“Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7:29). La gente que escuchaba al Señor Jesús estaba asombrada. Escuchaban fascinados mientras él impartía palabras de poder, convicción y verdad, que no podían ser contrarrestadas con éxito por sus adversarios. Esta forma de enseñanza fue lo que distinguió la predicación de los grandes profetas antiguos. También fue evidente en Jesús, pero en una manera aún más convincente. Jesús hablaba con autoridad. ¿Cuál fue su fundamento? La Palabra de Dios (Marcos 7:13; Lucas 4:4; 8:11; 11:28). Fue la Palabra que el Señor Jesús distinguió de las palabras de los hombres (Mateo 15:3). Fue llamada “los oráculos de Dios” (Romanos 3:2). Cuando él decía: “Escrito está”, no había duda en cuanto a lo que se refería. Las Santas Escrituras o Sagradas Escrituras, estuvieron continuamente en su boca. Eran la verdad (Daniel 10:21; Juan 17:17). No había ningún error en las Escrituras; el error consistía en no conocerlas (Marcos 12:24).
Afirmaciones de la Biblia acerca de su autoridad
“Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16). La Escritura provino de Dios porque él inspiró a los hombres que la escribieron. “…los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21). Las Escrituras son reveladas “no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual” (1 Corintios 2:13). No se dice que las palabras hayan sido dictadas. No está declarada la forma en la cual Dios las inspiró. Sin embargo, toda la Escritura fue incluida y las palabras fueron del Espíritu de Dios, no el producto de la inteligencia humana. De este modo el Señor Jesús pudo referir lo que “Dios dijo” (Mateo 15:4). Ni aún el rasgo más pequeño de una letra, aduciendo así a la porción más diminuta, podría fallar (Mateo 5:18, 19). La Escritura no podía ser quebrantada (Juan 10:35). Jesús dijo que debía ser cumplida. ¿Cómo podría ser de otra manera si viene de “la boca de Dios”? (Mateo 4:4).
Los profetas fueron simplemente sus mensajeros (Mateo 11:10). Fueron hombres “a quienes vino la Palabra del Señor”. De Moisés en adelante todos repitieron estas declaraciones (Exodo 4:10–16; Deuteronomio 4:2; Jeremías 1:7–9; 9:12; Isaías 40:5; 58:14; Amós 3:8; Miqueas 4:4). Expresiones como: “y dijo Jehová”, o similares, se mencionan casi 2.600 veces en el Antiguo Testamento. Los escritores que siguieron después, reconocieron la autoridad de los anteriores y tuvieron cuidado de no contradecirlos.
El Nuevo Testamento cita repetidas veces al Antiguo Testamento como la Palabra de Dios o las Santas Escrituras (Romanos 1:2). De hecho, gran parte del Nuevo Testamento está compuesta con citas de esta fuente. Pablo habló de la misma manera acerca de sus propios escritos (1 Corintios 14:37). Pedro apoyó a Pablo mientras redactaba las Escrituras (2 Pedro 3:15, 16). Para escribir el Nuevo Testamento hubo autoridad divina (Mateo 10:19, 20; Juan 14:26; 16:12, 15). El último libro es atribuido a Dios (Apocalipsis 1:1) y concluye con una advertencia para aquél que añadiere o quitare sus palabras (Apocalipsis 22:18, 19). Cuando la Biblia habla de la Palabra de Dios como “viva y eficaz” (Hebreos 4:12), y simiente “incorruptible” la cual produce un nuevo nacimiento en el hombre (1 Pedro 1:23), está hablando de sí misma. Aquí hay un enlace de profecía y cumplimiento, de referencia y referencias conexas, de afirmación y reconocimiento con autoridad. Hay 66 libros diferentes, escritos por más de 40 hombres, en un período de 1.500 años, con una asombrosa unidad de testimonio esparcido por el mundo entero. Se trata del libro más admirable jamás dado a los hombres.
¿Cómo nos llegó la Biblia?
