02 ESTUDIO SOBRE CRISTOLOGIA

Cristo anduvo entre los hombres. La suya fue la vida más grande que jamás se haya vivido. Su carácter intachable, sin defecto alguno desde ningún punto de vista, hizo que incluso sus propios enemigos le rindieran tributo. Su vida fue excepcional y única. Ningún hombre imperfecto hubiera podido inventarlo. Ningún escéptico podría explicarlo. Es más lo que se ha escrito acerca de El que de cualquier otro carácter histórico, y ello a pesar de que cuando estuvo en la tierra no escribió nada personalmente de lo que podamos tener un registro. Tuvo un mayor impacto sobre la historia que el que hubiera tenido otra persona. Por El la historia ha quedado dividida en dos períodos: a.C. y d.C. (antes y después de Cristo). Y ello a pesar de que no se inmiscuyó en política, ni estuvo al mando de ningún ejército. Vino a ser el hombre más discutido de la historia; soportó mucha oposición; fue irracionalmente perseguido y sufrió una muerte violenta. Con todo, El había predicado la no-violencia, y había prohibido la venganza y la espada. Dijo: “Mi reino no es de este mundo”. Su principal credencial fue su supremacía moral. La duración de lo que El era, es, y ha hecho, se extiende desde una eternidad ya pasada, a través de su vida terrena, y por toda la eternidad venidera.

1. SUS NOMBRES. Fue llamado Jesús, “porque El salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Jesús significa “Dios (Jehová) salva”. El era el Salvador divino (Tito 2:13; Isaías 43:11). Este Salvador fue Cristo el Señor (Lucas 2:11). Como Cristo o Mesías, el Ungido, El fue el Libertador prometido (Juan 4:25, 26). El se refirió a menudo a sí mismo como el Hijo del Hombre (Lucas 19:10), expresión de la condición humana a la que El descendió. Pero El era también el Hijo de Dios, lo cual entendieron sus enemigos como una declaración de deidad (Juan 10:33, 36). El era la Palabra de Dios (Juan 1:1, 14), el Cordero de Dios (Juan 1:29), el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, el Primero y el Ultimo (Apocalipsis 22:13). A El se le llama supremamente Rey de reyes y Señor de señores (Apocalipsis 19:16).

2. SU PASADO ETERNO. El no es un ser creado, sino el Creador de todas las cosas (Juan 1:3, 10; Colosenses 1:16, 17; 1 Corintios 8:6; Hebreos 1:2, 10). Desde toda la eternidad, El estaba con Dios y era Dios (Juan 1:1, 2). La expresión “engendrado” no se usa de El en el sentido de nacimiento. “Unigénito” (Juan 1:14, 18; 3:16, 18) significa único, como queda ilustrado con Isaac, que no era hijo único (Hebreos 11:17). “Primogénito” lo describe en el sentido de prioridad, como es evidente en Colosenses 1:18 y en Apocalipsis 1:5. El Señor fue y era desde toda la eternidad (Miqueas 5:2; Isaías 9:6; Proverbios 8:22, 23). Como el “Yo soy”, El era antes de todas las cosas (Juan 8:58; Exodo 3:14). El compartió la gloria del Padre antes que existiera el mundo (Juan 17:5).

3. SUS APARICIONES EN EL ANTIGUO TESTAMENTO. El Señor Jesús no aparece por primera vez en el Nuevo Testamento. El Señor mostró a Moisés y a los profetas las cosas que se referían a El (Lucas 24:27, 44). El era el tema de las Escrituras, y el cumplimiento de ellas. El cumplió cientos de profecías, incluyendo su lugar de nacimiento (Miqueas 5:2), la forma de su nacimiento (Isaías 7:14), y la manera de su muerte (Isaías 53). Fue el cumplimiento de las promesas con respecto a un profeta mayor que Moisés (Deuteronomio 18:18, 19); a un sacerdote que ministraría para siempre (1 Samuel 2:35); a un rey, mayor que David, cuyo trono permanecería para siempre (2 Samuel 7:12, 13). El iba a cumplir las promesas de las que los sacrificios y fiestas eran sólo imágenes, tales como la Pascua (1 Corintios 5:7). Es evidente que tenemos en el Antiguo Testamento apariciones visibles de Dios, generalmente bajo la forma de un ángel o mensajero del Señor. Estas apariciones reciben el nombre de teofanías. Las acciones y las obras del Angel de Jehová son evidentemente las de Dios, no las de un ser creado. Ejemplos de ello los hallamos en Génesis 22:11–18; 32:1–30 (cp. Oseas 12:4, 5); Exodo 3:2–6 (cp. Marcos 12:26); Josué 5:13–15; Jueces 6:11, 12; 13:18–22. Vemos además diferentes tipos de Cristo. Un tipo es una ilustración del Antiguo Testamento que representa una verdad espiritual en el Nuevo Testamento, especialmente con referencia al Mesías. La serpiente de bronce en Números 21 señala a Cristo en la cruz como el objeto de la fe regeneradora (Juan 3:14–16). La roca golpeada de Exodo 17:6 y de Números 20:8–12 era el Salvador crucificado (1 Corintios 10:4). Melquisedec representa a Cristo como el gran Sumo Sacerdote (Génesis 14; Hebreos 5–7).

