiago 1:5, 6). Por fe, elija el curso de acción más claramente señalado por la luz que el Señor le ha dado. El hombre que se decide por fe disfruta la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:6, 7). Cuando está comprometido con el Señor, puede confiar en que él le guiará. El desea que usted sepa y haga su “buena voluntad agradable y perfecta” (Romanos 12:2).