¿Cómo podemos estar seguros de que tenemos las verdaderas palabras que Dios reveló y no otras? ¿Tenemos los libros correctos y el texto exacto de aquellos libros tal como fueron dados por primera vez? Dios fue ciertamente capaz de preservar cualquier cosa que él dio milagrosamente. La unidad de nuestra Biblia actual da testimonio de sí misma. Desde sus comienzos, los 66 libros de nuestra norma bíblica han sido siempre aceptados por comunidades de creyentes como la autoridad divina. Cada vez que los hombres se reunían para considerar este asunto, terminaban por reconocer lo que ya había sido generalmente aprobado por los creyentes. Su valor y autoridad no fueron establecidos por el decreto de una iglesia o algún voto de los hombres, sino que ya existían. Los autores fueron líderes que gozaron de respeto y consideración. Hombres de Dios en el Antiguo Testamento, como Moisés, Josué, Samuel, David, Isaías y Jeremías o Pablo, Pedro, Juan y Mateo en el Nuevo Testamento, ya eran personajes que gozaban de total credibilidad. Los creyentes aceptaron sus escritos desde el principio, así como el Señor Jesús aceptó el Antiguo Testamento (Juan 10:31–36; Lucas 24:44) como algo que provenía con autoridad divina.
En 1546 la Iglesia Católica Romana añadió los 14 libros conocidos como Apócrifos a los libros del Antiguo Testamento reconocidos por los judíos. Esto vino en medio de la controversia de la Reforma respecto a que si era la Biblia o la Iglesia la que debía ser considerada como la última autoridad en asuntos de fe. La palabra “apócrifo” significa “de dudosa autenticidad”. Ninguno de los libros apócrifos afirma ser la Palabra de Dios. Ni el Señor Jesús, ni el Nuevo Testamento citan una sola referencia con respecto a ellos. Las versiones actuales de la Biblia, exceptuando las usadas por la Iglesia Católica, usan los mismos libros del Antiguo Testamento reconocidos por los judíos. El último libro del Antiguo Testamento fue escrito antes del año 400 a.C. y el grupo reconocido de libros, correspondiente a nuestros 39 libros, fue establecido no mucho después del 200 a.C.
El libro más antiguo del Nuevo Testamento fue escrito cerca del 45 d.C. y el último, Apocalipsis, se escribió cerca del 100 d.C. Las Epístolas de Pablo fueron coleccionadas por el año 95 d.C. Los cuatro evangelios fueron agrupados alrededor del año 150 d.C. En el año 170 d.C. aproximadamente, se estableció el Nuevo Testamento en su forma actual, salvo el paréntesis que se hizo para llegar a un acuerdo final con respecto a 2 Pedro. Otros libros se consideraron útiles pero no divinamente inspirados, por ejemplo, 1 y 2 Epístolas de Clemente, Bernabé, la Didajé. Algunos fueron rechazados, como El Evangelio de Tomás. Otros fueron sencillamente catalogados como falsificaciones, tal fue el caso de El Evangelio de Pedro. No existen “libros extraviados de la Biblia”. Hoy el Nuevo Testamento no contiene más que los 27 libros reconocidos en aquellos días.
¿Se han modificado los textos de estos libros de alguna manera sustancial desde entonces, de modo que se pueda decir que no son fidedignos? No, el Señor ha protegido su Palabra. En 1947 se descubrieron algunos manuscritos del Antiguo Testamento que datan desde el año 125 a.C. entre los documentos llamados los Rollos del Mar Muerto. Estos textos confirmaron la confiabilidad de nuestras actuales versiones. Incluso armonizaron con una versión hebrea sumamente cuidada del año 900 d.C. llamada el Texto Masorético. Este trabajo particular de reproducir los manuscritos antiguos requería que cada palabra y cada letra fueran contadas y comparadas con el original.
El Dr. Laird Harris, un especialista en la interpretación textual del Antiguo Testamento, dice: “Ni una sola parte en un millar está en verdadera duda, salvo por trivialidades, y no tenemos evidencia objetiva que nos haga pensar que hay diferencias doctrinales o asuntos sustanciales envueltos en el entero proceso de reproducción del Antiguo Testamento”.