4. SU VENIDA COMO HOMBRE. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). La encarnación (el hecho de que Cristo tomara forma humana) es esto: “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Cuando Dios tomó humanidad sobre sí mismo, las naturalezas humana y divina se unieron maravillosamente en una sola persona. Los atributos divinos quedaron velados, pero no abandonados. Su humanidad era total. Pero El era sin pecado (Hebreos 4:15). La unión se ve en Filipenses 2:6–11; Romanos 1:3, 4; 9:5; Hebreos 2:14. Los relatos de los evangelios no siempre concuerdan en la secuencia de los eventos, dado que enfocan los sucesos de una manera diferente. El Señor Jesús es presentado en Mateo como Rey de Israel, en Marcos como el Siervo Perfecto, en Lucas como el Hijo de Hombre (enfatizando su humanidad), y en Juan como Hijo de Dios (enfatizando su deidad). Fue milagrosamente concebido en el vientre de una virgen por el Espíritu de Dios (Isaías 7:14; Mateo 1:21; Lucas 1:34, 35). El Niño creció con un desarrollo normal en todos los aspectos (Lucas 2:52). Tenemos un sólo incidente registrado acerca de su niñez (Lucas 2:42–51). Sus primeros 30 años transcurrieron en Nazaret, Israel, a excepción de su nacimiento, que tuvo lugar en Belén, y una breve estancia en Egipto durante su infancia.

5. SU PRESENTACION PUBLICA. El Mesías tenía que ser proclamado por alguien que fuera delante de El para que le preparara el camino espiritual (Isaías 40:1–5). Juan el Bautista fue el cumplimiento de aquella profecía (Mateo 3; Marcos 1:1–11; Lucas 3:2–18; Juan 1:19–36). Su ministerio era un llamamiento personal al arrepentimiento, sin el cual nadie puede llegar a la salvación (Lucas 13:3). El Señor Jesús comenzó su ministerio público aceptando el bautismo de Juan, aunque el profeta sintiera que era Jesús quien debía ser el que bautizara (Mateo 3:14–16). El Señor hizo esto tan sólo para “cumplir toda justicia”. El era el único que no precisaba de arrepentimiento. En su bautismo, el Espíritu de Dios lo ungió visiblemente para su ministerio, y se oyó la voz del Padre alabando a su Hijo. Los “años de oscuridad” habían terminado. Llamó a los doce discípulos para que estuvieran con El, y empezó un extraordinario ministerio itinerante por alrededor de tres años.

6. SU TENTACION Y TRANSFIGURACION. El Señor Jesús ministró en Galilea, en Judea, más allá del Jordán, nunca dejando Israel.

De los muchos acontecimientos durante este período, se debieran mencionar en particular dos que tienen que ver con la gloria de su persona. Estuvo sometido a la tentación satánica durante un intenso período de ayuno de 40 días en el desierto (Mateo 4:1–11; Lucas 4:1–13). Las tres áreas de esta tentación involucraron argumentos acerca del hambre, la soberbia espiritual, y el tentar a Dios con acciones de presunción. Su eficaz resistencia constituyó evidencia de su carácter intachable. Tres de sus discípulos fueron testigos de una manifestación espectacular de su gloria divina en el Monte de la Transfiguración (Mateo 17:1–8; Marcos 9:2–9; Lucas 9:28–36). Allí ellos vieron su gloria, que era la gloria de Dios resplandeciendo como una inmensa luz. Su rostro resplandeció como el sol. Otra vez se oyó la voz del Padre proclamando su deleite en su amado Hijo. Tanto la tentación como la transfiguración, fueron evidencias de la singularidad absoluta de Jesús.

7. SUS MILAGROS Y ENSEÑANZAS. Como Moisés, Elías y Eliseo en sus épocas, el Señor Jesús efectuó obras poderosas. Señaló a estas obras como base para que creyeran en El (Juan 14:11). Aunque haya milagros susceptibles de ser falsificados, se ven generalmente como un acontecimiento que está más allá de cualquier ley natural conocida. Nicodemo creía que los milagros de Jesús demostraban que El venía de Dios (Juan 3:2). Cristo realizó muchos milagros. El curó instantáneamente una gran variedad de aflicciones y dolencias (cojeras, cegueras, parálisis, lepra, etc.). Demostró su poder sobre la naturaleza (caminando sobre las aguas, calmando una tormenta). Creó materia (alimentando a los 5.000, y transformando el agua en vino). Ordenaba a los malos espíritus que dejaran los cuerpos de sus víctimas. Resucitó muertos (a Lázaro, al hijo de la viuda de Naín y a la hija de Jairo). Sus milagros fueron una manifestación de su deidad, y un cumplimiento de las Escrituras. También manifestaron su compasión hacia los sufrientes. No los realizó para granjearse la admiración de las multitudes, ni para impresionar a los curiosos. A menudo les ordenaba a las personas sanadas que no lo dijeran a nadie.