Los especialistas del Nuevo Testamento tienen disponibles más de 4.500 manuscritos griegos (de algunos sólo una parte) del Nuevo Testamento, incluyendo fragmentos tan antiguos como los del año 130 d.C. Partes esenciales del Nuevo Testamento pudieron ser reconstruidas de las citas directas hechas por líderes de la iglesia primitiva del siglo II. Las Biblias completas en su forma original, que datan del siglo IV, están disponibles en los museos. “La autenticidad e integridad general de los libros del Nuevo Testamento pueden considerarse como definitivamente establecidas”, dijo Frederick Kenyon, antiguo director del Museo Británico.
Es evidente que multitudes de copias concuerdan en cuanto al texto correcto de la Biblia. Pero, ¿qué de los escritos originales? Es notable ver que no tenemos ninguna copia original de las obras de escritores antiguos como Platón, Cicerón o Herodoto, pero nadie pone seriamente en duda el texto de sus escritos. Los documentos de la Biblia se remiten a sus originales más exactamente que ningún otro escrito antiguo y hay muchos más de ellos. Las Guerras de las Galias de César sólo tienen 10 manuscritos antiguos, el más antiguo data de 900 años después del original, según el Dr. F. F. Bruce. Lo mismo sucede con muchos otros clásicos. Las copias del Nuevo Testamento están dentro del término de 100 años de composición en fragmentos y de 250 años en secciones sustanciales. No hay fundamento válido para el excepticismo acerca de estas copias.
Testimonios acerca de la Biblia
La Biblia es un libro de historia, no precisamente de especulaciones filosóficas. Se completa en un período de tiempo conveniente y con referencias a los imperios del mundo antiguo Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia y Roma. En sus páginas aparecen los líderes mundiales de aquellos tiempos como Nabucodonosor, Darío, Senaquerib, Ciro, Herodes y los emperadores romanos. Las ciudades, tribus, nombres de lugares, títulos y eventos ocurren de principio a fin. Las costumbres, prácticas de negocio y otros detalles de cultura están enlazados entre sí en su texto. Habría incontables oportunidades para cometer errores en cada paso, si los escritores estuvieran haciendo historias de las últimas fechas o dándonos meras leyendas o mitos, como los críticos frecuentemente tratan de probar. Repetidas veces se han atacado ciertas declaraciones de las Escrituras como errores, pero sólo para ser desmentidas por la posterior evidencia. La existencia de ciudades como Ur de los Caldeos, pueblos como los Heteos, personajes mencionados en Génesis 12–14, gobernantes como Belzasar y habilidades, por ejemplo las escrituras en el tiempo de Moisés, han sido negadas pero luego desmentidas por la evidencia subsecuente. La tendencia crítica y la oposición contra la Biblia no tienen precedentes; otros escritos antiguos no son tratados de esta manera. Sin embargo, a pesar de un examen palabra por palabra y de la investigación histórica durante siglos, tiene hoy una confirmación más firme que nunca, produciéndose al parecer con cada nuevo descubrimiento del Medio Oriente. Es más impresionante considerar la gigantesca acumulación de evidencias positivas y verdaderas, antes que la interminable discusión de cosas insignificantes y diminutas.
La arqueología bíblica es una división separada de este campo de estudio, debido a su evolución. Es asombroso el aumento de material confirmatorio durante los últimos 100 años, el cual no estaba disponible en el pasado. Los hombres más notables en esta especialidad, incluyendo aquellos que no profesan ser creyentes comprometidos, han publicado en sus libros evidencias detalladas, confirmando las declaraciones bíblicas. Uno de los principales investigadores judíos, Nelson Glueck, ha escrito: “Ningún descubrimiento arqueológico jamás ha negado una referencia bíblica”. El más grande erudito del mundo occidental en este campo, el Dr. W. F. Albright, de la Universidad de Johns-Hopkings, ha escrito: “No hay duda que la arqueología ha confirmado la historicidad substancial de la tradición del Antiguo Testamento”. Podrían agregarse otros nombres y cantidades inmensas de pruebas como refuerzo.
Profecía en la Biblia
La profecía es una predicción, en forma de declaración inspirada, con respecto al futuro. Puede ser verdadera o falsa. Puede provenir de un hombre de Dios o de un impostor. La Escritura misma se constituye en la más absoluta prueba de verificación: “Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado” (Deuteronomio 18:22). En otras palabras, cualquier cosa que se cumpla menos del ciento por ciento no puede provenir del Dios de verdad quien todo lo sabe, incluso el futuro. Por medio del método de Dios podemos comprobar si alguien habla en su nombre y proclama su palabra. Esta área es una de las evidencias más grandiosas del poder de Dios sobre la Biblia. Se han hecho esfuerzos para destruir este argumento con profecías recientes o con otros artificios. Sin embargo, muchas personas se vuelven a la fe por medio de la evidencia.
Unas cuantas indicaciones sencillas demuestran en qué se diferencia la profecía de la Biblia de las imitaciones paganas o de aquellas predicciones de espiritistas modernos, astrólogos o adivinos.
La verdadera profecía debe ser:
1. MAS ALLA DEL CONOCIMIENTO O INFLUENCIA HUMANA. Los medios naturales no podrían dar resultado. Un ejemplo entre muchos sería Daniel 9:24–26. El cumplimiento empezó en el año 444 a.C. con el decreto del rey Artajerjes de reconstruir la ciudad de Jerusalén. Se culminó con la muerte de Jesús el Mesías 483 años más tarde.
2. UNA PREDICCION ESPECIFICA Y DETALLADA para excluir probabilidades en términos de diferencias matemáticas. La serie de gobernantes que figura en Daniel 11:1–35 y sus biografías armoniza muy bien con la historia posterior durante los siglos II y III a.C. Los críticos insisten que fue escrita después de los acontecimientos. La destrucción de Tiro por Alejandro El Grande cumplió con exactitud la profecía de Ezequiel 26:12.
3. NO AMBIGUA, con no más de una interpretación. La predicción de que el Mesías nacería en Belén de Judea es exacta (Miqueas 5:2) así como la traición de Judas que entregó al Señor por 30 piezas de plata (Zacarías 11:12).
4. DE EXACTO CUMPLIMIENTO, como en la destrucción de Jerusalén (Mateo 24:1, 2) cuando en el templo no quedó una piedra sobre otra.
El área más firme y evidente de la profecía cumplida está en las predicciones acerca del Mesías en el Antiguo Testamento, cumplidas en Jesús de Nazaret. Isaías 53 y Salmos 22 son dos de los cientos de pasajes que denotan predicciones señalando a Jesús de modo infalible. La historia nacional de los judíos, llegando a su actual condición como una nación reestablecida en medio de vecinos hostiles, es otro vívido ejemplo. Hay muchos otros cumplimientos para los cuales las explicaciones naturalistas no son satisfactorias.
Dificultades en la Biblia
La Biblia nos dice que “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura” (1 Corintios 2:14). “La mente carnal es enemistad contra Dios” (Romanos 8:7). El hombre no rechaza la Biblia por haberla investigado cuidadosamente, con buen deseo de someterse al Dios Salvador allí revelado, y luego ha sido intelectualmente incapaz de aceptar la evidencia. ¡No! Antes bien, su prejuicio y espíritu rebelde le han conducido a estudiar lo que propagan los incrédulos o aceptar las declaraciones erróneas de los mal informados.
Cualquier mente razonable admitiría que hay dificultades en la Biblia. Sin embargo, nuestras mentes están corrompidas por el pecado y las presiones seculares. Tenemos poco conocimiento de la antigua historia y sus costumbres. Nunca hubiéramos podido estudiar seriamente las Escrituras sin ser estorbados por la crítica prejuiciosa. Es una maravilla que alguna vez lleguemos a leer y creer completamente en sus páginas. Si no fuera por la gracia y misericordia de Dios no lo haríamos. Mantenga en mente los siguientes factores antes de permitir que una objeción le impida creer en la Palabra de Dios.