Su método de enseñanza se vio marcado por el frecuente uso de las parábolas. Estas son breves historias de hombres o de eventos naturales que ilustran verdades espirituales. Su famoso Sermón del Monte no tiene igual (Mateo 5–7). Dejó atónitos a sus oyentes (Mateo 7:28, 29). Sus poderosos discursos, especialmente los del Evangelio de Juan, van más allá de lo que jamás viniera de labios de ningún hombre, especialmente aquellos en los que se incluye la afirmación: “Yo Soy”. Ordenó a sus discípulos que guardaran fielmente sus enseñanzas, y les advirtió de que habría división dentro de los hogares y de las familias debido a ellas (Lucas 12:51–53).

8. LA OPOSICION. Todo lo que es bueno y justo está expresado en el Señor Jesús. Pero el bien es lo opuesto al mal. La Biblia muestra que la resistencia fue encabezada por un ser espiritual caído llamado “Satanás” o “el diablo” (Apocalipsis 12:9). La oposición satánica intentó causar la muerte al niño Jesús, le resistió a través de su ministerio, y finalmente encabezó el complot para eliminarle (Lucas 22:2–4). Satanás usó en formas diferentes a otros para oponerse malvadamente a Cristo.

9. SU MUERTE, RESURRECCION Y ASCENSION. Se da más espacio a los sufrimientos y a la muerte de Cristo en los cuatro Evangelios que en ninguna otra parte. Este es un tema central. Sin la muerte de Cristo no podría haber perdón, salvación ni esperanza en la vida venidera, todo lo cual constituye el núcleo de la proclamación del Evangelio. Su sacrificio fue un cumplimiento profético de Isaías 53, Salmo 22 y otras partes de las Escrituras. El Señor Jesús predijo su muerte en muchas ocasiones a sus discípulos, que se mostraron muy tardos de entendimiento (Mateo 16:21; 17:9–12, 22, 23; 20:18, 19). La atrevida predicción de que El se levantaría de entre los muertos fue oída por sus enemigos, y vino a ser la razón para que pidieran una guardia romana para ejercer vigilancia sobre su tumba (Mateo 27:63–66). Más tarde, Cristo reprendió a sus discípulos por no haber creído a las Escrituras ni a su propia palabra (Lucas 24:25–27). En vista de su muerte inminente y de su importancia para la salvación, El instituyó una cena memorial en la última noche antes de su crucifixión (Mateo 26:26–28; Marcos 14:22–24; Lucas 22:19, 20). La traición de parte de Judas fue cumplimiento de las Escrituras, incluso en la cantidad de dinero pagada (Zacarías 11:12, 13). Sus últimas oraciones y pasión en el huerto, el complot de sus enemigos, la huida de sus discípulos, y la burla de juicio a la que fue sometido, sellaron sus últimas horas.

El gobernador romano no pudo hallar en El delito alguno pero, cediendo a la presión pública, lo condenó a que llevara su cruz al monte llamado Calvario o Gólgota. Los detalles de sus sufrimientos y sus “últimas siete palabras”, se dan en unas descripciones conmovedoras. El último grito: “¡Consumado es!” (Juan 19:30), celebró la consumación de su obra salvadora. De una manera misteriosa, la maldad del hombre había sido usada en el propósito eterno de Dios para salvar a aquellos que creerían, aun cuando fue llevado a la muerte por hombres. Pero, asombrosamente, sus sufrimientos fueron sustitutivos y cumplió las Escrituras como Aquel que fue afligido por Dios (Isaías 53:4). Su muerte fue en compañía de dos ladrones y su sepultura tuvo lugar en la tumba de un hombre rico, cumpliendo también una profecía (Isaías 53:9). La guardia romana y la tumba sellada con la gran piedra no impidieron su resurrección al tercer día, tal como El les había anunciado (Mateo 28; Marcos 16; Lucas 24; Juan 20). Apareció a más de quinientos discípulos a lo largo de un período de 40 días antes de ser recibido arriba en el cielo. (1 Corintios 15:6; Hechos 1:3–9). Las manos horadadas, ofrecidas al “incrédulo Tomás”, no dejaron lugar a dudas. Cristo verdaderamente había resucitado (Juan 20:25–28).