1. PREGUNTAS HISTORICAS se han hecho repetidas veces, para luego ser aclaradas por la posterior evidencia. Lisanias es nombrado como gobernador en los tiempos de Juan el Bautista (Lucas 3:1). El único Lisanias conocido reinó 60 años antes. Los críticos decían que era un error de la Biblia hasta que se comprobó que el último Lisanias había gobernado en los tiempos de Juan.
2. LAS DECLARACIONES DE LA BIBLIA PUEDEN PARECER CONTRADICTORIAS. Las inscripciones sobre la cruz de Jesús se recuerdan en los cuatro evangelios de una manera diferente. Cada escritor enfatizó lo que era más importante para su propio objetivo. ¿Eran dos o sólo un ciego los que estaban fuera de una ciudad cuando Jesús les sanaba? Obviamente él encontró y sanó ciegos varias veces y en diferentes ocasiones.
3. ERRORES EN LA INTERPRETACION se cometen a menudo. Jesús dijo que “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Mateo 24:34). El no se refería a los que vivían en aquel entonces. Se refería al linaje o descendencia de los judíos. “A Dios nadie le vio jamás” (Juan 1:18) no contradice a Génesis 32:30. Esta declaración se refiere a la esencia de Dios, no a ciertas formas de manifestaciones.
4. LOS DISTINTOS ASPECTOS DE CIERTA DOCTRINA O PALABRA son intrigantes. Dios se mueve en el corazón de los hombres según su propia voluntad. Sin embargo el hombre es responsable delante de Dios y tiene que hacer una elección sincera. Ambos aspectos son ciertos. Dios no tienta al hombre para hacer el mal (Santiago 1:13). El prueba la fe del hombre (Génesis 22:1).
5. EVENTOS MILAGROSOS QUE PARECEN FUERA DE LO NORMAL. ¿Podría un hombre vivir por días en el vientre de un gran pez? (Jonás 1:17) Los marinos han tenido tal experiencia por períodos más cortos aún en el siglo pasado. Pero un Dios que creó el universo no lo encontraría difícil, ni aun el levantar a los muertos, lo cual hizo Jesús, al igual que los apóstoles.
6. EL DESCONOCIMIENTO DE LOS HECHOS O ANTECEDENTES crea también conflictos. Muchas veces, las preguntas son respondidas cuando tenemos más información. Las demostraciones que podemos entender son más grandes que los asuntos que no entendemos.
Vidas sometidas a la autoridad de la Biblia
Las religiones paganas frecuentemente dejan a sus seguidores en un estado degradante. Se pueden observar los efectos del hinduismo en la India, el animismo en Africa y Asia y la brujería en muchos lugares. El efecto de la Biblia en la vida de aquellos que con integridad viven de acuerdo a sus preceptos morales se hace patente en la historia de naciones o tribus y en la vida de las personas. He ahí un mensaje espiritual que libera a las personas de la esclavitud de las drogas, del crimen, de la inmoralidad y las prácticas salvajes. ¿Qué persona no llevaría una mejor vida si practicara los Diez Mandamientos o viviera de acuerdo a las enseñanzas de Jesús? Y aparte de esto, la Biblia tiene un mensaje acerca del camino de salvación eterna por medio de la fe en Jesucristo y su obra consumada en la cruz. Además, responde las grandes preguntas que no pueden ser contestadas por la filosofía, la psicología y la ciencia: ¿De dónde vine? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué debo hacer con mi vida? ¿Cómo puedo tener vida eterna? ¿Quién es Dios y cómo puedo conocerle?
La fuente de autoridad de la Biblia es el Dios que ha dado su Palabra. El centro de aquella autoridad es el Señor Jesucristo a quien el Padre le ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18). La autoridad moral de la Biblia controlará mi vida efectivamente cuando esté bajo la dirección del Señor Jesús. Demostramos que creemos verdaderamente en la Biblia cuando nos sometemos a Dios, a su Palabra y a Cristo.