10. SU SEGUNDA VENIDA Y SU REINO VENIDERO. Ligada a las promesas de su resurrección y retorno al cielo, estaba esta palabra: “Si me fuere… volveré otra vez” (Juan 14:3). El Señor habló a menudo de esto. Los discípulos le preguntaron: “¿Cuál será la señal de tu venida?” (Mateo 24:3). Las predicciones de la venida del Mesías en el Antiguo Testamento se encuadran en dos grupos: (1) Aquellas en las que se anunciaban sus sufrimientos y el rechazamiento del que sería objeto. (2) Aquellas en las que se anunciaba su reinado. A menudo, estos eventos distintos parecían fundirse en uno solo (Isaías 61:1, 2; Lucas 4:18–21). Esto dejó perplejos con frecuencia a los profetas (1 Pedro 1:10–12). Ahora está mucho más claro. La primera venida cumplió al pie de la letra todos los pasajes de las Escrituras que tenían que ver con el Mesías sufriente. La segunda venida cumplirá las restantes Escrituras con un cumplimiento igualmente literal, esto es, un reinado terreno de paz y de justicia (Isaías 11:6–9; 65:18–25). Los eventos de la segunda venida son como siguen: (1) Los creyentes vivos y muertos son arrebatados al cielo para encontrarse con el Señor “en el aire”. A esto se le llama comúnmente “el arrebatamiento” (1 Tesalonicenses 4:16, 17). (2) El período llamado “la Gran Tribulación” comienza a continuación sobre la tierra (Apocalipsis 7:14). (3) Luego de la Tribulación, Cristo vuelve con los creyentes, en gloria y en juicio. Esto recibe comúnmente el nombre de “la Parusía” (Apocalipsis 19:11–16). (4) La Parusía es seguida por el reinado terrenal de Cristo de 1000 años de duración (Apocalipsis 20:4–6).

El “Reino de Dios” o “Reino de Cristo” (estos términos son intercambiables) es un concepto que también ha dejado a creyentes sumidos en la perplejidad. Su reino representa el gobierno sobre su pueblo. Existe un aspecto presente en el que los creyentes se hallan ahora en el reino (Colosenses 1:13). El reino estaba presente en la persona de Cristo cuando El estaba sobre la tierra (Lucas 17:20, 21; 11:20; Mateo 12:28). Hay también el aspecto futuro, en el que esperamos un reino venidero visible (Hechos 1:6; Apocalipsis 11:15). Habrá nuevos cielos y una tierra nueva (Apocalipsis 21:1; Isaías 65:17). La tierra será llena del conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar (Habacuc 2:14). Toda rodilla se doblará ante El (Filipenses 2:10, 11).

Actualmente, El es el centro de la adoración celestial (Apocalipsis 5:8–14). En un día venidero habrá un juicio final. Todo ha sido entregado en manos del Hijo de Dios (Juan 5:22). El juzgará a los perdidos por sus pecados en el Gran Trono Blanco (Apocalipsis 20:11–15). El juzgará a los creyentes por su vida y su servicio en el Tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10; 1 Corintios 3:11–15).

Conclusión

Los escépticos ponen a menudo en tela de juicio los fundamentos de las verdades aquí expuestas. Dicen que no podemos estar seguros de que Cristo sea un carácter histórico. Sin embargo, el historiador judío Josefo y escritores romanos como Tácito, Suetonio y Plinio escribieron acerca de El. La autoridad de los originales ha sido asimismo puesta en tela de juicio. Pero no hay escrito del mundo antiguo que pueda superarlo en pruebas documentales. Son miles los manuscritos, para no mencionar los fragmentos, que están disponibles, algunos a pocos años de distancia de los originales (por ejemplo, el fragmento del Evangelio de San Juan que se conserva ahora en la Biblioteca de la Universidad de Manchester, Inglaterra). En cambio, existe un intervalo de 1000 años entre la redacción original y nuestra copia más antigua de todos los principales escritores griegos y romanos. Además, se trata sólo de un puñado de viejas copias de estas obras históricas y literarias de tanta aceptación. Pero no se pone seriamente a ninguna de estas en tela de juicio. Ninguna obra ha sido jamás examinada tan críticamente, de una forma tan intensa y tan incesante como el Nuevo Testamento. Y a pesar de ello, no ha habido ninguna obra tan exhaustivamente confirmada en numerosos detalles de investigación histórica y arqueológica. Sin embargo, la mayor razón de nuestra confianza reside y sigue residiendo en la misma Palabra de Dios. La Palabra escrita queda confirmada en sus múltiples cumplimientos proféticos. La Palabra viviente, nuestro Señor Jesús, nos impele a la fe en la magnificencia de su persona. Afuera de Cristo no hay adónde ir (Juan 6:67, 68). El es el corazón de la verdadera fe cristiana.